El 12 de Enero de 1976
Ágatha Christie se dejaba abrazar por la muerte, ésa otra gran dama con la que
la autora tanto jugueteó en vida. Se marchó dejando un legado inabarcable:
novelas, relatos y obras de teatro que han sido adaptados de mil y una maneras
distintas. Dejó, para muchos, un bálsamo lector, un refugio al que acudir
cuando una crisis lectora clava las uñas y aprieta fuerte. Para otros tantos,
las historias de Ágatha fueron un tránsito, una porción del camino que va de la
niñez a la madurez. Hasta hace no demasiados años, la novela juvenil apenas
existía. Pero estaban Poirot y Miss Marple para ayudarnos a vadear el terreno
pantanoso de la adolescencia. En mi caso, las novelas de la Christie han sido
ambas cosas: bálsamo, tránsito y por qué no decirlo, también pura diversión. Por
eso, cuando Teresa y Pedro propusieron este homenaje, no pude más que sumarme a
su iniciativa.
Hace años que leí todos
los títulos emblemáticos de Ágatha Christie. “Diez negritos”, “Asesinato en el
Orient Express”, “Cinco cerditos” o “Un cadáver en la biblioteca” me
descubrieron el que es ahora mi género favorito, la novela negra. Así que pensé
que quizá debía aprovechar la ocasión para leer algo distinto, y terminé
decantándome por “Testigo de cargo”, una compilación de nueve relatos entre los
que se incluyen algunos muy conocidos.
Quizá sea el que da
título a este volumen el más popular de todos. “Testigo de cargo” es un
fabuloso juego de identidades y vueltas de tuerca que Ágatha Christie convirtió
en obra de teatro. Más tarde fue Billy Wilder quien dirigió la adaptación para
pantalla grande que protagonizaron Marlene Dietrich y Tyrone Power. Pero no por
ser menos célebres dejan de resultar sorprendentes otros relatos como “La señal
roja” o “El jarrón azul”.
Lo realmente destacable,
a mi modo de ver, es la capacidad de Ágatha Christie para jugar con el lector,
despistarle y sorprenderle, aún en estos tiempos que corren, cuando parece que
ya estamos de vuelta de todo. Su prosa sencilla acentúa aún más la facilidad de
la autora para entrar en la historia que nos va a contar, consiguiendo captar
la atención del que lee con apenas unas líneas.



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