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jueves, 12 de marzo de 2015

"Sueño ligero", por Jessica Treadway.

“Sueño ligero” es una extraña novela, complicada de clasificar, que se vende como un thriller pero que carece, curiosamente, de todos ésos adjetivos que solemos endosarle al género. La novela de Jessica Treadway no es trepidante, no es adictiva, no tiene un ritmo frenético. Por no tener, ni siquiera tiene un asesino en serie, ni un detective protagonista (el bueno del inspector Thornburgh apenas se deja ver al principio y al final, porque pasaba por allí). Sí que tiene una atmósfera densa, a ratos agobiante. Sí que resulta rítmica, sin llegar a perder el paso en ningún momento. Su cualidad más destacable es, probablemente, la tensión psicológica a la que está sometida Hanna Schutt, su personaje principal, y que acaba contagiándose al lector.

Porque a Hanna Schutt le ha ocurrido una verdadera putada, una faena de las gordas. Alguien entró a su casa una noche, mientras Joe y ella dormían, y les apaleó con un mazo de cróquet. Su marido murió pero ella tuvo la mala suerte de sobrevivir. Ahora, después de varias operaciones y con serias dificultades cognitivas, Hanna intenta retomar el acto de vivir. Lo peor es que la cosa no se queda aquí. Lo peor es que a Hanna no recuerda qué ocurrió aquella noche, pero sí sabe, porque figura en los informes policiales, que ella misma le dijo al inspector Thornburgh que los responsables de lo ocurrido eran su hija pequeña, Dawn, y el novio de ésta.

Jessica Treadway ambienta su historia, con mucho tino, en el terreno de lo cotidiano, dentro de la intimidad de una familia. A través de los recuerdos de Hanna asistimos a la evolución de su hija pequeña, una niña acosada en el colegio. Entra en juego aquí, con un importante protagonismo, el tema del bullying, obligándonos a reflexionar acerca de cómo puede influir ése malestar cotidiano en la maleable mente de un niño o si ése maltrato puede ser causante o justificación para lo que pueda ocurrir en el futuro. Como Hanna, el lector arrastra la duda de si Dawn participó realmente en la agresión a sus padres pero, a un tiempo, es imposible no sentir lástima por ella. La autora juega con los flashbacks y dosifica correctamente la acción, imprimiendo a su desarrollo un tono sosegado pero constante. Consigue también una ambientación densa, plomiza, gracias al limitado uso de los personajes (apenas aparecen unos pocos desligados de la familia) y de los espacios, ya que la mayoría de escenas tienen lugar dentro de la casa de los Schutt.

Junto a Hanna, seremos conducidos a un desenlace sin trampas, lógico y consecuente con lo que hemos leído a lo largo de sus más de trescientas páginas, sin intentos burdos de darle la vuelta a la historia o sorprender al lector con un golpe de efecto. “Sueño ligero” es una novela que fluye con naturalidad y que atrapa al lector sin necesidad de fuegos artificiales, con un planteamiento interesante y un correcto desarrollo que consigue el objetivo de inquietar al lector desde distintos ángulos, desde los miedos más básicos hasta ciertos dilemas morales de los que te obligan a pararte a pensar qué harías tú.