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miércoles, 15 de octubre de 2014

"Un mundo peor", por Claudio Cerdán.

 Conocí a Roberto Cusac cuando más le necesitaba. El azar quiso que nos encontrásemos gracias al sorteo que Ángela organizó en su blog, Polvo de libros. Llegó a casa en una tarde de ésas en las que reina la apatía y la desgana. Yo andaba buscando una novela negra distinta, y él estaba metido en un buen lío. Me cayó bien desde el principio. Intuí ya en su fachada, ésa fantástica portada de Editorial Versátil, una enorme tristeza, una soledad inmensa. Y no me equivoqué.

Roberto es un buen tipo. Aunque le pegue demasiado a la botella y haya días que termine bebiéndose hasta el agua de los floreros. Aunque los que fueron sus compañeros en la policía ya no quieran ni verlo. Aunque algunos días se lo coma el asco, la resaca y la pena. Es un buen tío. Por eso me cayó bien. Su perfil no está demasiado lejos del típico detective de novela negra, atormentado y alcohólico. Pero Roberto tiene una buena excusa. Su hijo Jaime pertenece a ése grupo de niños que se desvanecen un día y no vuelven a aparecer. Niños que no están muertos, ni vivos. Que habitan una especie de limbo al que se trasladan también sus familias, y del que no se vuelve.

Roberto lo perdió todo el día que Jaime desapareció. Después de su hijo, se fue al traste su matrimonio y detrás, su trabajo. Incapaz de afrontar la pena, tira para adelante a golpe de copas y analgésicos, haciendo trabajos como detective de medio pelo. Hasta que un día, su ex mujer vuelve a él para pedirle que se haga cargo de otra desaparición. Y con ella volverán los fantasmas, los miedos y quizá, las esperanzas.

Una novela negra en la que la trama es sólo la excusa y el caldo de cultivo para la creación de un fantástico personaje, teñido de una inmensa tristeza. Y aunque en la prosa de su autor, Claudio Cerdán, se deja caer algún recurso manido, alguna frase trillada, hay en líneas generales una intensa belleza y un marcado respeto por el lector. Un estilo no demasiado habitual en el género, que suele tirar más de una escritura más ligera y desenfadada. En este caso, la atmósfera viene creada desde el mismo vocabulario y estilo del autor. La sensación de pérdida, ése vacío, impregna todo el conjunto.

He disfrutado mucho con “Un mundo peor”. Una inesperada y sorprendente lectura. No será desde luego mi última aproximación a este autor, y espero que no sea mi último encuentro con Roberto Cusac.