Mostrando entradas con la etiqueta Geling Yan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Geling Yan. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de septiembre de 2015

"Las flores de la guerra", por Geling Yan.

Hay hechos que la historia misma parece querer olvidar, que apenas aparecen en los libros, de los que casi no se habla porque destrozan nuestro concepto del ser humano y nos muestran hasta dónde puede llegar la brutalidad intencionada contra nuestros semejantes. Hechos que el tiempo se traga. Yo nunca había oído hablar de la masacre de Nanjing. Por si a vosotros os ha ocurrido lo mismo, os pongo en antecedentes. En 1937, el ejército japonés sitió la ciudad de Nanjing. Durante meses, sus habitantes vieron como su ciudad era bombardeada, quemada y asfixiada. En Diciembre, las tropas entraron y comenzó una masacre que acabó con la vida de miles de civiles. Los soldados japoneses tenían especial predilección por las mujeres, que fueron vejadas, torturadas y violadas de forma sistemática. Aquellas que tenían la desgracia de sobrevivir eran enviadas a las llamadas casas de confort, en las que trabajaban como esclavas sexuales hasta su muerte.

Una historia tan dura exige ser contada con el talante que lo hace Geling Yan en “Las flores de la guerra”.  Porque a pesar de ello, los horrores de la guerra se cuentan como el que mira de reojo, a través de pequeños fragmentos de recuerdos, entre tragos de vino y humo de cigarro, a través de la fragilidad de la niñez o de los ojos de un extranjero.

Durante toda la narración, apenas salimos de la pequeña parroquia de Santa María Magdalena, la iglesia del padre Engelmann, en la que han quedado atrapadas trece estudiantes. Al iniciarse la invasión, un pequeño grupo de prostitutas llegará allí buscando refugio. El choque es brutal, como os podréis imaginar. Pero cuando afuera silban las balas, quizá las diferencias  más evidentes no sean tan importantes. Sacerdotes, niñas y prostitutas inician una convivencia condicionada por el miedo y sus diferencias, sin apenas comida ni agua, en la que todos resultan ser igualmente vulnerables.

Gaeling Yan construye una novela coral, poblada de personajes que traza con intensidad y mucho tino a través de sus recuerdos y actitudes. Destacan la figura del padre Engelmann, párroco y hombre al frente de tan dispar rebaño; Fabio, hombre de Dios y extranjero en todas partes; Zhao Yumo, una prostituta de alto copete que un día también fue una niña bien.  Todos ellos me han conmovido, de una forma u otra. Algunos hasta las lágrimas. Mucha culpa la tiene también la narración de la autora china, que no se vale de florituras ni dramatismos, sino que dibuja el panorama con lucidez y precisión, con una pasmosa sencillez y una elegantísima naturalidad.

“Las flores de la guerra” es una novela para sentirla, para leerla con la pausa que requiere y dejarse envolver por una historia que, a pesar de su crudeza, sabe ser también hermosa. Una de ésas historias que te arrebata la fe en el ser humano para luego devolvértela.