La sombra de “Los juegos del hambre” es alargada. Desde
entonces, las novelas juveniles ambientadas en un futuro post apocalíptico,
distopías y similares son una constante. Hay tantas y tan parecidas que es
imposible, a veces, distinguir unas de otras. De todas ellas, solo la trilogía
“Divergente” ha conseguido un éxito notable, a pesar de estar bastante lejos en
cuanto a calidad de la obra de Suzanne Collins.
“Los 100” es otro
intento más, fallido en este caso, de emular a La chica en llamas y compañía. Y
aunque pueda parecerlo, su principal inspiración no está en “Los juegos del
hambre”, sino en una serie… perdón, La Serie, que lo puso todo patas arriba y
cambió el modo de ver y hacer televisión: Lost. Apuesto a que la autora de “Los
100”, Kass Morgan, pasó muchas horas viendo, leyendo y teorizando sobre la
serie de J.J. Abrams.
La novela parte de una premisa que podría haber sido
interesante. Los supervivientes de un holocausto nuclear que destruyó el
planeta Tierra viven ahora en el espacio, en una nave creada para proteger a la
raza humana hasta que llegue el momento de regresar. Dentro de un rígido
sistema de normas y castigos destinados a evitar la superpoblación, el gobierno
decide enviar a un grupo de jóvenes convictos de vuelta a la Tierra para
comprobar si es habitable e iniciar la colonización.
Digo que podría haber sido interesante porque el primer fallo,
y uno de los gordos, es una ambientación errónea, mal parida y mal contada. En
ningún momento he sabido dibujar en mi mente esa nave en forma de ¿ciudad? Las
normas que rigen la nueva sociedad están dadas con brocha gorda, pinceladas
gruesas que no ayudan a crear un sistema creíble o sólido. La vida en Walden,
Fénix y Arcadia hace aguas por todas partes.
La cosa no mejora cuando los cien jóvenes llegan a la
tierra. Al más puro estilo Lost, cada capítulo está centrado en uno de los
personajes, incluyendo siempre flashbacks intercalados en la trama principal
que, sin demasiado acierto, tratan de enlazarse. La intención, como ocurría en
la serie, es que el presente de cada personaje esté íntimamente relacionado con
cada recuerdo. Pero las situaciones resultan forzadas y mal atadas.
No sólo en su estructuración recuerda la novela de Kass
Morgan a la serie de J.J. Abrams. También la ambientación resulta más que
parecida. Una isla desierta, un bosque, los restos del accidente, hogueras y
alguna situación que no desvelaré pero que los que siguieron la serie, sin
duda, sabrán encontrar sin despeinarse.
Incluso en su desarrollo, la autora se queda con lo peor de
Lost, aquel insufrible triángulo amoroso, y se empeña una y otra vez en mover a
sus personajes en esa dirección, sin que haya motivaciones claras o coherentes
para que cada cual haga lo que hace.
Ni siquiera hay un cierre en condiciones, ya que “Los 100” forma
parte de una saga. No os lo podéis creer, ¿verdad? ¿Una saga? ¿En los tiempos
que corren? Pues sí.
No sólo eso. También ha dado lugar a una serie de televisión. No he tenido oportunidad de ver el piloto, pero leo por ahí que está "a la altura" del libro. Poco se podía hacer.
