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miércoles, 24 de mayo de 2017

"La amaba", por Anna Gavalda.


Pierre, un rico industrial de sesenta y cinco años, invita a Chloé, su joven nuera, a pasar un fin de semana en la casa de campo familiar. Ella acepta, llevada por la necesidad de cambiar de aires ante el reciente abandono de su marido. La amaba está magistralmente tejida en torno al diálogo que ambos mantienen en un momento crucial de sus vidas. Él, siempre arrogante e introvertido, bajará la guardia por primera y última vez para revelarle un secreto, lo que vivió... o tal vez lo que nunca vivió. La amaba es una novela alegre y triste a la vez, un fragmento de vida, una punzante historia de amor contada con la eficacia y la capacidad de observación que caracterizan a esta deslumbrante figura de las letras francesas. A través de un diálogo conmovedor, Anna Gavalda nos habla de nuestras vidas, nuestras dudas, nuestras renuncias, y también de nuestras esperanzas, nuestra ironía y nuestra ternura.


Descubrí a Anna Gavalda, como muchos, con “Juntos nada más”, quizá su novela más conocida y más “apta” para todos los públicos. Me gustó tanto que me propuse ahondar más en la literatura de la autora francesa, buscar ese algo más, ese pasito más allá, que sabía que sus letras podrían darme. Pedí una recomendación y me llegó de buena mano. “La amaba”, una novela mucho más íntima, mucho más densa en lo emocional. Que no se parece en nada a aquella historia que me la descubrió. Qué suerte la mía.

Reconozco que la premisa me pareció incómoda, casi la calificaría de poco creíble. Porque difícilmente me viene a la mente intimidad más extraña que la de un suegro y una nuera. Y sin embargo, también se lo parece a Chloé, que al fin y al cabo, ya no sabe qué creer de nada. Quizá por eso se deja conducir a esa casa de campo, porque está noqueada, abatida. Con dos niñas a su cargo y quebrada por una ruptura que no vio venir. O que no quiso ver, poco importa ya. La vida, tal como la entendía, se ha ido al garete, y Chloé es incapaz de recomponerse.

Narrada en su mayor parte como un diálogo entre Pierre y Chloé, Gavalda se revuelca en sentimientos tan universales, tan conocidos, que es imposible no quedarse atrapado en esa extraña intimidad que surge entre ambos. Por primera vez, el hombre arrogante y descreído que ha sido Pierre se resquebraja ante la espectadora más inesperada. Como si la ruptura de su hijo y su nuera fuese también, en parte, aquella que él no fue capaz de acometer.

“La amaba” es una de ésas historias que uno no se atreve a recomendar. Que sólo os animaría a leer en unos de ésos momentos de asfixia, cuando se necesita parar a respirar. Si podéis, debéis asistir a este diálogo tal cual lo hace Chloé, junto a la chimenea, con una copa de vino en la mano, respirando la soledad necesaria para dejarse llevar.
                                                                                                                                        


miércoles, 8 de febrero de 2017

"Juntos, nada más", por Anna Gavalda.

Nosotros cuatro, aquí, ahora, en este Clío destartalado, liberados, juntos, y que venga lo que tenga que venir…

Qué difícil se me hace hablar de las historias que me alcanzan así, a traición. De esa forma tan inesperada que a veces te arrebatan los libros la vida que tienes fuera de ellos. Esos días en los que caminas con la cabeza en otra parte, en los que te encuentras frunciendo el ceño y sonriendo sin motivo, ajena a lo que ocurre a tu alrededor, buscando un resquicio de calma para abrir una novela y evadirte. Evadirte de verdad, marcharte lejos, no entender nada de lo que ocurre a tu alrededor. Así han sido mis días con ellos, con Camille, con Paulette, con Franck y Philipert. “Juntos nada más” se llama la historia que ha regalado un montón de instantes de absoluta felicidad. Y Anna Gavalda su autora, a la que tanto hice esperar en mi estantería…

Camille dibujaría si tuviera fuerzas para hacerlo. Malvive en una buhardilla y limpia oficinas de noche. Un día, cuando ya está al borde del abismo, es rescatada por su vecino, Philibert, un caballero venido de unos siglos atrás, educado, tartamudo y vendedor de postales, compañero de piso de un cocinero malhablado, Franck Lestatier, que a su vez, vive encabronado porque la única persona que le ha querido en la vida se apaga en un asilo sin que él pueda hacer más por ella, por su abuela Paulette.

Y eso es todo. No ocurre mucho más a lo largo de las más de quinientas páginas que conforman esta novela. Ni falta que le hace. Porque sus personajes, con sus vivencias, llenan el espacio que necesita el lector y hacen que uno quiere quedarse con ellos por siempre. Anna Gavalda construye unos personajes reales, sazonados de una tristeza inmensa de la que aprenden a desprenderse juntos. Y así, Camille empieza de nuevo a dibujar, y Franck cocina en casa para que a esa niña frágil le engorden las muñecas y las piernas, y Philibert va encajando las sílabas y perdiendo el miedo, y Paulette aprende y enseña acerca de la resignación.

Sonrieron a sus reflejos en el espejo y ese medio segundo duró más que un medio segundo normal.

Para conseguir eso, se necesita escribir muy bien. Y así lo hace Gavalda en esta historia, cuánto lamento el tiempo que la tuve en la estantería, sin acercarme siquiera a mirarla. Aún no me explico cómo no presentí la ligereza, la belleza que se escondía en sus páginas. La francesa no necesita alardes literarios, no presume de nada. Escribe, del mismo modo que Camille dibuja, con sencillez, aferrada a lo mínimo, a lo más básico. Sin adornos ni exquisiteces, con delicadeza, con ternura, captando instantes que van de lo cotidiano a lo excepcional, retratándolos con exactitud. La francesa insufla vida a sus personajes a través de los diálogos, buscando la voz propia con la que ha de expresarse cada uno de ellos y logrando unos diálogos que suenan espontáneos y reales.

Como veis, ha sido una lectura de la que he disfrutado muchísimo y a la que no he encontrado nada que objetar. Ahora me toca seguir leyendo a la francesa, aunque me da un poco de respeto leer por ahí que esta es su mejor novela y que quizá las otras no vayan a gustarme tanto. ¿Me recomendáis algún otro título suyo?