Pierre, un rico industrial de sesenta y cinco años, invita a Chloé, su joven nuera, a pasar un fin de semana en la casa de campo familiar. Ella acepta, llevada por la necesidad de cambiar de aires ante el reciente abandono de su marido. La amaba está magistralmente tejida en torno al diálogo que ambos mantienen en un momento crucial de sus vidas. Él, siempre arrogante e introvertido, bajará la guardia por primera y última vez para revelarle un secreto, lo que vivió... o tal vez lo que nunca vivió. La amaba es una novela alegre y triste a la vez, un fragmento de vida, una punzante historia de amor contada con la eficacia y la capacidad de observación que caracterizan a esta deslumbrante figura de las letras francesas. A través de un diálogo conmovedor, Anna Gavalda nos habla de nuestras vidas, nuestras dudas, nuestras renuncias, y también de nuestras esperanzas, nuestra ironía y nuestra ternura.
Descubrí a Anna
Gavalda, como muchos, con “Juntos nada más”, quizá su novela más conocida y más
“apta” para todos los públicos. Me gustó tanto que me propuse ahondar más en la
literatura de la autora francesa, buscar ese algo más, ese pasito más allá, que
sabía que sus letras podrían darme. Pedí una recomendación y me llegó de buena
mano. “La amaba”, una novela mucho más íntima, mucho más densa en lo emocional.
Que no se parece en nada a aquella historia que me la descubrió. Qué suerte la
mía.
Reconozco que
la premisa me pareció incómoda, casi la calificaría de poco creíble. Porque
difícilmente me viene a la mente intimidad más extraña que la de un suegro y
una nuera. Y sin embargo, también se lo parece a Chloé, que al fin y al cabo,
ya no sabe qué creer de nada. Quizá por eso se deja conducir a esa casa de
campo, porque está noqueada, abatida. Con dos niñas a su cargo y quebrada por
una ruptura que no vio venir. O que no quiso ver, poco importa ya. La vida, tal
como la entendía, se ha ido al garete, y Chloé es incapaz de recomponerse.
Narrada en su
mayor parte como un diálogo entre Pierre y Chloé, Gavalda se revuelca en
sentimientos tan universales, tan conocidos, que es imposible no quedarse
atrapado en esa extraña intimidad que surge entre ambos. Por primera vez, el
hombre arrogante y descreído que ha sido Pierre se resquebraja ante la
espectadora más inesperada. Como si la ruptura de su hijo y su nuera fuese
también, en parte, aquella que él no fue capaz de acometer.
“La amaba” es
una de ésas historias que uno no se atreve a recomendar. Que sólo os animaría a
leer en unos de ésos momentos de asfixia, cuando se necesita parar a respirar.
Si podéis, debéis asistir a este diálogo tal cual lo hace Chloé, junto a la
chimenea, con una copa de vino en la mano, respirando la soledad necesaria para
dejarse llevar.

