Ahí estaba yo. Domingo por la tarde. Un calor de mil
demonios. Acababa de terminar el libro que tenía entre manos y el lunes
empezaba una lectura conjunta. Me tentó la idea de hacer trampa y empezar antes
de tiempo, pero ése pequeño poso de bondad que aún queda en mí me animó a echar
un vistazo a la tienda virtual y buscar algo breve que leer. Ahí me topé con un
título así de sugerente. Las mariposas aletean tres veces al atardecer. 49
páginas. Cuando me di cuenta, y casi sin haber leído la sinopsis, mi dedo ya
estaba clicando en Comprar.
El encargado de mantenimiento Horace Smith despierta en una sala
a oscuras. No recuerda quién es, dónde está, ni cómo ha llegado hasta ahí. Un
comienzo que me recordó instantáneamente a ése famoso juego en línea llamado
Crimson Room, una aventura gráfica en la que el jugador se encuentra en una
habitación desconocida, sin saber cómo ni por qué ha llegado hasta ahí, y en la
que tendrá que recopilar y usar distintos objetos para lograr salir.
A pesar de mi primera impresión, los derroteros no van exactamente
por ahí y nuestro Horace Smith se encontrará inmerso en un mundo onírico,
poblado de simbolismos que habrá de interpretar para dar sentido a lo que le
está ocurriendo. Como en un inacabable día de la marmota, o como en aquel
fabuloso capítulo de Expediente X, Monday, en el que Mulder amanece una y otra
vez en una cama que pierde agua, Horace volverá a despertar una y otra vez en
el mismo lugar. Serán los detalles cambiantes, los distintos desarrollos de
cada ensoñación los que nos conducirán a la revelación final, que he de decir,
me ha parecido muy bien resuelta: efectiva y original a un tiempo.
Con una narración armada de frases cortas, dotando al relato de agilidad, pero valiéndose a la vez de una prosa muy cuidada y elegante, Raúl Frías muestra un estilo peculiar, propio y un tanto eléctrico. Un tono que casa perfectamente con la historia que nos está contando.
Con una narración armada de frases cortas, dotando al relato de agilidad, pero valiéndose a la vez de una prosa muy cuidada y elegante, Raúl Frías muestra un estilo peculiar, propio y un tanto eléctrico. Un tono que casa perfectamente con la historia que nos está contando.
