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miércoles, 16 de marzo de 2016

"Caja negra", por Francisco Narla.

Después de varias semanas sumida en una sucesión malsana de libros empezados y no terminados, de lecturas agarradas con pocas ganas y abandonadas con una frustración tremenda, que no eres tú libro, que soy yo la que no está, la que no se centra, la que no se motiva… Ante semejante absurdo, no queda más que la impulsividad. Me puse frente a la pobre estantería, abarrotada de novelas con el brazo en alto, esperando ser leídas. Y cayó entre mis manos “Caja negra”, de Francisco Narla.

Estoy segura de que si no la habéis leído, al menos habéis oído hablar de ella. Cómo no hacerlo, dada la estratagema urdida por la editorial para venderla, aprovechando la conocida catástrofe aérea de Germanwings. Alguien, perdóneme Dios si me equivoco, leyó la novela muy por encima, dando lugar en su cerebro a un cortocircuito neuronal que decidió que era bueno aprovechar aquello para publicitar la novela de Narla. No voy a entrar a valorar nada en el terreno de la moral, allá cada cual, que la mía suele ser relajada y liviana. Pero en el terreno literario y de márketing, mucho me temo que el número de lectores que se acercó a la novela atraído por esa acción publicitaria debe ser directamente proporcional al de que aquellos que huyeron despavoridos. Y no hay motivo ni para una cosa ni para la otra, porque el problema, a resumidas cuentas, es que la novela se asemeja a lo que uno espera encontrar en ella como un huevo a una castaña.

Poco o nada sabe de aviones el bueno de Sinesio Amorós, que allá por los años setenta, se empeña, con su radio al hombro, en captar sonidos del otro mundo en lugares siniestros. En su periplo se encontrará con dos voces que pretenden transmitirle un mensaje. Desde los celtas hasta las archiconocidas caras de Bélmez, Narla nos invita a un recorrido, de la mano del entrañable Amorós, por algunos de los casos más emblemáticos de la historia de la parapsicología. En la otra línea temporal conocemos a Thomas Rye, un psicópata que bien podría haber escrito Brett Easton Ellis para que formara parte de su “American Psycho”. Thomas es piloto de una línea aérea de bajo coste, y tras su apariencia pulcra y atractiva, se esconde todo un depredador.

Como siempre, habrá una línea temporal que despierte más el interés del lector que la otra. En mi caso, mientras que el camino de Rye se me antojaba algo predecible y repetitivo, me encariñé rápidamente con ese torpe de Amorós. Aún así, el ritmo de la novela resulta algo irregular en ocasiones aunque uno llega a perder el interés, gracias a los capítulos más bien cortos y a la alternancia de ambas líneas temporales. Me ha gustado especialmente la forma en que el autor hilvana y entreteje varias historias, de cara al final, para dotar de un sentido global a la trama que nos ha presentado.


“Caja negra” es una novela recomendable para los amantes del thriller de tono pausado, alejado de giros vertiginosos, con una sugerente ambientación y la inclusión de varios hechos reales que dotan a la novela de empaque, aderezando con gracia los caminos de Amorós y Rye. Una buena historia, bien contada, cuya portada y demás adornos no deben despistar a ningún lector que quiera sumergirse en ella.