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jueves, 23 de marzo de 2017

"El último akelarre", por Ibon Martín.

Bilbao se prepara para una noche festiva cuando un macabro asesinato atrae todas las miradas hacia la imponente chimenea del parque de Etxebarria. Un joven estudiante de la Universidad de Deusto pende envuelto en llamas de su vieja estructura de ladrillo. La elección del momento y el lugar apunta a un crimen ritual.

La escritura Leire Altuna y la ertzaina Ane Cestero dirigirán una investigación en la que se enfrentarán a grupos neonazis, sectas destructoras y demoledoras intrigas familiares.

Siempre es un placer reencontrarse con autores y personajes que nos han regalado buenas historias, y en mi caso, Ibon Martín es uno de ésos valores fijos. Después de “El faro del silencio” y “La fábrica de las sombras”, el autor vasco nos lleva de nuevo al norte y nos sumerge en una novela negra que, a mi parecer, es aún mejor que las anteriores. Os cuento por qué.

En “El último akelarre” nos encontraremos con dos líneas temporales, una ubicada en la actualidad y protagonizada por nuestra intrépida y sagaz escritora, Leire Altuna; y otra ambientada en los inicios del siglo XVII, con El Santo Oficio haciendo de las suyas en España. Aunque esta segunda línea temporal ocupa mucho menos espacio en el grueso de la novela, creo que casi todos los que hemos participado de esta lectura conjunta hemos coincidido en lo mucho que nos ha gustado. Tanto María, el personaje principal, como la narración de esa persecución atroz que muchos inocentes sufrieron a manos de la Santa Inquisición, dotan a la novela de un mayor dinamismo y, en mi caso, interés. Y es que el tema de las brujas me seduce, para qué negarlo. Quizá sea esa una de las razones que ha hecho que esta novela me haya parecido mucho mejor que sus predecesoras. Pero ya os adelante que no es la única.

Otro de los aciertos de “El último akelarre” es su fabulosa ambientación que, aunque es un aspecto que ya destacaba en las anteriores entregas, aquí me ha parecido redonda. De la mano de Leire y María, recorremos la costa vasca, desde el Nervión hasta los últimos caseríos de la frontera con Francia, con estancia en la encantadora y misteriosa Zugarramurdi. Martín se explaya en la descripción de colores, olores, sabores incluso, dotando a sus escenarios de un inmenso protagonismo, y haciendo que el lector se sienta parte de ese lugar. Se percibe en general una madurez en el estilo narrativo del autor, que maneja cada vez mejor los tiempos y la información.

En cuanto a los personajes, tengo que confesar que el de la ertzaina Ane Cestero nunca ha sido de mis favoritos. Por eso, creo que la novela se beneficia de su pérdida de protagonismo. Y es que nuestra intrépida Leire no necesita ya de ningún salvoconducto que excuse su presencia allá donde haya un crimen. La Jessica Fletcher de la costa vasca tiene un imán para detectar posibles escenarios, y huele la sangre a distancia, aunque luego no resulta tan avezada a la hora de dar con el criminal en cuestión. No le demos más vueltas. Creo también que es bueno para el desarrollo de la novela que su situación familiar pase a segundo plano y se centre más en la investigación, como ocurre “El último akelarre”.

Cabe destacar también la intensa labor de documentación que ha llevado a cabo el autor en lo referente a la persecución que sufrieron los vecinos de los valles del Baztan y Bidasoa por parte de los inquisidores. Incluso se conservan en la historia los nombres originales de los miembros del Santo Oficio o algunas de las acusaciones que se recogían en la época con la intención de añadir veracidad a una historia que, al menos a mí, me ha puesto la piel de gallina en más de una ocasión.

No puedo dejar de recomendaros a este autor y esta novela en particular, que podéis leer con total tranquilidad incluso si no conocéis las anteriores. Una novela que aúna intriga y un poquito de ficción histórica, aderezada por una magnífica ambientación y una trama compleja y muy bien hilvanada que gustará sin duda a los que frecuentan el género pero también a aquellos que no son devotos de la novela negra y que buscan, simplemente, una buena historia.

miércoles, 11 de mayo de 2016

"La fábrica de las sombras", por Ibon Martín.

Llegué a “La fábrica de las sombras” después de haber leído, muy poquitos días antes, “El faro del silencio”. Disfruté mucho de la primera novela protagonizada por la escritora Leire Altuna, así que me apetecía repetir. Por otro lado, jugaba en mi contra el hecho de que me pudiera saturar al tratarse de dos novelas muy similares en su estructura y desarrollo, algo que no suelo hacer habitualmente.

En los arcos de la Real Fábrica de Armas de Orbaizeta, aparece colgando el cadáver de Saoia Goinetxe, la joven historiadora al frente de la rehabilitación del lugar para convertirlo en un lugar de atractivo turístico. Lo que al principio parecía un suicido, pronto se revela como un asesinato en el que cualquiera de los habitantes del lugar pueden estar implicados. Ane Cestero, la agente de la ertainzta que ya conocimos en el caso del Sacamantecas, pedirá ayuda a Leire para esclarecer el crimen.

En esta ocasión, Ibon Martín nos traslada a Navarra, a la población de Orbaizeta. Tal como hiciera con Pasaia en su anterior novela, la ambientación vuelve a ser lo más destacable. El autor juega con sonidos, olores y descripciones muy logradas que consiguen transportarte a esa gélida, turbadora, Real Fábrica de Armas de Orbaizeta y alrededores. De igual modo, consigue dotar a la pequeña población donde se desarrolla la trama de una atmósfera tremendamente opresiva, más propia del terror gótico que del género negro que frecuentamos habitualmente. Un lugar pequeño, aislado, donde todos esconden traumas y secretos familiares que nadie quiere sacar a la luz. Acierta también el autor al añadir referencias a los seres mitológicos de la tierra navarra, muchos de los cuales ya nos resultan familiares a los que leímos la Trilogía del Baztán. Me ha gustado toparme de nuevo con el basajuan o las lamias, su presencia redondea la recreación de los bosques y la selva de Irati, dotándola de una agradable dosis de realismo mágico.

La novela se lee con agrado gracias al buen ritmo que el autor imprime a su narración, con una buena dosificación de la acción, revelando lo necesario y manteniendo la intriga a través de las dos líneas temporales que se van alternando. Sí que es cierto que en la parte central hubo algún capítulo que me resultó algo tedioso y algún evento demasiado previsible, pero la sensación final es positiva. Me ha parecido también muy acertada la forma de resolver la historia, a excepción de algún momento final de película que solemos encontrar siempre de cara al desenlace  y que creo que no es siempre necesario.

Ibon Martín vuelve a dejarme buenas sensaciones. El autor repite con la fórmula que tan bien funcionaba en “El faro del silencio”: trama compleja, armada en dos líneas temporales; amplísima galería de personajes que se prestan a sospechar de ellos; una ambientación logradísima y al frente, Leire Altuna y Ane Cestero, dos chicas listas de las que, sospecho, volveremos a saber pronto.



miércoles, 13 de abril de 2016

"El faro del silencio", por Ibon Martín.

Siempre he sido una enamorada del norte. Supongo que por aquello de que uno siempre ansía lo que no tiene. La cuestión es que todo lo que tenga que ver con aquellas tierras, desde su gastronomía a sus paisajes, me seducen sin remedio. Por eso, cuando empecé a leer las primeras reseñas de “El faro del silencio”, de Ibon Martín, supe que era una novela que me encantaría. Y así ha sido.

Porque la indiscutible y absoluta protagonista de “El faro del silencio” no es Leire Antuna, la escritora al frente de la trama, sino la bellísima población de Pasaia. Es imposible no sucumbir ante la descripción que Martín hace del lugar, de sus olores, de sus rincones, de sus gentes. El autor no se limita a lo estético, a lo superficial, sino que ahonda en el carácter mismo del lugar y sus habitantes, sus tabernas, sus tiendas y su costa. No te lo cuenta, te sumerge, te lleva. Tanto que me he hecho el firme propósito de visitar Pasaia y alrededores en cuanto pueda escaparme. Nada más que añadir al respecto.

El segundo puntal de la novela está en su bien orquestada trama y el buen ritmo al que ésta se desarrolla. Ibon Martín dosifica la información con buen pulso y mantiene la incertidumbre hasta el final, moviendo las intrigas de un personaje a otro, descolocando al lector, que va poniendo los ojos en uno y otro, cambiando de sospechoso como quien cambia de calcetines. Llegado el final, uno clama para sí aquello de “ya lo imaginaba…”. Pero lo admites, todos eran candidatos a ser el malo de la película.

También acierta el autor imprimiendo carácter a sus personajes. A la cabeza una aceptable protagonista, Leire Antuna, con carácter pero sin excesos (que nos plantan cada heroína últimamente en la novela negra que ríete tú de Wonder Woman) y un amplio y afinado elenco de secundarios, con distintas personalidad, oficios y misterios, que conforman una galería jugosa y con carácter.

Como veis, he disfrutado de mi primer encuentro con Ibon Martín, y como la suerte está de mi parte, pronto repetiré con él, ya que en unos días comenzaremos con la lectura conjunta de su novela “La fábrica de las sombras”, que comparte protagonista con esta que hoy os traigo y que espero, me vuelva a dejar tan buenas sensaciones.