Connor vive con su madre enferma. Y una noche, pasadas las doce, el tejo del jardín, ése árbol gigantesco, se convierte en un monstruo y le visita. Le promete tres historias. Después, será él quien habrá de contarle una cuarta.
Con ésa premisa tan sencilla y amparada bajo el parapeto de novela juvenil, la obra de Patrick Ness juega a la simpleza, y pretende, aparenta, ser algo que no es. Porque si uno tiene la sensibilidad suficiente para leer más allá de su prosa ligera y desenfadada, se encontrará con una metáfora absolutamente conmovedora, hermosísima, sobre la soledad y el miedo, sobre la crueldad residente en la infancia y adolescencia, sobre lo estúpidos que somos a veces los adultos.
Las ilustraciones en blanco y negro de Jim Kay aportan al texto una fuerza increíble, por lo que si consideráis haceros con la novela, os recomiendo la versión de la editorial DeBolsillo, que aunque tiene una portada más oscura, y quizá menos atractiva a primera vista, contiene estas ilustraciones que no aparecen en la reedición de Nube de tinta. Yo, que soy un alma débil, he terminado comprando las dos...
Leedla, leedla, leedla. De hecho, ya se está haciendo la película. Y aunque yo confío ciegamente en las prodigiosas manos de Juan Antonio Bayona, será difícil plasmar en la gran pantalla toda la belleza que hay en las páginas de Patrick Ness. Y cuando hayáis visto la película, os dará pereza leer el libro. Y entonces os habréis perdido una magnífica historia. ;)


