La escasez de medios
agudiza el ingenio. Así que como el presupuesto no me da para comprar todos los
libros que quisiera leer, aplico una técnica que aprendí de una cadena de
televisión privada y que siempre da muy buen resultado: ante un gran estreno, recurrir
a versiones anteriores u otras obras del mismo autor pero más baratas. Fácil y
efectivo. Así pues, como a todos os dio por leer la nueva novela de Mikel
Santiago, “El mal camino”, y encima os pusisteis de acuerdo para hablar
maravillas de ella, decidí darle una oportunidad a “Noche de almas”, un
compendio de relatos del autor vasco que se puede descargar de forma gratuita
para kindle.
Vaya acierto, qué grata
sorpresa. Y no lo tenía del todo claro porque “La última noche en Tremore
Beach”, a pesar de sus bondades, de su elegante atmósfera y prosa, no consiguió
cautivarme por completo. Pero es que “Noche de almas” ya nos previene de lo
bueno que vamos a encontrar en los escritos de Mikel Santiago y encima,
remienda los defectos que yo encontré en su novela debut. En todos y cada uno
de los relatos que componen esta “Noche de almas” encontraréis ambientaciones
distintas, desde el desierto a la alta montaña, esbozadas con increíble
sencillez pero dotadas de intensidad y consistencia. Santiago se perfila como
un magnífico constructor de ambientes, no importa que el lugar sea una casa
aislada en el desierto o una fiesta en el centro de una capital abarrotada. Lo
importa es lo que se respira en cada uno de ésos lugares: la culpa, la soledad,
el miedo a la pérdida. Disfrazados de relato de terror, escondidos bajo
elementos clásicos del género, pero fácilmente identificables.
“Noche de almas” es el
relato más extenso y el que da título a este volumen, una historia de terror de
corte clásico con una pareja, Daniel y Pía, que se extravían en una ruta por el
desierto de Petaril y que llegarán al límite de sus fuerzas a Villa Augusta, la
mansión aislada en la que habitan la señora Elena Duarte y su criado Manuel.
Una historia de fantasmas en la que confluyen el miedo a la soledad, el peso de
los remordimientos y el sentimiento de
culpa.
Un sentimiento que
protagoniza, de nuevo, “Escorpio” y “La sombra”, dos relatos hilados con menos
precisión pero con empaque y efectividad suficientes. En ambos vuelven a
aparecer la culpa y la pérdida vestidas de cuento de terror, de ruidos en la
noche y sombras que se mueven en fotografías antiguas.
Cierran el volumen “Una
entre un millón” y “La razón de Dios”, dos relatos menos clásicos, muy sólidos,
en los que Santiago se las apaña para dotar de cuerpo a sus personajes con
apenas unas líneas, en un interesante ejercicio de condensación y ambientación.

