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martes, 16 de junio de 2015

"Noche de almas", por Mikel Santiago.

La escasez de medios agudiza el ingenio. Así que como el presupuesto no me da para comprar todos los libros que quisiera leer, aplico una técnica que aprendí de una cadena de televisión privada y que siempre da muy buen resultado: ante un gran estreno, recurrir a versiones anteriores u otras obras del mismo autor pero más baratas. Fácil y efectivo. Así pues, como a todos os dio por leer la nueva novela de Mikel Santiago, “El mal camino”, y encima os pusisteis de acuerdo para hablar maravillas de ella, decidí darle una oportunidad a “Noche de almas”, un compendio de relatos del autor vasco que se puede descargar de forma gratuita para kindle.

Vaya acierto, qué grata sorpresa. Y no lo tenía del todo claro porque “La última noche en Tremore Beach”, a pesar de sus bondades, de su elegante atmósfera y prosa, no consiguió cautivarme por completo. Pero es que “Noche de almas” ya nos previene de lo bueno que vamos a encontrar en los escritos de Mikel Santiago y encima, remienda los defectos que yo encontré en su novela debut. En todos y cada uno de los relatos que componen esta “Noche de almas” encontraréis ambientaciones distintas, desde el desierto a la alta montaña, esbozadas con increíble sencillez pero dotadas de intensidad y consistencia. Santiago se perfila como un magnífico constructor de ambientes, no importa que el lugar sea una casa aislada en el desierto o una fiesta en el centro de una capital abarrotada. Lo importa es lo que se respira en cada uno de ésos lugares: la culpa, la soledad, el miedo a la pérdida. Disfrazados de relato de terror, escondidos bajo elementos clásicos del género, pero fácilmente identificables.

“Noche de almas” es el relato más extenso y el que da título a este volumen, una historia de terror de corte clásico con una pareja, Daniel y Pía, que se extravían en una ruta por el desierto de Petaril y que llegarán al límite de sus fuerzas a Villa Augusta, la mansión aislada en la que habitan la señora Elena Duarte y su criado Manuel. Una historia de fantasmas en la que confluyen el miedo a la soledad, el peso de los remordimientos  y el sentimiento de culpa.

Un sentimiento que protagoniza, de nuevo, “Escorpio” y “La sombra”, dos relatos hilados con menos precisión pero con empaque y efectividad suficientes. En ambos vuelven a aparecer la culpa y la pérdida vestidas de cuento de terror, de ruidos en la noche y sombras que se mueven en fotografías antiguas.

Cierran el volumen “Una entre un millón” y “La razón de Dios”, dos relatos menos clásicos, muy sólidos, en los que Santiago se las apaña para dotar de cuerpo a sus personajes con apenas unas líneas, en un interesante ejercicio de condensación y ambientación.

Sería un enorme acierto que alguien se animara a editar y corregir esta “Noche de almas”, ya que sí es fácil encontrar erratas, repeticiones y algún error ortográfico y sintáctico (que no es lo mismo encender una higuera que una hoguera, por ejemplo) que entorpecen una lectura  que vale realmente la pena, independientemente de si sois o no asiduos al género de terror.

martes, 18 de noviembre de 2014

"La última noche en Tremore Beach", por Mikel Santiago.



El bloqueo creativo es uno de los miedos, imagino, más presentes entre escritores, compositores y demás inventores de arte y entretenimiento. Cuando tu talento te da de comer no puedes permitirte el lujo de dejar de usarlo. Stephen King es uno de los autores que más ha hablado de ésas crisis creativas, dándoles protagonismo en muchas de sus historias. Quizá la más célebre sea “El resplandor”, aunque es en “Un saco de huesos” donde más presente está ése bloqueo.  Dos títulos cuyas bondades hereda esta última noche en Tremore Beach, especialmente en lo que se refiere a la ambientación: tormentas, agua y hermosos lugares aislados.

Mikel Santiago construye una novela a la americana, aunque la sitúe en la verde y esotérica Irlanda, creando lo que en términos cinéfilos sería un blockbuster de manual. Una novela en la que lo importante no es la forma ni el fondo, sino la acción y el devenir de la propia trama. Una trama bastante bien urdida de la que debéis saber lo menos posible, con un ritmo que, personalmente, no llegaría a calificar de trepidante, pero que sí se mantiene constante y ágil, incitando a seguir leyendo “sólo un poco más”.

Hay que reconocerle a “La última noche en Tremore Beach” su mérito como novela debut. La prosa de Mikel Santiago es solvente, la trama funciona (especialmente, a mi parecer, la parte onírica de la historia) y el final es coherente y acertado, aunque algo descafeinado.  Pero todo esto, repito, teniendo en mente que se trata de una primera novela.

Y es que había leído ya varias veces, no sabría decir si como estrategia promocional, como parte de alguna reseña, o en ambos lugares, que esta novela bien podría haberla escrito Stephen King o Dean Koontz. Oiga, pues no. Al menos yo no lo he sentido así. Quizá dentro de unos años ocurra, porque se apuntan buenas maneras, pero a “La última noche en Tremore Beach” le han sobrado, en mi caso, expectativas, y le ha faltado un poquito, sólo un poquito, de ritmo y tensión. También he echado en falta algo más de profundidad en los personajes que pululan alrededor de Ben Harper. Quizá por estar narrada por el protagonista, en primera persona, se nos permite profundizar plenamente en su psicología, pero nos aleja irremediablemente del resto de personajes, que quedan algo desdibujados.

A resumidas cuentas, “La última noche en Tremore Beach” ha resultado ser una de ésas novelas entretenidas, una novela para descansar, de fácil lectura, muy cinematográfica y con una ambientación bastante peculiar que es, para mi gusto, el punto fuerte de la historia.