El apocalipsis ha sido
siempre una excelente excusa para hablar de la naturaleza humana y de las
relaciones que establecemos entre nosotros. Una forma, tan útil como otra, de
tratar temas tan manidos y universales como el amor, la amistad y la pérdida
desde una óptica que permite llevar todos ésos conceptos al extremo. Juan de
Dios Garduño se atreve con una versión clásica e íntima de las novelas de
zombis y homenajea al maestro del terror con su “Y pese a todo…”, ahora
rebautizada como “Extinction”, título bajo el cual verá la luz en pantalla
grande el próximo 14 de agosto.
En un mundo devastado
tras la Tercera Guerra Mundial, en la pequeña ciudad de Bangor, en el estado de
Maine, Patrick Sthendall sobrevive a duras penas junto a Doggy, un husky
suberiano que, como su dueño, empieza a mostrar alarmantes signos de
alcoholismo. Al otro lado de la calle, Peter Stoublosky y la pequeña Ketty
tratan, con sus rudimentarios medios, de salir adelante. Son los únicos
supervivientes de la guerra biológica que ha arrasado al resto de seres vivos.
Una novela de zombis
tiene que ser, ante todo, una historia muy centrada en sus personajes. Unos
seres que han de construirse con mimo, que necesitan cierto empaque, un buen
pasado y un presente muy jodido, que obliguen al lector a empatizar con ellos.
Y eso es precisamente lo que hace Juan de Dios Garduño en su novela.
Presentarnos a dos hombres que son posibles y reales en cualquier contexto, que
a veces son unos miserables y otras veces son héroes, que a veces necesitan un
trago o un puñetazo en la pared para poder continuar. Peter y Patrick tienen un
pasado, una amistad que fue grandiosa, y un presente enmarcado en un panorama
desolador: un Bangor vacío y helado en el que los dos tienen que convivir a la
fuerza con el otro, reconvertido ahora en enemigo.
Esa ambientación, gélida
y desoladora, es otra de las bondades de la novela. Bangor se imagina blanca,
silenciosa, terriblemente aislada. Bangor es también la ciudad en la que vive un
tal Stephen King, un nombre que os será familiar a muchos. Apostaría a que
Garduño también ha leído alguna que otra novela de este señor, que por cierto,
estoy segura disfrutaría mucho de esta historia que bien podría haber escrito
él.
Entiendo que muchos de
vosotros diréis que las novelas de zombis y apocalipsis no son para vosotros.
Pero os invito a dejaros llevar un poco, venga, olvidad por un ratito los
prejuicios y los principios y leed las primeras páginas. Si no os gusta,
soltadla. Pero si os pica la curiosidad, seguid leyendo. Los monstruos, las
sombras, los zombis, como os decía, han sido siempre meras excusas para contar otras cosas. En
“Y pese a todo” os vais a topar con un ritmo sosegado, un clima íntimo y
desolador y una interesante reflexión sobre el mapa político actual que da
bastante más miedo que los seres que pululan por las calles de Bangor.
