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miércoles, 20 de abril de 2016

"Todos iremos al paraíso", por José Ángel Mañas.

Me topé por primera vez con José Ángel Mañas en plena efervescencia adolescente, cuando somos más vulnerables y tenemos ésa tendencia a vivirlo todo con intensidad. Supongo que eso tuvo mucho que ver en que me impactase tanto “Historias del Kronen”. Yo acababa de llegar a la ciudad, estaba sola y todo se me antojaba enorme y caótico. En la novela de Mañas me encontré con una visión del mundo que no conocía, yo era una niña de pueblo con todas las letras, con todo lo que eso conlleva, así que si la habéis leído, os podéis imaginar el impacto que causó en mí. Nunca me volví a cruzar con el autor madrileño hasta hace unas semanas, cuando vi su nombre entre las novedades de la editorial Stella Maris. Y decidí que era un buen momento para reencontrarnos.

“Todos iremos al paraíso” es la historia de Paz. Mujer de relativo éxito, trabajadora, madre, esposa. Tan común, tan anodina como ésas miles de mujeres con las que nos cruzamos cada día sin reparar en ellas. Paz puedes ser tú, o yo. Y sin embargo, un día cualquiera, el primero de las vacaciones, a Paz le ocurre algo que nos podría pasar a cualquiera. Uno de ésos accidentes tontos. Y luego una decisión desafortunada. Y a partir de ahí, lo cotidiano se torna en una debacle absoluta.

No os quiero contar nada más, esta es una de ésas historias que hay que leer sabiendo lo menos posible. Podría deciros de ella que es absorbente, que no te deja respirar, que es uno de ésos page-turner de manual que te obligan a permanecer en casa, con el pijama puesto y el pelo revuelto, con las persianas bajadas para ahuyentar a los posibles visitantes. Pero todo eso, aunque es cierto, no es lo más destacable de la novela de Mañas.

“Todos iremos al paraíso” es, sobre todo, perturbadora, inquietante. Y lo es porque ahonda en lo cotidiano, porque te muestra lo fácil que es que la vida se tuerza y que todo lo que has conseguido con tiempo y esfuerzo se vaya al garete. Que es posible, incluso sencillo, que una decisión mal tomada te convierta en algo que nunca quisiste ser. Que te puede pasar a ti. Es inevitable ponerse constantemente en el lugar de Paz. Pensar qué habrías hecho tú, cómo habría sido tu camino de haberte visto en la misma encrucijada.

Mañas construye un fantástico personaje principal, se ceba con él y nos presenta a una mujer compleja, errática, vulnerable, llena de aristas y dobleces. A Paz cuesta comprenderla, a veces sus decisiones resultan inverosímiles, como si eligiese a conciencia la opción más difícil. Pero la trama funciona a la perfección y culmina, a mi parecer, con un final redondo y en mi caso, inesperado por completo.

Os animo, sin duda, a que os acerquéis a la nueva novela de José Ángel Mañas, especialmente si sois amantes del género negro y de los personajes turbadores y complicados que van mucho más allá de los clásicos roles del bueno y el malo de la historia. Podéis leer el primer capítulo aquí pero cuidado, que engancha. ;)

martes, 13 de octubre de 2015

"Croatoan", por José Carlos Somoza.

Todos tenemos nuestros amantes literarios. Algunos varios, ya se sabe que los lectores somos seres promiscuos y dados a la infidelidad en lo que a los libros y autores se refieren. Nos apasionamos y olvidamos con pasmosa rapidez y el que todo lo vendió este mes será sustituido el que viene por otro que vendrá y nos encandilará. Todos tenemos nuestros amores clásicos, de siempre, con los que uno va sobre seguro. Nuestros amores de invierno o de verano, que vuelven cada año. Y luego están aquellos que son como amantes: intermitentes y esporádicos, que consiguen matarte de pasión un día y que siempre que vuelven, te obligan a correr a sus brazos. A pesar de algún mal encuentro, a pesar de las decepciones ocasionales, siempre queda por encima lo memorable, los grandes instantes.

Así ha sido a lo largo de los años lo mío con Somoza, un autor con el que tuve un agradable primer encuentro (“Zigzag”) y al que me enganché con la fabulosa “Clara y la penumbra”. Con él pasé miedo de verdad (“La dama número trece”) e incluso homenajeamos a algún clásico (“La llave del abismo”). Con los años vinieron los desencuentros (“Tetrammeron”) y los fiascos (“La cuarta señal”). Pero aún así, cuando él me llama, no puedo decir que no. Desde la editorial Stella Maris me ofrecieron la lectura de “Croatoan”, lo nuevo de Somoza, así que a ellos les debo la reconciliación.

En 1950, los habitantes del poblado americano de Roanoke desaparecieron sin dejar rastro. En un árbol de la entrada del pueblo se encontró grabada una única palabra: “Croatoan”. La misma palabra que aparece un buen día en el email de Carmela Garcés, etóloga y alumna estrella del maestro Carlos Mandel, que se suicidó dos años atrás. Mientras, en las calles de las grandes ciudades del mundo, los seres humanos se rebelan, los animales se mueven en masa. El mundo parece estar volviéndose definitivamente loco.

“La silueta oblicua de las Torres Kio se enmarca en las ventanillas como rascacielos a punto de desplomarse. Una arquitectura torcida propia de una ciudad que se derrumba. Laredo limpia el vaho de la ventanilla y contempla algo más lejos las erguidas sombras de las otras cuatro altísimas torres financieras, tan ridículas en esa ciudad derrotada”

En “Croatoan”, Somoza vuelve a retomar las buenas costumbres, aquellos aspectos que me gustaron cuando le descubrí hace años: la acertadísima mezcla de géneros. Aquí arma un thriller que, aunque coquetea sin complejos con la ciencia ficción, contiene un poso de realidad y crítica social que te mantiene con los pies en el suelo. “Croatoan” podría ser, perfectamente, el apocalipsis según Charles Darwin.

Sus personajes funcionan dentro de lo esperado, y ocurre como en más de una ocasión en sus novelas, que sus secundarios terminan eclipsando a sus héroes. Pero yo diría que Somoza lo hace adrede, que ya nos vamos conociendo.

¿Os gustaría “Croatoan”? Sí si disfrutáis de los thrillers clásicos y no os asusta un poquito de ciencia ficción. No la recomendaría, en ningún caso, para estómagos sensibles y enemigos de los escenarios apocalípticos. La disfrutaréis si ya conocéis al autor y habéis tenido vuestros buenos momentos con él. Si no le habéis leído nunca, os animo a hacerlo pero eligiendo otro título, especialmente la imprescindible “Clara y la penumbra”.

jueves, 13 de agosto de 2015

"Extinction. Y pese a todo...", por Juan de Dios Garduño.


El apocalipsis ha sido siempre una excelente excusa para hablar de la naturaleza humana y de las relaciones que establecemos entre nosotros. Una forma, tan útil como otra, de tratar temas tan manidos y universales como el amor, la amistad y la pérdida desde una óptica que permite llevar todos ésos conceptos al extremo. Juan de Dios Garduño se atreve con una versión clásica e íntima de las novelas de zombis y homenajea al maestro del terror con su “Y pese a todo…”, ahora rebautizada como “Extinction”, título bajo el cual verá la luz en pantalla grande el próximo 14 de agosto.

En un mundo devastado tras la Tercera Guerra Mundial, en la pequeña ciudad de Bangor, en el estado de Maine, Patrick Sthendall sobrevive a duras penas junto a Doggy, un husky suberiano que, como su dueño, empieza a mostrar alarmantes signos de alcoholismo. Al otro lado de la calle, Peter Stoublosky y la pequeña Ketty tratan, con sus rudimentarios medios, de salir adelante. Son los únicos supervivientes de la guerra biológica que ha arrasado al resto de seres vivos.

Una novela de zombis tiene que ser, ante todo, una historia muy centrada en sus personajes. Unos seres que han de construirse con mimo, que necesitan cierto empaque, un buen pasado y un presente muy jodido, que obliguen al lector a empatizar con ellos. Y eso es precisamente lo que hace Juan de Dios Garduño en su novela. Presentarnos a dos hombres que son posibles y reales en cualquier contexto, que a veces son unos miserables y otras veces son héroes, que a veces necesitan un trago o un puñetazo en la pared para poder continuar. Peter y Patrick tienen un pasado, una amistad que fue grandiosa, y un presente enmarcado en un panorama desolador: un Bangor vacío y helado en el que los dos tienen que convivir a la fuerza con el otro, reconvertido ahora en enemigo.

Esa ambientación, gélida y desoladora, es otra de las bondades de la novela. Bangor se imagina blanca, silenciosa, terriblemente aislada. Bangor es también la ciudad en la que vive un tal Stephen King, un nombre que os será familiar a muchos. Apostaría a que Garduño también ha leído alguna que otra novela de este señor, que por cierto, estoy segura disfrutaría mucho de esta historia que bien podría haber escrito él.

Entiendo que muchos de vosotros diréis que las novelas de zombis y apocalipsis no son para vosotros. Pero os invito a dejaros llevar un poco, venga, olvidad por un ratito los prejuicios y los principios y leed las primeras páginas. Si no os gusta, soltadla. Pero si os pica la curiosidad, seguid leyendo. Los monstruos, las sombras, los zombis, como os decía, han sido siempre meras excusas para contar otras cosas. En “Y pese a todo” os vais a topar con un ritmo sosegado, un clima íntimo y desolador y una interesante reflexión sobre el mapa político actual que da bastante más miedo que los seres que pululan por las calles de Bangor.

Me gustaría cerrar mi reseña agradeciendo a la editorial Stella Maris el envío del ejemplar para reseñar, que venía acompañado además por el guión de la película “Extinction”, dirigida por Miguel Ángel Vivas y rodada en inglés, que se estrena mañana 14 de agosto. Espero que la versión cinematográfica sepa respetar el tono de la novela y no se deje arrastrar por la acción y las vísceras. Podéis curiosear un poquito más sobre la peli aquí.