Amélie Nothomb ha sido
durante mucho tiempo una de ésas autoras que a uno se le enquistan. Su aire
provocador y que despierte sentimientos tan dispares entre los lectores que se
aproximan a ella alentaba mi curiosidad, pero por otro lado, uno siempre tiene
el temor de si sabrá estar a la altura del escrito al que se enfrenta. En este
caso, la partida ha quedado en tablas. En “Diario de Golondrina” he encontrado
elementos que me han entusiasmado y otros pocos que no lo han hecho tanto.
Se atreve Nothomb a
meterse en la piel de un hombre sin corazón. Alguien que ha decidido, espoleado
por un fracaso amoroso del que poco sabemos, apagar de motu proprio el
interruptor de las emociones. Hasta que descubre que puede reencontrar el
placer en la sangre ajena. Y la muerte se convierte en su oficio y su único
alivio.
Me ha gustado mucho el
estilo de Nothomb. Su prosa resulta sencilla en la forma y áspera y compleja en
el fondo, formada en párrafos de aparente simplicidad, asequibles, pero que
esconden distintas interpretaciones y que involucran emocionalmente al lector
que quiera dejarse ir. Las poquitas páginas de “Diario de Golondrina” pueden
leerse de una tacada, pero no se pueden asimilar ni digerir así, porque sería
quedarse en lo obvio.
No me ha llenado tanto,
sin embargo, la historia en sí. Nothomb no consigue que me crea a su
protagonista, a pesar de la narración en primera persona. Sin embargo, tengo la
sensación de que tampoco lo pretende. La narración a saltos, el giro que se
produce tras el encuentro con Golondrina y el clímax final me han resultado
inverosímiles y forzados, con un deje poético, demasiado rosa me atrevería a
decir, que no casa ni con el estilo de la autora ni con la historia que hasta
ese momento nos ha estado contando.
Aún así, me deja con
ganas de seguir probando con Amélie Nothomb. Tengo curiosidad por ver qué tal
funciona su estilo contando otro tipo de historia. ¿Me dejáis alguna
recomendación?
