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jueves, 12 de enero de 2017

"La caricia de Tánatos", por María José Moreno.

“La caricia de Tánatos” es, como ya sabéis, el primer volumen de la Trilogía del Mal de María José Moreno. Una historia de la que se ha hablado mucho en la blogosfera en los últimos tiempos y casi siempre muy bien. De hecho, no ha sido raro verla entre vuestras listas de mejores lecturas del pasado año. Así que me armé de valor, porque hay que hacerlo para adentrarse en una saga en estos tiempos que corren, y traté de frenar mis expectativas, que suelen jugarme alguna que otra mala pasada. Y lo cierto es que no ha sido una lectura fácil…

Supongo que mi error de base fue olvidar que estamos ante una primera novela, y que eso tiene que notarse. Me costó Dios y ayuda entrar en la historia, lo reconozco. El lenguaje de la autora, aunque correctísimo, se me antojaba poco natural en boca de sus personajes, con diálogos muy largos, faltos de dinamismo y realidad. La relación de Miguel y Mercedes, que se cuaja en las primeras páginas de la novela, se me antojó algo precipitada y no me los terminaba de creer, ni juntos ni por separado. Creo que no terminaba de ver adonde se dirigía la historia.

La introducción del antagonista y de Marina, con su carácter débil y manipulable, le otorgaron un plus a la trama, y ahí sí, comenzó a despertar mi interés. Tanto que una vez me planté en la mitad de las páginas, me las acabé bebiendo con ganas. Me gustó, sobre todo, lo que María José Moreno aporta desde su ángulo de psiquiatra: su visión de cada paciente, los distintos enfoques y metodologías, cómo dibuja el rol de Marina y nos habla a través de ella del maltrato psicológico y sus consecuencias.

Poco a poco también me fueron ganando sus personajes y sus realidades, sus dificultades para gestionar la culpa, la vergüenza, los remordimientos, la pérdida… Mercedes, Miguel, Marina, todos ellos representan distintas realidades, distintos miedos que habitan en cualquiera de nosotros. Me parecieron sumamente reales y bien elaborados, por lo que me interesa seguir su progresión en las dos novelas que conforman la trilogía.

Merece también una mención la ambientación en la ciudad de Córdoba, lugar de residencia de la autora, que sin tener un excesivo protagonismo, sí se dibuja como una urbe inquieta y viva, que no se deja asfixiar por el calor que la castiga.

Me ocurre a menudo que estas historias, en las que cuesta un poquito entrar, son aquellas que mejores sensaciones me acaban dejando. Así me ha ocurrido con “La caricia de Tánatos”, cuya continuación ya tengo entre manos.