¿Habéis estado alguna vez
en París? Yo no. Quizá por eso conservo en mi mente una imagen de postal de la
capital francesa. En mi imaginación, París es una enorme urbe que orbita en
torno a la Torre Eiffel, plagada de calles que huelen a café y a pan recién
hecho, poblada de hombres y mujeres elegantes y de suaves ademanes. La novela
que de la que hoy os hablo, “Me encontrarás en el fin del mundo”, dibuja
también esa estampa de la ciudad del amor. Por eso ha sido un poco como estar
allí…
Jean Luc es un galerista
parisino, obviamente guapo y exitoso, que un día recibe una carta, metida en un
sobre azul, que resulta ser una apasionada declaración de amor de una
desconocida. Unas líneas que intrigarán a nuestro protagonista, que caerá sin
remedio en el juego que le propone la dama sin nombre. Con este punto de
partida, algo trillado y cursi, para qué lo vamos a negar, se inicia una trama
sencilla, algo previsible pero bien narrada y agradable de leer.
El estilo de Nicolas Barreau
es tremendamente sencillo, su prosa algo almibarada, pero amigos ¡esto es
París! Aderezada con un suave humor blanco y alguna simpática referencia
literaria, “Me encontrarás en el fin del mundo” es el equivalente a ése bombón
de chocolate que te comes a escondidas después de cenar: carece de nutrientes, dura
un suspiro, pero te endulza la vida. Quizá
el uso ocasional de expresiones en el idioma original seguidas de su traducción
al castellano puede crear una sensación extraña en el lector, como si los
personajes repitieran sus frases sin sentido, pero imagino que es un recurso
para recordarnos, otra vez, donde estamos.
La ambientación parisina
no se limita a la esporádica aparición de baguettes
y galerías de arte. Nicolas Barreau nos invita a un tour turístico por las más
emblemáticas rues de la ciudad, por
sus restaurantes más famosos y sus tiendas carísimas, los cafés plagados de
gentiles hombres y mujeres que frenan sus vidas un instante para degustar un croissant a media mañana. París se
siente y se huele tras las letras.
Construye también el
autor una interesante galería de excéntricos personajes, llenos de glamour y
color, como no podía ser de otra forma. Jean Luc es guapo, mujeriego,
superficial… pero es un buen tipo, cae bien. A su alrededor pululan artistas,
profesores, ricos caprichosos, mujeres hermosas, todos dibujados sin demasiada
profundidad pero con mucho encanto.
“Me encontrarás en el fin
del mundo” es un entretenimiento sencillo, agradable, que explota la idílica
premisa del amor más allá de la apariencia física, la posibilidad de enamorarse
de alguien sin rostro, la loca idea de que incluso la rolliza hija del panadero
pueda convertirse en la particular reina de Saba de un galerista terriblemente
rico y guapo. No, no os estoy destripando nada, lo juro. Si queréis conocer la
misteriosa identidad de la dama, tendréis que viajar a París con Nicolas
Barreau. A la vuelta, seguro que sólo podéis exclamar un alegre Oh, là là!
