Mostrando entradas con la etiqueta Qiu Xiaolong. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Qiu Xiaolong. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de abril de 2015

"Muerte de una heroína roja", por Qiu Xiaolong.

“Muerte de una heroína roja” es uno de esos libros que viene con advertencia y ya nos avisa, antes de entrar en materia, de que estamos ante una “inmersión en la historia, la cultura, la tradición poética y gastronómica y la vida cotidiana de la sociedad china”. Daos la vuelta y volved por donde habéis venido si buscabais una trepidante novela negra con aroma oriental o un despliegue de detectives expertos en artes marciales. La primera novela de Qiu Xiaolong no es apta para nerviosos ni impacientes, mucho menos para lectores principiantes o que no resistan el arte de la divagación. Y sin embargo, es una novela formidable, completísima y llena de pequeños rincones por explorar.

Un viernes de mayo de 1990, en el canal de Baili, cerca de Shangai, aparece el cadáver de una joven. La unidad de casos especiales, con el inspector Chen Cao a la cabeza, deberá desentrañar el misterio de su muerte. Pronto descubriremos que la joven era una modélica trabajadora de los Grandes Almacenes Número Uno de Shangai. Una mujer entregada a la causa del Partido cuya trayectoria pronto convertirá su muerte en un caso con importantes implicaciones políticas.

Reconozco que al principio no conseguía situarme en el espacio tiempo. No sé prácticamente nada de la historia de China más allá de cuatro sucesos que todos conocemos. La Revolución Cultural me sonaba lejana, y de la plaza de Tiananmen apenas podía esbozar en mi mente la célebre imagen de aquel joven frente al tanque. Qué experiencia más enriquecedora leer una novela que te anima a indagar, a saber más. Mientras iba leyendo, conforme más me adentraba en la sociedad china de los noventa, más necesita saber. He tirado de Google, de enciclopedia e incluso de algún artículo antiguo para entender un poco mejor el contexto histórico. Y lo he hecho con gusto. Qiu Xiaolong dota a su novela de una magnífica ambientación, consistente, muy elaborada pero necesaria para comprender el devenir de la trama que nos plantea.

De la mano de sus dos personajes principales, nos sumergimos en una sociedad y una época que a pesar de ser totalmente ajenas para el lector occidental, se dibujan con exquisita precisión. El inspector jefe Chen Cao, recién ascendido y prometedor activo del Partido, es además poeta y traductor. Ahondando con detalle en su psicología, Xiaolong crea un personaje que podría ser él mismo, un hombre cabal, disciplinado, pero con capacidad para plantearse la situación social, más interesado en la literatura que en su propio ascenso a nivel político y profesional y claramente influenciado por el mundo occidental. Junto a él, el inspector Yu, de carácter más reservado, representa la cultura más arraigada y el gusto por lo tradicional. A su alrededor orbitan una serie de personajes a los que el autor también dedica pequeños espacios, dotándolos de su propio mundo interior y exterior, exhibiendo para nosotros las estrecheces físicas e ideológicas de la época.

No es “Muerte de una heroína roja” una novela negra ni nada que se le parezca. No lo es, al menos, tal como la entendemos aquí y ahora. Su ritmo es extremadamente pausado, no abundan la sangre, el sexo o los cadáveres. La muerte de la joven Guan Hong Ying no es más que una excusa para llevarnos a un recorrido espectacular por la literatura clásica china, con especial atención a “Sueño en el pabellón rojo”. Una invitación a degustar fideos, cangrejos y serpientes, a beber un vino de arroz; a recorrer las estrellas calles de Shangai, pobladas de puestos de empanadillas fritas. Es un viaje a una época convulsa y compleja. Una narración impregnada de la sutileza asiática, sugerente y exótica, que disfrutaréis de buen grado si la leéis sin prisa, acompañada de un té de jazmín.