Es la historia del romance de Anne, la hija
menor del fatuo Sir Walter Elliot, bonita y sociable, que encuentra a su héroe,
el Capitán Wenworth, a pesar de las barreras sociales.
La vanidad y los prejuicios de una aristocrática familia se interponen en el amor profundo y sincero de la joven pareja. Anne fue educada por una amiga al morir su madre. Su gratitud hacia la elegante dama la empuja a escuchar los consejos que le impedirán unirse al hombre que ama, un oficial de marina de poca fortuna. De esta forma, enfrenta largos años de soledad en los que la belleza y el resplandor de la juventud van mermando, pero no así su carácter dulce y bondadoso que, junto a su inteligencia, consolida la personalidad de una atractiva mujer, preparada tanto para las situaciones adversas como para la maravillosa segunda oportunidad del destino.
Este que hoy os traigo es mi tercer intento con Jane Austen.
Lo intenté primero con “Sentido y sensibilidad”, hace ya unos años, y no logré
terminarlo. El año pasado conseguí acabar “Emma” aunque lo hice con sensaciones
encontradas y la lectura se me hizo bastante cuesta arriba. Así que tirando de
orgullo, esta vez me he liado la manta a la cabeza y me he apuntado al homenaje
a la autora que organizan las chicas de Las Inquilinas de Netherfield. Y
gracias a ellas he disfrutado, por fin, de una novela de esta autora. Hoy os
traigo mi reseña de “Persuasión”.
“El último encuentro había dejado a la vista los sentimientos de él;
ella tenía esa deliciosa convicción; pero temió, al ver su expresión, que la
misma desdichada persuasión que le había alejado del salón de conciertos aún lo
dominara”
Elegí “Persuasión” porque había oído en alguna parte que es
la única novela de Jane que se centra en contar una historia de amor, y por
tanto, se alejaba un poco de su crítica a la sociedad de la época. Lo cierto es
que yo he encontrado más de lo segundo que de lo primero. Y que además ha sido
lo que más me ha gustado de la novela, al contrario de lo que me ocurrió leyendo
“Emma”.
Y es que encuentro en “Persuasión”, sobre todo, un retrato
de la burguesía, un desprecio a esa jerarquía tan marcada, en la que
dependiendo de tu estrato social, estás destinada a vivir y a casarte de
acuerdo a lo que se espera de ti. A lo largo de la novela asistimos a varios
eventos sociales en los que prima la falsedad de sus asistentes, sus sonrisas y
frases de conveniencia, las poses y la amabilidad fingida. Y ahí, entre líneas,
el rol de la mujer en la sociedad de la época, destinadas a permanecer quietas
y expectantes:
“Nosotras no nos olvidamos tan pronto de ustedes como ustedes se
olvidan de nosotras. Quizá sea éste nuestro destino y no un mérito de nuestra
parte. No podemos evitarlo. Vivimos en casa, quietas, retraídas, y nuestros
sentimientos nos avasallan. Ustedes se ven obligados a andar. Tienen una
profesión, propósitos, negocios de una u otra clase que los llevan sin tardar
de vuelta al mundo, y la ocupación continua y el cambio mitigan las
impresiones.”
El hilo conductor de la historia es la relación entre
Wenworth y Anna, un romance bonito y amable, capaz de calar en casi cualquiera
porque, el que más y el que menos, todos hemos soñado alguna vez con
reencontrarnos con un amor que se quedó atrás. Me ha gustado su desarrollo y,
sobre todo, la delicadeza con que se conducen ambos.
Más me ha costado lidiar con los personajes secundarios, en
cuya boca todo sonaba hueco y vacío. Incluso se me hacía cuesta arriba su
lectura cuando estos se explayaban en pequeños monólogos o diálogos, y me
resultaba chocante el modo de expresarse. Nada que ver con ese diálogo interior
íntimo y mucho más sencillo de Anna, al que accedemos a través del narrador
omnisciente. Diría que Jane lo hizo adrede…
Lo cierto es que finalmente conseguí disfrutar, con todas
las letras, de una novela de Jane Austen. Si ese era el objetivo inicial,
pueden darse por satisfechas mis vecinas de Netherfield, que el logro es en
parte suyo.


