Mostrando entradas con la etiqueta Jane Austen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jane Austen. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de julio de 2017

"Persuasión", por Jane Austen.


Es la historia  del romance de Anne, la hija menor del fatuo Sir Walter Elliot, bonita y sociable, que encuentra a su héroe, el Capitán Wenworth, a pesar de las barreras sociales.

La vanidad y los prejuicios de una aristocrática familia se interponen en el amor profundo y sincero de la joven pareja. Anne fue educada por una amiga al morir su madre. Su gratitud hacia la elegante dama la empuja a escuchar los consejos que le impedirán unirse al hombre que ama, un oficial de marina de poca fortuna. De esta forma, enfrenta largos años de soledad en los que la belleza y el resplandor de la juventud van mermando, pero no así su carácter dulce y bondadoso que, junto a su inteligencia, consolida la personalidad de una atractiva mujer, preparada tanto para las situaciones adversas como para la maravillosa segunda oportunidad del destino.


Este que hoy os traigo es mi tercer intento con Jane Austen. Lo intenté primero con “Sentido y sensibilidad”, hace ya unos años, y no logré terminarlo. El año pasado conseguí acabar “Emma” aunque lo hice con sensaciones encontradas y la lectura se me hizo bastante cuesta arriba. Así que tirando de orgullo, esta vez me he liado la manta a la cabeza y me he apuntado al homenaje a la autora que organizan las chicas de Las Inquilinas de Netherfield. Y gracias a ellas he disfrutado, por fin, de una novela de esta autora. Hoy os traigo mi reseña de “Persuasión”.

“El último encuentro había dejado a la vista los sentimientos de él; ella tenía esa deliciosa convicción; pero temió, al ver su expresión, que la misma desdichada persuasión que le había alejado del salón de conciertos aún lo dominara”

Elegí “Persuasión” porque había oído en alguna parte que es la única novela de Jane que se centra en contar una historia de amor, y por tanto, se alejaba un poco de su crítica a la sociedad de la época. Lo cierto es que yo he encontrado más de lo segundo que de lo primero. Y que además ha sido lo que más me ha gustado de la novela, al contrario de lo que me ocurrió leyendo “Emma”.

Y es que encuentro en “Persuasión”, sobre todo, un retrato de la burguesía, un desprecio a esa jerarquía tan marcada, en la que dependiendo de tu estrato social, estás destinada a vivir y a casarte de acuerdo a lo que se espera de ti. A lo largo de la novela asistimos a varios eventos sociales en los que prima la falsedad de sus asistentes, sus sonrisas y frases de conveniencia, las poses y la amabilidad fingida. Y ahí, entre líneas, el rol de la mujer en la sociedad de la época, destinadas a permanecer quietas y expectantes:

“Nosotras no nos olvidamos tan pronto de ustedes como ustedes se olvidan de nosotras. Quizá sea éste nuestro destino y no un mérito de nuestra parte. No podemos evitarlo. Vivimos en casa, quietas, retraídas, y nuestros sentimientos nos avasallan. Ustedes se ven obligados a andar. Tienen una profesión, propósitos, negocios de una u otra clase que los llevan sin tardar de vuelta al mundo, y la ocupación continua y el cambio mitigan las impresiones.”

El hilo conductor de la historia es la relación entre Wenworth y Anna, un romance bonito y amable, capaz de calar en casi cualquiera porque, el que más y el que menos, todos hemos soñado alguna vez con reencontrarnos con un amor que se quedó atrás. Me ha gustado su desarrollo y, sobre todo, la delicadeza con que se conducen ambos.

Más me ha costado lidiar con los personajes secundarios, en cuya boca todo sonaba hueco y vacío. Incluso se me hacía cuesta arriba su lectura cuando estos se explayaban en pequeños monólogos o diálogos, y me resultaba chocante el modo de expresarse. Nada que ver con ese diálogo interior íntimo y mucho más sencillo de Anna, al que accedemos a través del narrador omnisciente. Diría que Jane lo hizo adrede…

Lo cierto es que finalmente conseguí disfrutar, con todas las letras, de una novela de Jane Austen. Si ese era el objetivo inicial, pueden darse por satisfechas mis vecinas de Netherfield, que el logro es en parte suyo.

jueves, 17 de diciembre de 2015

"Emma", por Jane Austen.

Confieso que nunca pensé publicar esta reseña. Me comprometí en su día a leer “Emma” a propuesta de Carmen, del blog Carmen y amigos, pero el tiempo, las páginas y las circunstancias se me echaron encima. Acabé la novela con sensaciones encontradas, sin saber todavía si me había gustado o no, y con el plazo terminado para contar mis impresiones. Pero resulta que Carmen ha tenido a bien concedernos una pequeña prórroga a las rezagadas y aquí estoy, poniendo en orden mis ideas…
Confieso que ha sido este mi primer encuentro con Jane Austen, e imagino que ha de ser imperdonable llegar a estas edades, con tantas páginas a las espaldas, sin haber tocado a la gran dama de la novela inglesa. Pero que es …

Confieso que me cuestan los clásicos más clásicos. Aún más si se encuadran dentro de géneros que ya de por sí se me hacen bola. Porque una cosa es Poe, y otra cosa es Jane Austen. Gatos negros bien, pero la Regencia la llevo regular.

Confieso que dudé de mi capacidad de terminar “Emma”. Sin entrar en el terreno de las circunstancias personales, “Emma” se me atragantó en algún momento de su desarrollo central y logró exasperarme. No lancé el libro por la ventana porque era una edición preciosa, ilustrada y deliciosa de ésas que hace Alba Editorial. Pero si llego a tener entre manos una edición de bolsillo, de ésas de andar por casa, habría arrancado sus páginas, cuan heroína victoriana, y habría gritado que me dejasen a mí casarme con el señor Knightley antes de sucumbir al vahído. Por suerte no lo hice, y al final casi sentí algo parecido al cariño por la insufrible señorita Woodhouse. Porque…

Confieso que Emma me ha parecido el colmo de lo insoportable. La chiquilla aún en su ser todas las cualidades que detesto en una persona. Quizá parte de la culpa es mía, porque esperaba encontrar, en mi encuentro primero con Jane Austen, algo más de drama y mucho menos de chascarrillo. Pero resulta que la inglesa tenía un estupendo sentido del humor, y esculpió un personaje con el que, estoy segura, se divirtió muchísimo. No tanto el lector, que termina superado por los tejemanejes y la soberbia de Emma. Muchas páginas han de pasar para que se siembre la semilla del afecto, y otras tantas para que uno entienda que Emma es lo que es, con sus circunstancias, y que quizá no le quedó más remedio que ser así.

Confieso que todo lo contrario me ha ocurrido con su padre, el tierno y gruñón señor Woodhouse, siempre al borde del colapso y la enfermedad mortal, víctima potencial de cualquier corriente mal soplada. Tendrá mucho que ver que me ha recordado mucho a una personita muy mayor y muy asustada con la que convivo cada día, y se me ha antojado todo ternura.
Confieso que he atisbado en “Emma”, a pesar de lo que me ha costado leerla, las bondades que esperaba hallar en la literatura de Jane Austen: su prodigiosa construcción de los personajes y la deliciosa ambientación de la vida inglesa durante la época victoriana. Y es que aquí, el lector tiene la fortuna de que Emma sea mujer de noble cuna, y a través de ella vislumbramos los quehaceres de las damas de la época: paseos bajo la sombrilla, visitas de cortesía, bordados y cenas de gala.


Confieso que he terminado alegrándome de haber leído “Emma”. Primero, por haber salido del área de confort para adentrarme a una historia que está en las antípodas de mis lecturas habituales. Y segundo porque me ha dado pie a querer continuar leyendo a Jane Austen, aunque con otro título. ¿Me recomendáis alguno?