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miércoles, 1 de abril de 2015

"No nos dejan ser niños", por Pere Cervantes.

No todo es idílico en Menorca. No lo digo yo, lo dice la portada de la novela de Pere Cervantes “No nos dejan ser niños”. Y sí, la historia que el autor nos trae no puede estar más lejos de lo idílico. En ella convergen extraños asesinatos, suegras puñeteras y música de Raphael, entre otros ingredientes. Tres cosas que dependiendo del momento y el contexto, no me lo negaréis, pueden resultar aterradoras.

María Médem, nuestra protagonista y heroína, acaba de reincorporarse a su puesto de agente en la comisaría local tras una baja por maternidad. María ha decidido abandonar su pasado como agente de Homicidios y dedicarse a la tarea, mucho más tranquila, de tramitar denuncias desde un despacho. Por desgracia, hay una asesina suelta en Ciudadela que va a obligar a María a retomar su vocación y, también, a reencontrarse con Roberto Rial, ex compañero en Homicidios y ex compañero también de cama. Por si María no tuviera bastante, su marido pasa media vida en Shangai y su suegra, malvada e insoportable como debe ser, se ha instalado en su casa.

Pere Cervantes dota a su novela de buen ritmo a través de capítulos cortos, ordenados cronológicamente por fecha y hora. Con un estilo narrativo ágil, fluido y sencillo, quizá lo más destacable es, a mi parecer, el sentido del humor algo retorcido con el que adereza su trama, jugando con algún tópico y creando escenarios de crímenes algo extravagantes. Y es que nuestra asesina, porque desde el principio sabemos que es una mujer, deja en el lugar de los hechos la música de Raphael, la canción que da título a la novela, reproduciéndose en bucle. También hay un enjuague bucal y azucarillos. Un cóctel realmente extraño que hará que María termine sospechando de su propia suegra.

Con una sencilla pero muy lograda ambientación, Pere Cervantes nos sumerge en las cálidas calles de Ciudadela y nos invita a un agradable tour por sus calas y alguna otra ciudad emblemática de la isla de Menorca. No acierta tanto el autor en la construcción de sus personajes, quizá porque es complicado para un autor meterse en la voz de una narradora de sexo femenino que, para más inri, acaba de ser madre. No ha conseguido conquistarme tampoco el desarrollo de la relación entre María, su marido y Roberto Rial, demasiado tópica y para mi gusto, carente del enfoque femenino que yo, personalmente, necesitaba.

Quizá porque este es mi género favorito y llevo ya muchos títulos similares leídos, he adivinado demasiado pronto quién estaba detrás de los crímenes de Ciudadela, y desde el principio, el desarrollo de la novela me ha parecido algo previsible. Es probable que para los que frecuentáis este género con frecuencia, como es mi caso, la novela resulte algo descafeinada y sencilla: no hay una estudiada complejidad argumental, carece de brutalidad o sofisticación en sus crímenes. Pero eso es una cuestión muy personal que os agradará más o menos dependiendo del tipo de lector que seáis y vuestras sensibilidades particulares.

“No nos dejan ser niños” es una novela negra con aroma patrio, con una agradable ambientación que me ha dejado con las ganas de visitar Menorca. Una lectura entretenida, sin complicaciones, con un toque de humor algo excéntrico y unos personajes que quizá son lo más flojo de la historia. Una buena propuesta, eso sí, para los que no tienen demasiada experiencia en el terreno de la novela negra y les apetece hacer una incursión en ella sin pasarlo mal.