No todo es idílico en
Menorca. No lo digo yo, lo dice la portada de la novela de Pere Cervantes “No
nos dejan ser niños”. Y sí, la historia que el autor nos trae no puede estar
más lejos de lo idílico. En ella convergen extraños asesinatos, suegras puñeteras
y música de Raphael, entre otros ingredientes. Tres cosas que dependiendo del
momento y el contexto, no me lo negaréis, pueden resultar aterradoras.
María Médem, nuestra
protagonista y heroína, acaba de reincorporarse a su puesto de agente en la comisaría
local tras una baja por maternidad. María ha decidido abandonar su pasado como
agente de Homicidios y dedicarse a la tarea, mucho más tranquila, de tramitar
denuncias desde un despacho. Por desgracia, hay una asesina suelta en Ciudadela
que va a obligar a María a retomar su vocación y, también, a reencontrarse con
Roberto Rial, ex compañero en Homicidios y ex compañero también de cama. Por si
María no tuviera bastante, su marido pasa media vida en Shangai y su suegra,
malvada e insoportable como debe ser, se ha instalado en su casa.
Pere Cervantes dota a su
novela de buen ritmo a través de capítulos cortos, ordenados cronológicamente
por fecha y hora. Con un estilo narrativo ágil, fluido y sencillo, quizá lo más
destacable es, a mi parecer, el sentido del humor algo retorcido con el que
adereza su trama, jugando con algún tópico y creando escenarios de crímenes
algo extravagantes. Y es que nuestra asesina, porque desde el principio sabemos
que es una mujer, deja en el lugar de los hechos la música de Raphael, la
canción que da título a la novela, reproduciéndose en bucle. También hay un
enjuague bucal y azucarillos. Un cóctel realmente extraño que hará que María
termine sospechando de su propia suegra.
Con una sencilla pero muy
lograda ambientación, Pere Cervantes nos sumerge en las cálidas calles de
Ciudadela y nos invita a un agradable tour por sus calas y alguna otra ciudad
emblemática de la isla de Menorca. No acierta tanto el autor en la construcción
de sus personajes, quizá porque es complicado para un autor meterse en la voz de una narradora de sexo femenino que, para más inri, acaba de ser madre. No ha conseguido conquistarme tampoco el desarrollo de la relación entre María, su marido y Roberto Rial, demasiado tópica y para mi gusto, carente del enfoque femenino que yo, personalmente, necesitaba.
Quizá porque este es mi
género favorito y llevo ya muchos títulos similares leídos, he adivinado
demasiado pronto quién estaba detrás de los crímenes de Ciudadela, y desde el
principio, el desarrollo de la novela me ha parecido algo previsible. Es probable
que para los que frecuentáis este género con frecuencia, como es mi caso, la
novela resulte algo descafeinada y sencilla: no hay una estudiada complejidad
argumental, carece de brutalidad o sofisticación en sus crímenes. Pero eso es
una cuestión muy personal que os agradará más o menos dependiendo del tipo de
lector que seáis y vuestras sensibilidades particulares.
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