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martes, 20 de febrero de 2018

"Reino de fieras", por Gin Phillips.


Lincoln es un buen niño. Con cuatro años es curioso, inteligente y bien educado. Hace lo que su madre le dice y sigue las normas.
«Hoy las reglas son distintas. Y las reglas dicen que nos escondamos y no permitamos que el hombre del arma nos encuentre.»

Cuando un día feliz en el zoo se convierte en una pesadilla y Joan se ve atrapada con su hijo, deberá hacer acopio de todas sus fuerzas y encontrar el coraje para protegerlo a cualquier precio; incluso si eso significa cruzar la línea entre el bien y el mal, entre la humanidad y el instinto animal. Una línea que nadie imaginaría nunca traspasar.

Pero, a veces, las normas son diferentes.



"Reino de fieras" llegó al mundo en nuestro país a principios de este año, amparada bajo sonoras recomendaciones y al cobijo de una campaña publicitaria brutal. No hay más que echar un vistazo a la faja promocional para encontrar rotundas y entusiastas frases que lo colocan entre los mejores thrillers del año. En ella leeréis "inteligente", "irresistible", "adictiva", "nervios de acero", "rebosante de adrenalina". La mayor parte es mentira. De hecho, tras muchísimas frases de este tipo en distintos libros, empiezo a dudar de que existan realmente medios como The Observer o Publishers Weekly.

Partiendo de la base, pues, de que todo eso no es cierto, y de que por regla general, no suelo creérmelo, intenté afrontar su lectura borrando de mi mente todo lo leído al respecto. Las primeras reseñas fueron más entusiastas, y la segunda hornada, mucho más tibia. Cuando el libro llegó a mis manos, tenía ante todo curiosidad por ver qué sensaciones me dejaba a mí, porque tenía bastante claras las que había dejado en el resto del mundo.

El punto de partida a mí sí me impactó de alguna forma. En este mundo en el que estamos, ya nadie se sorprendería de que un par de locos entraran armados a cualquier sitio y empezasen a disparar a diestro y siniestro. Como Joan, yo también tengo un niño de cuatro años locuaz, imaginativo y que necesita mucho de mi mano izquierda. Así que la autora lo tenía fácil conmigo para zambullirme en su historia.

Las primeras cien páginas se leen solas. El problema llega cuando tras ese buen arranque, Gin Phillips parece no saber muy bien qué hacer con sus personajes. Como si hubiese tenido claro el principio y el final de su historia, pero no hubiese sabido qué hacer para llegar de A a B. La parte central es entretenida, pero carece de nervio, de adrenalina y de la angustia que yo debería haber sentido ante la situación. La autora tampoco ahonda en el aspecto psicológico de Joan o de los agresores, y aunque en un determinado momento parece que la trama va a virar hacia ese punto, luego se diluye y se queda en nada.

Así que al final, "Reino de fieras" resultó más drama que thriller, entretenida pero no absorbente ni adictiva. Una novela que posiblemente se venderá como rosquillas y que dejará a muchos lectores con la sensación de que se podrían haber sacado mucho más de ella.

jueves, 15 de febrero de 2018

"Un largo silencio", por Harlan Coben.



Hace diez años, dos niños de familias acaudaladas fueron raptados. Los secuestradores pidieron rescate, pero luego desaparecieron sin dejar rastro. Ahora, cuando ya se había perdido toda esperanza, sucede lo que parecía imposible: Win y Myron Bolitar creen haber localizado a uno de esos chicos, ahora adolescente. 

Después de un largo silencio, la vuelta a casa del joven debería ser un paso definitivo hacia el fin de la pesadilla. Pero no lo va a ser. ¿Dónde ha estado estos diez años y qué recuerda del día, hace media vida, en que lo cogieron? Y, todavía más importante: ¿qué puede contar a Myron y Win sobre el destino de su amigo perdido?



Hacía tiempo que los seguidores de la saga protagonizada por Myron Bolitar esperábamos que Harlan Coben nos sirviera una nueva entrega de sus aventuras. Y por fin, a finales del año pasado, llegó a las librerías "Un largo silencio", un título que no podría ser más elocuente y que pone fin a varios años de espera. Enseguida me hice con ella, con ilusión y con un poco de ése miedo que nos entra cuando retomamos autores y personajes por los que uno siente un cariño especial.

"Un largo silencio" comparte las bondades de todas sus predecesoras. Estamos ante novelas autoconclusivas, que pueden leerse sin ninguna dificultad de modo aleatorio e independiente, pero que contienen un montón de guiños para los fieles a Myron. Aquí nos encontramos de nuevo con una de ésas tramas imposibles, llenas de giros y sorpresas, de sólo un capítulo más y lo dejo. Buen ritmo, capítulos breves, esa narrativa nerviosa y ágil de Coben y, sobre todo, ése sentido del humor tan característico de Myron y su inseparable Win, hacen de "Un largo silencio" una novela para leer y disfrutar en dos sentadas.

¿Y no hay ningún "pero"? Pues sí, mal que me pese. Y es que esta vez, la historia de los dos niños desaparecidos me han parecido un poquito más floja de lo habitual, como una idea que por desgana, Coben no llegara a rematar. Como desabrida. Sosa. Y luego están los secundarios, con los que al autor se le va un poquito la mano y cruzan el umbral de lo excéntrico para caer en la caricatura.

Tampoco me ha entusiasmado la idea de ésa especie de crossover entre la saga de Myron y la saga juvenil protagonizada por su sobrino, Mickey Bolytar. Buen intento Harlan, pero no cuela.

Aún así, a pesar de todo, he disfrutado del reencuentro con unos personajes que llevan acompañándome muchísimos años (la primera novela de la saga se publicó en 1995, ahí es nada), y a los que tengo intención de seguir acompañando allá donde quieran ir. Siempre que Coben nos lo permita porque, confieso, el final me ha dejado un poquito preocupada al respecto...

jueves, 25 de enero de 2018

"Respirar por la herida", por Víctor del Árbol.


Para Eduardo la vida no tiene sentido desde que perdió a su esposa y a su hija en un trágico accidente de coche. A partir de entonces, pasa los días inmerso en un estado depresivo, incapaz de cerrar la profunda herida que le atormenta. Abandonó la pintura y pasó de ser un artista respetado a convertirse en víctima del alcohol y la autocompasión.

Pero su vida da un nuevo giro cuando recibe un encargo insólito. Gloria Tagger, una famosa violinista, le pide que pinte el retrato de Arthur Fernández, un rico empresario responsable de la muerte de su hijo y de otra niña. Él, tanto como Gloria, necesita comprender qué se esconde tras su rostro; averiguar qué siente, qué piensa y si se arrepiente. A cada pincelada, y a medida que cobra forma la obra, más supura la herida de Eduardo. Ha iniciado un viaje del que tal vez no podrá regresar...


Nunca he salido viva de una novela de Víctor del Árbol. De hecho, ya procuro enfrentarme a ella con los arrestos que precisa semejante tarea, a sabiendas ya de la que me espera: un esfuerzo para entrar, para querer formar parte de una amalgama de personajes grisáceos, desmenuzados en su pasado y en su interior para ofrecérselos a un lector que ha de encargarse de ubicarlos. Ya se encarga el propio autor después de irles cambiando de sitio, de llevar al infierno a los buenos para que los despedace la vida y de mostrarnos al torturador vulnerable y con principios. Aquí ya sabemos que no hay categorías, que nadie está a salvo, ni siquiera parapetado tras las páginas. De aquí no sale nadie indemne.

"Respirar por la herida" es un tratado sobre el dolor y la pérdida, una visita guiada por la cara más fea de la vida, todo disfrazado de novela negra, camuflado bajo una trama complejísima, que se asemejaba en mi mente, cuando iba leyendo, a una construcción descomunal, llena de entresijos. La sostienen unos cimientos sólidos, sus personajes, al principio ladrillos sueltos que van conformando, poco a poco, un todo. A Eduardo, a Gloria, a Arthur, a todos los que orbitan a su alrededor, es imposible no sentirlos cerca, no sentir por ellos compasión. Pero también se les detesta un poco, por pusilánimes, o por cobardes, o por exceso de arrojo. Como sea, son ellos los que sostienen sobre sus hombros el peso de una trama llena de giros y vericuetos, de cambios de tiempo y escenario que nos van a situar en el pasado y el presente de todos ellos.

Y narrándolo todo, el estilo asfixiante de Víctor del Árbol, su prosa delicada y dolorosa, su vocabulario, sus metáforas, sus diálogos, su forma casi exclusiva de contar el dolor.  

El único pero que encontré, allá por los compases finales, fue la sensación de que alguna pieza necesitaba un esfuerzo extra para ser encajada, como si ya mi mente anduviese saturada de probabilidades, dolor y casualidad. También es cierto que estamos ante una novela extensa y que requiere un esfuerzo, sobre todo, emocional, para completarla, por lo que es inevitable la sensación final de hartazgo y tristeza.


martes, 5 de septiembre de 2017

"El dolor que nos une", por David Mark.

Hay personas que harían cualquier cosa por los demás. Como Philippa Longman, una abuela de 53 años con una familia que la adora, marido, tres hijos, nietos pequeños, que solo desea llegar a casa después de su trabajo en la tienda en una noche calurosa y asfixiante. Como Roisin McAvoy, una jovencísima madre de corazón de oro, una mujer leal a su marido que protege a sus amigos con uñas y dientes. Como el sargento Aector McAvoy, un hombre obsesionado con proteger a los demás, ya sea a su familia del resto del mundo o a los habitaciones de Hull, Inglaterra, de una epidemia de crímenes violentos.

Hay personas que harían cualquier cosa para vengarse. pero hay rencores que nunca mueren, que son más fuertes que la bondad, y pronto estos tres espíritus afables aprenderán la misma lección: a las buenas personas también les suceden cosas malas.




Esta es una de ésas veces en las que uno se lanza a la aventura sin referencias de ningún tipo, dejándose llevar por una corazonada. Quise saber qué había detrás de esa chica que hace equilibrismos, de espaldas a nosotros, sobre la vía del tren. Y averiguar también qué tenía de especial su historia para que la publique dentro de su catálogo de Policíaca una editorial como Siruela. Y el resultado fue una sorpresa muy, muy grata.

"No todo el mundo es asesinado por alguna razón extravagante, sargento. a veces es tan simple como que hay gente estúpida u horrible, o directamente mala."

A pesar de esa imagen inicial, es un hombre el alma de "El dolor que nos une". El sargento McAvoy, que antes de esta ya ha protagonizado dos novelas más (autoconclusivas), un tipo enorme, con un estricto sentido de la moral, absolutamente atípico en su comportamiento, que para nada casa con el antihéroe que le pega a todos los vicios y que vive atormentado por su pasado. Vale, quizá sí hay un poquito de esto último, pero no pesa demasiado en la trama, no es, digamos, determinante a la hora de construir la personalidad del personaje. Flanqueando al bondadoso gigantón, dos mujeres de armas tomar: Roisin, su esposa, y Trish Pharaoh, su compañera, de la que yo me he enamorado completamente por todo lo que esconde tras su fachada de cabrona de primer orden. Y alrededor de ellos, un entramado de secundarios que no se limitan a ser meros figurantes. También en ellos invierte David Mark un pequeño espacio, para construirles y establecer nexos comunes entre ellos, convirtiéndolos más en personajes y menos en meras excusas al servicio del asesino.

Como telón de fondo una ciudad, Hull, tomada por el negocio de la droga, en la que las bandas campan a sus anchas creando un microcosmos que se rige por la coacción, la extorsión y el chantaje. Y sobre ella, un cielo plomizo, gris. Un calor grisáceo que da lugar a una atmósfera crispada, que se palpa en el aire y en las maneras de los habitantes de la ciudad. Una ambientación sencilla pero muy trabajada, que está presente de forma constante y que consigue crear inquietud y malestar.

Estamos ante una novela muy cuidada, como veis, en todos los aspectos. David Mark se toma su tiempo para construir, revelar, ambientar, sin perder el pulso narrativo, manteniendo una intriga que carece de ése ritmo vertiginoso que a veces esperamos en un thriller, pero que no decae en ningún momento. Bien hilada, coherente, pero sin giros bruscos ni imprevistos en exceso. "El dolor que nos une" se puede leer cómodamente sin haber leído las dos entregas anteriores, aunque es probable que si os animáis con esta, acabéis como yo, con las dos anteriores ya a buen recaudo.

martes, 8 de agosto de 2017

"Desaparecido", por C. L. Taylor.



Cuando Billy Wilkinson, de 15 años, desaparece en mitad de la noche, su madre, Claire, se culpa a sí misma. No es la única en hacerlo. No hay un solo miembro de su familia que no se sienta culpable, y los Wilkinson están tan acostumbrados a guardar secretos entre ellos que la verdad no empieza a salir a la superficie hasta seis meses después.



Claire está segura de que sus amigos y su familia no tienen nada que ver con la desaparición. el instinto de una madre nunca se equivoca... ¿O sí?





¿Cuántas familias resistirían la desaparición de un hijo sin que se resquebrajaran sus cimientos? Ese es el planteamiento de "Desaparecido", de C. L. Taylor, una novela que apuesta por ir más allá del thriller puro y duro, del quién lo hizo y por qué, y pone el foco en los entresijos del núcleo familiar, ése que a todos se nos antoja de hormigón armado y que quizá, al final, no sea tan inquebrantable como pensamos.

Y es que transcurridos seis meses de la desaparición de Billy, el pequeño de los Wilkinson, la vida insiste en volver a su cauce habitual. Hay que retomar las obligaciones laborales, familiares, conyugales; hay que continuar bregando porque los medios de comunicación, sometidos a la última hora, no olviden al niño perdido. Y en medio de esa vorágine está Claire, la madre, la piedra angular de cada casa.

La mayor virtud de "Desaparecido", como os digo, es que sin abandonar la esencia del género, la del enigma sin resolver, sabe ampliar sus horizontes y ahondar en sentimientos como la pérdida, la soledad o la culpa. Especialmente en esta última. De forma inevitable, todos los que soportan la ausencia de Billy, se sienten al mismo tiempo responsables en parte. Y gracias a la narración en primera persona, a través de la que C. L. Taylor da voz a Claire, ahondamos especialmente en el rol de una madre que lucha ya no sólo por recuperar a su hijo perdido, sino porque su familia no acabe de desmoronarse.

"Me entran ganas de zarandear a mi yo de dieciocho años. Eso no era miedo. Hasta que no tienes hijos no sabes lo que significa verdaderamente el miedo."

La autora se esmera en construir unos personajes solventes, seres con volumen, que dependiendo de cómo miremos, percibiremos con más o menos sombras. Padres, hijos, hermanos con debilidades y miedos. "Desaparecido" nos obliga a enfrentarnos también, a los que somos padres, a la cada vez más difícil adolescencia, a la falta de conocimiento acerca de nuestros propios hijos, al miedo de todo padre a que haya algo más tras la actitud desafiante que muchas veces preferimos achacar a la edad. A través de Claire, entendemos (o recordamos) que el miedo adquiere una nueva dimensión cuando llegan los hijos, y que de nada sirve la sobreprotección, el castigo o el miedo permanente.

Como veis, ha sido una lectura que he disfrutado, que se sale un poquito de los raíles del thriller más convencional, y nos otorga una novela más pausada de lo que esperaba y también más compleja, especialmente en el plano emocional.

miércoles, 26 de julio de 2017

"Los ángeles de hielo", por Toni Hill.

Barcelona, 1916. A sus veintisiete años, Frederic Mayol ha dejado atrás una vida cómoda en la esplendorosa Viena y la traumática participación en una guerra que sigue asolando Europa. Psiquiatra y seguidor de las teorías psicoanalíticas, se enfrenta a su futuro puesto en un sanatorio ubicado en un tranquilo pueblo pesquero cercano a Barcelona, un enclave perfecto para superar los horrores vividos en el frente. Pero la clínica y sus alrededores no resultan ser tan idílicos como pensaba. Las sombras de un siniestro pasado se ciernen sobre los ángeles que decoran la fachada del edificio, como si quisieran revivir los acontecimientos que sucedieron en la casa siete años atrás, cuando el lugar era un prestigioso internado para jovencitas de buena familia que cerró sus puertas después de un trágico incendio.


Atrapado entre el anhelo de desvelar el misterio que se esconde entre los muros del caserón y el amor que siente por Blanca, una de las antiguas alumnas del colegio, Frederic deberá enfrentarse a una perversa historia de obsesiones y venganzas hasta llegar a una revelación tan sorprendente como desoladora. Porque la verdad, aunque necesaria, no siempre supone una liberación; a veces incluso puede convertirse en una nueva condena.

De Toni Hill había leído su trilogía protagonizada por el inspector Salgado, una trama puramente policíaca de la que disfruté mucho en su momento. El año pasado, cuando se publicó “Los ángeles de hielo”, me sorprendió muchísimo el giro del autor hacia la novela más gótica y oscura y quise comprobar por mi misma qué tal se desenvolvía en este nuevo terreno. Aunque el libro ha esperado más de un año en la estantería, al fin este verano he encontrado el momento para leerla, y debo decir que ha sido una grata experiencia, aunque con algún “pero”.

Imagino que es difícil y arriesgado montar una novela de esta envergadura sobre las bases de un género cuyos espacios han sido visitados tantas veces antes. El internado para niñas bien de principios de siglo ha sido ya mil veces escenario de espeluznantes historias, así que hay que aplaudir a Hill por acomodarse, con tanto acierto, es un lugar a priori tan trillado. A través del diario de Águeda, directora del centro, iremos conociendo los avatares de las niñas y profesores que lo habitan, una convivencia que se verá alterada por la llegada de Griselda, una alumna extraña e inquietante. Ha sido esta mi parte favorita de la novela: a través de la narración en primera persona y la ambientación del lugar, Hill consigue ponerte la piel de gallina en más de una ocasión, y recurre de nuevo con acierto al clásico recurso de hacernos dudar del narrador, al estilo de Henry James en “Otra vuelta de tuerca”.

Se alternan estos capítulos con otros narrados por un narrador omnisciente, protagonizados por Frederic Mayol, que trabaja como psiquiatra en el sanatorio mental que unos pocos años atrás albergó el internado.  De esta parte, me quedo sin duda con los personajes secundarios que pululan por el sanatorio, especialmente con un par de pacientes que resultan de lo más siniestros.

Muy cuidada resulta también la ambientación que hace de telón a esta historia, ofreciendo pinceladas de una Barcelona de principios de siglo en la que conviven las inquietudes intelectuales y el miedo a una guerra que ya ha empezado a hacer estragos en Europa, especialmente en Viena, donde vivió Mayol antes de su llegada a la ciudad condal.

A pesar de su larga extensión, la novela se lee con fluidez, la prosa de Hill es cómoda y sencilla y la trama es tan compleja que siempre anima a seguir leyendo a pesar de alguna pequeña bajada de ritmo. Sin embargo, al alcanzar la última parte, la novela busca un último giro imposible que, al contrario de lo que pudiera parecer, resulta previsible y hace que se pierda el interés justamente cuando la trama debería estar en su punto álgido. Un desenlace que me ha dejado un sabor agridulce.


No sirve ese final, en todo caso, como menoscabo para una novela bien armada, bien narrada y con un elenco muy interesante de personajes. Una novela que se agarra al juego de hacernos dudar entre distintas percepciones de la realidad, entre la cordura y la locura, para regalarnos unas horas de estupendo entretenimiento.

jueves, 13 de julio de 2017

"Latidos", por Frank Thilliez.


Camille Thibault es una joven policía que sufre de horribles pesadillas desde que recibió un trasplante de corazón años atrás. En ellas aparece siempre la misma joven pidiéndole ayuda de forma desesperada. Cuando su nuevo corazón empieza a dar signos de rechazo, Camille tendrá una única obsesión: encontrar a su donante y descubrir su pasado. 

Mientras, el investigador de la policía de París Franck Sharko deberá hacer frente al caso más difícil de su carrera: la muerte de doce jóvenes y la conexión con una mujer que reaparece, ciega, tras pasar mucho tiempo bajo tierra. Pero algo extraño sucede: a cada pista sobre la investigación que Sharko persigue, una mujer policía se le adelanta…
 





No puedo evitar enfrentarme siempre con cierto miedo a las novedades de autores cuyas novelas anteriores me han gustado mucho. Sobre todo si estamos, como en este caso, ante una saga en la que ya llevo inmersa varios años. Las andaduras de Lucie Henebelle y Franck Sharko son ya una cita obligada para mí, y de nuevo, Thilliez no decepciona.

Lucie y Sharko están en un momento dulce, una pequeña parada obligatoria que les han mantenido, por un breve período de tiempo, lejos del sufrimiento pasado. Pero un accidente en el bosque va a poner al descubierto un nuevo caso que acelerará la reincorporación de ambos a su ritmo de vida habitual. El caso que llevan entre manos pronto enlazará con la trama de Camille, una joven gendarme que vive gracias a un trasplante de corazón. Camille está obsesionada con la idea de encontrar a su donante y averiguar si están relacionadas con él las pesadillas que últimamente la acosan.

Thilliez construye su novela tirando de sus señas de identidad: ritmo de thriller, tono de novela negra, trama compleja y una magnífica construcción de los personajes. Y es que a los viejos conocidos se une una Camille que va a dar mucho juego en el futuro, estoy segura, y crece la figura del comisario Bellanger, al que apenas conocimos en las entregas anteriores y que aquí cobra un protagonismo que, al menos en mi caso, ha conseguido eclipsar a los personajes habituales.

En cuanto a la trama, Thilliez abandona un poquito el thriller científico, aunque alguna pincelada hay, y se pasa a lo histórico, llevándonos a través de los ojos de un fotógrafo por los horrores del mundo reciente: de la dictadura de Videla en Argentina al robo de bebés en la España pos franquista, pasando por Kosovo , Ghana o Irán.

A pesar de lo mucho que me ha gustado la novela, sí he de reconocer que se le puede achacar a Thilliez, en ocasiones, cierto exceso de velocidad y de abuso de algunos clichés (esos rescates in extremis tan de película me cuestan cada vez más), pero se le perdona porque es él y yo le leería aunque acabara escribiendo novelas rosas protagonizadas por señores con falda escocesa.

Si aún no habéis leído a Thilliez, seguro que ya os habrán dicho mil veces que lo hagáis. Yo me sumo a la petición pero, eso sí, os insto a hacerlo en orden, empezando por “El síndrome E” o, mejor aún, por “El ángel rojo”, para que os vayáis haciendo con los personajes desde sus primeras andanzas. 

jueves, 11 de mayo de 2017

"La canción del silencio", por Leara Martell.

La vida de Aída Lizaro era perfecta. Un amante esposo, una casa bonita, dinero y el estatus social necesario para ser alguien en la vida. Lo tenía todo a su alcance hasta que un día despierta desmemoriada y encerrada tras una pared de barrotes, con la única certeza de que ella no lo hizo, por mucho que las pruebas se empeñen en insinuar lo contrario.

Una prostituta, un enfermero y un niño serán los encargados de derribar y reconstruir la falsedad del matrimonio Delveccio. Tres testigos de una vida llena de abusos y mentiras, apariencias y dolor. Tres testimonios que se encargarán de abrir los ojos a la vergüenza y a la desesperación.

Su silencio era el arma favorita de Carlo Delveccio y eso le dio alas a Aída para volar. Amor, pasión, debilidad, sangre y una bonita canción de fondo hablando de muerte y liberación. Meses atrás, cuando la música no paraba de sonar.


Cuando un tema vuelve a la actualidad de forma recurrente y provoca un impacto fuerte en la sociedad, es inevitable que la literatura termine hablando de él. Quizá por eso,  la violencia de género se ha convertido en los últimos años en parte de la línea argumental de muchas novelas. Y reconozco que en lo que a mí respecta, no siempre me ha gustado la forma de abordarlo, sobre todo cuando el autor se entrega al drama o tira de cliché. Por eso hay que agradecerle a Leara Martell, sobre todo, su esfuerzo en dotar a una historia mil veces contada de una atrevida originalidad. Y hay que alabarle que, a pesar de los riesgos, salga victoriosa del lance.

Esta es mi obra. Mi debut. Mi regalo de muerte. Mi oda de amor.

Y es que “La canción del silencio” es un thriller concebido con alma de ópera. O al revés. Tanto monta, monta tanto. Dividida en cinco actos, más un prólogo y un epílogo, lo más llama la atención de entrada es la prosa de Leara Martell, barroca y excesiva, teatral. Cada acto será protagonizado por un personaje: Aída, Violeta, Bruno y Canio, cada cual con su soliloquio, apenas interrumpido de cuando en cuando por una línea de diálogo. Nos adentramos, así, en lo más hondo de cada cual, en sus motivaciones, y vamos descubriendo en qué modo tomó parte cada uno en la muerte de Carlo Delveccio.

Reconozco que al principio me chocó un tanto el estilo y la forma de abordar la historia. Pero conforme me fui familiarizando con ella, me pareció más atrevida, más valiente y más coherente, de modo que la narración, los personajes y la misma trama se aunaban con acierto. Más aún, la autora nos va llevando hacia un acto final cuya revelación ya intuimos desde mucho antes sin que eso le reste un ápice de apoteosis a la caída del telón.

Tras el epílogo, además, nos encontramos con un bonus track que la autora nos regala en forma de tres relatos breves. “Cisne roto”, “Venganza ciega” y “El secreto está en la masa” nos muestran la otra cara de una autora que exhibe aquí un lenguaje mucho más llano y un tono totalmente distinto al de “La canción del silencio”, aunque se adivinan la misma imaginación y originalidad. 

No es muy común últimamente, o al menos así me ha ocurrido a mí, toparse con autores noveles que consigan atraparte de la forma que Martell lo hace aquí, mostrando una voz fresca y propia y haciendo gala de un imaginario que tiene mucho que contar.

miércoles, 3 de mayo de 2017

"Almas robadas", por Emelie Schepp.

Marcada de por vida, entrenada para matar.
Algunas cicatrices calan hasta lo más hondo.

Cuando un alto funcionario de Inmigración es hallado muerto a tiros en su casa, no faltan los sospechosos, entre ellos su mujer. Nadie, sin embargo, espera descubrir la misteriosa huella de la mano de un niño en la casa de un matrimonio sin hijos.

Jana Berzelius, una joven fiscal, es la encargada de instruir el caso. Brillante pero fría, al igual que su padre, un famoso fiscal, Berzelius no se deja impresionar por el histerismo de la viuda ni por las cartas amenazadoras que esconde la víctima. Jana es dura, distante, imperturbable. Hasta que aparece el niño…

Unos días después del primer asesinato, en un desierto paraje costero es hallado el cuerpo sin vida de un menor y, junto a él, el arma que sirvió para matar a la primera víctima. Al asistir a la autopsia del pequeño, Berzelius descubre algo extrañamente familiar en su cuerpo cubierto de cicatrices y extenuado por la heroína: unas marcas grabadas en la piel que remiten inmediatamente al tráfico de menores y que desencadenan en Jana un alud de recuerdos acerca de su oscuro y aterrador pasado. Esas cicatrices, hechas con premeditada maldad, la conmueven en lo más profundo.
Ahora, para proteger su pasado, Jana habrá de encontrar a la persona que se oculta tras los asesinatos antes de que lo haga la policía.

Lo primero que me llamó la atención de “Almas robadas” fue su portada, tan tétrica y sugerente, que me remitía al género de terror. Al leer las primeras reseñas comprobé que se trataba en realidad de un thriller de ésos que llamamos nórdicos, lo que hizo que aún tuviera más ganas de leerla, ya que hacía mucho que no me acercaba a una novela de este tipo. Reconozco que quizá mis expectativas iban un poquito infladas y al final, aunque ha resultado una historia entretenida, no ha conseguido llenarme del todo.

Nos encontramos una vez más con una de esas historias que se arma en dos líneas temporales que van convergiendo hacia un punto común conforme la novela avanza. En la línea temporal actual conocemos a la fiscal Jana Berzelius, una mujer que esconde grandes secretos y que tiene fama de dura y fría. Un personaje que, creo, debió ganarme más de lo que lo hizo en realidad. No conseguí crear ningún vínculo con ella, me pareció extremadamente fría, casi aséptica. A su alrededor pulula un equipo de investigadores de nombre impronunciable en los que tampoco se ahonda demasiado. Esta trama se vincula con otra que sabemos que ocurrió antes, aunque no tenemos referencias espacio temporales. Son capítulos escritos en cursiva, con un inicio muy impactante que luego va perdiendo algo de fuelle.

La ambientación es la propia de estas novelas, y poco hay de particular en ella. Frío y bruma por todas partes. Por lo demás, la historia podría ocurrir en cualquier otro lugar.
El desarrollo de la trama está bien llevado, hay cierta complejidad en ella y todo avanza y se resuelve con solvencia. Es entretenida, engancha, pero no llega a quitarte el sueño. Le falta fuerza y contundencia para ello, tanto a los personajes como al estilo de la autora, que me ha parecido excesivamente plano.

En definitiva, una novela de intriga para pasar un buen rato, sin excesivas complicaciones, al estilo Lackberg o Larsson, pero que se quedará un poquito corta para aquellos que están familiarizados con los nombres de Thilliez, Lemaitre o Dazieri.

viernes, 28 de abril de 2017

"El Ángel", por Sandrone Dazieri.



La muerte llega a Roma a las doce menos diez minutos de la noche con un tren de alta velocidad procedente de Milán. Del coche de lujo extrañamente no sale nadie. Todos los pasajeros están muertos.

La subcomisaria Colomba Caselli, que acaba de reincorporarse al servicio tras su último y escalofriante caso, es quien se encarga de evaluar la masacre. Aunque todo apunta a un ataque de terrorismo y el ISIS reivindica la autoría a través de un vídeo, Colomba prefiere pedir consejo a la única persona capaz de ver lo que nadie más ve: su excolaborador Dante Torre, al que no dirige la palabra desde hace meses. Este deberá juntar los indicios uno a uno hasta llegar al Ángel.



Aún me dura la resaca literaria de “El Ángel”. A pesar de haberla dejado reposar un par de días, con la firme intención de escribir sobre ella en frío, las buenas sensaciones no sólo permanecen sino que se intensifican. Mucha culpa la tiene ése final que te asesta un golpe tan brutal que me obligó a volver a leerlo un par de veces, pasadas las horas, para poder digerirlo. Pero no sólo de giros imprevisibles vive el lector.

Y es que “El Ángel” es mucho más que un thriller trepidante, porque de estos los hay a patadas y pocos, muy pocos, son tan buenos como esta y la anterior novela de Dazieri. El italiano se erige como un narrador descomunal, que maneja los tiempos a la perfección, como si se tratara, permitidme el símil pero no se me ocurre otro más gráfico, de un piloto de Fórmula Uno. Apurando la frenada y dejándose llevar, cuando hace falta, por la inercia de unos giros imposibles, poniendo al frente a dos personajes a los que, me temo, me faltan palabras para definir.

Dante y Colomba son el alma de esta novela, como ya ocurría con su predecesora. Él, un héroe extremadamente frágil e inteligente, claustrofóbico, adicto a las pastillas y al café, atormentado por los demonios de un pasado de torturas y encierro. En contraposición una Colomba fuertísima, temida y respetada a partes iguales dentro del cuerpo de policía. Testadura, obcecada y golpeada aún por los ecos de El Desastre. Ambos se complementan y se compenetran, generando una química palpable y muy intensa. Juntos se mueven por una trama que arranca coqueteando con la actualidad, con un atentado presumiblemente perpetrado por el ISIS, pero que pronto nos llevará mucho más atrás, hasta la Guerra Fría y las cárceles del antiguo régimen soviético.

En ocasiones, la trama se complica tanto que se desborda y se acusa alguna pequeña bajada de ritmo, especialmente en la parte que se desarrolla en Alemania, con la introducción de un par de personajes que rompen la dinámica Dante – Colomba. Pero aún así, Dazieri remonta con maestría y la novela retoma un ritmo aún más acusado que se mantiene hasta las últimas líneas.

Una trama llena de persecuciones, giros, deducciones y engaños que desemboca en un final que no le voy a perdonar a Dazieri mientras viva (y eso que algo me vi venir), y que nos deja, como ya hizo con su anterior novela, con la miel en los labios esperando la siguiente entrega.

Leedla. Y si no habéis leído la anterior, leedla primero. Que os va a gustar, os lo prometo. 

martes, 25 de abril de 2017

"Te echo de menos", por Harlan Coben.

Es un perfil como todos los demás en el sitio web de citas. Pero cuando Kat Donovan, policía de Nueva York, ve la fotografía que lo acompaña, siente que todo su mundo explota y las emociones que ha mantenido enterradas durante décadas se le vienen encima como una cascada. El que le mira desde la pantalla es su exnovio Jeff, el hombre que le rompió el corazón hace dieciocho años.

En su interior salta una chispa, y se pregunta si podría ser el momento en que se desvanezcan las tragedias del pasado y se abra ante ella un nuevo mundo. Pero al intentar ponerse en contacto con el hombre del perfil, sus renacidas esperanzas se convierten al instante en sospechas y luego en terror, cuando se hace evidente una horrible conspiración en la que unos monstruos se ceban con los más vulnerables.

De pronto, Kat se ve inmersa en una investigación que pone en jaque todo lo que ha sentido por las personas que ha querido alguna vez: su exnovio, su madre e incluso su padre, cuyo trágico asesinato mucho tiempo atrás nunca quedó resuelto. Hay vidas en peligro, incluida la suya, y Kat tendrá que sumergirse cada vez más en una oscuridad nunca conocida, y averiguar si tiene la fuerza necesaria para sobrevivir a lo que encontrará.

"I ain't missing you, I can lie to myself".

Los que habéis leído a Harlan Coben sabéis perfectamente lo que vais a encontrar cuando os lleváis a casa otra de sus novelas, ¿verdad? Sabéis que os esperan unos días pegados literalmente a las páginas de un libro. Sabéis que, a pesar de no ser precisamente ligerito de llevar, vais a cargar con él a todas partes “por si acaso”. Sabéis que vais a dormir menos y que os vais a encariñar con personajes que sufren y lo pasan mal. Y todo eso os gusta.

Coben sabe lo que quieren sus lectores, y se lo da, tal cual. Una buena dosis de acción, una trama intrincada, unos personajes solventes, secretos del pasado y un poquito de romance, bien medido y sin exceso de azúcar. Un cóctel que podría volverse repetitivo sino naciera de la inagotable imaginación de un autor que ha ganado todo  que se pueden ganar escribiendo novela negra. Y es que a pesar de que la fórmula se repite, las tramas de Coben resultan tan complejas y bien armadas que no se pierde nunca el efecto sorpresa.

Su estilo permanece: un ritmo ágil que se mantiene constante a lo largo de toda la novela, sin bajones, gracias sobre todo a la estructura de capítulos breves que acaban, casi todos ellos, con un pequeño giro que te obliga a seguir leyendo “solo uno más”. Sus personajes, como siempre, bien perfilados, con una protagonista ejerciendo de chica dura y un poquito atormentada (yo me la imaginaba con la carita de la magnífica Tatiana Maslany) y unos malos al uso. Vale, un poquito estereotipados, pero funciona a las mil maravillas. Es que es Coben, y esto lo hace muy bien.

Para esta ocasión, elige una trama que, además de los misterios habituales, indaga un poquito en la dinámica de las redes sociales, las páginas de citas, las mentiras que se esconden detrás de cada perfil virtual. Un tema que no puede estar más de actualidad y que nos conduce por una trama que os aseguro que os va a provocar escalofríos.

Los que habéis leído a Coben seguro que no necesitáis que os cuente más. Si habéis disfrutado de las novelas anteriores del autor, volveréis a hacerlo con esta. Los que aún no le conocéis, podéis empezar por esta o por cualquier otra. Personalmente, y a pesar de que me gustan muchísimo las novelas de la saga protagoniza por el detective Bolitar, prefiero  las que no pertenecen a ella. Me parecen mejor armadas y un poquito más serias, sin perder ése puntito ácido que a veces imprime el autor en sus diálogos y que ya es marca de la casa. En cualquier caso, “Te echo de menos” es una novela entretenidísima, que se lee muy rápido a pesar de su extensión  y que gustará seguro a los que disfrutáis con el género negro.

martes, 31 de enero de 2017

"Hasta el fin de tus días", por Mark Edwards.


En el tren nocturno a Sighisoara, Laura y Daniel conocen a Ion y Alina. En ese momento, su idílico viaje por Europa se trunca y acaban siendo expulsados del tren en una estación abandonada en medio de los bosques de Rumanía. Es sólo el comienzo de la noche más larga de sus vidas. Una vez de vuelta en Londres, Laura y Daniel juran no contarle a nadie lo ocurrido. Pero a pesar de intentar retomar sus vidas, la pesadilla les persigue.

No soy muy dada a reproducir aquí las sinopsis de los libros que voy leyendo pero, en este caso, necesitaba hacerlo porque fue la razón por la que me lancé a leer esta novela, sin ningún tipo de referencia previa. Y es que no me digáis que no es tentadora.

Mark Edwards marca un ritmo brutal desde el principio, y no baja un poco hasta rebasada la primera mitad de la novela, cuando se empieza a intuir qué está pasando. Hasta ese momento, todo son preguntas, conjeturas, giros y muchísima tensión.

Aunque estamos ante un thriller de manual, la novela se permite coquetear, en algunos instantes, con el género de terror. Y yo, a pesar de que no soy nueva en estos menesteres, he pasado algún ratito realmente malo, de ésos de ver sombras por el rabillo del ojo y encender todas las luces de la casa para ir a por un vaso de agua a la cocina.

Quizá haya disfrutado tanto de ella porque no tenía ninguna expectativa y porque se lee sin que uno se dé cuenta. La estructura de la novela, armada en capítulos cortos, y la sencilla prosa del autor, sumado a la intriga que te posee, hace que se devore.

A pesar de ello, soy consciente de que el autor deja caer, con más frecuencia de la que sería deseable, ciertos clichés que ya hemos visto mil veces, y que abusa un poquito de los giros y las sorpresas, de modo que al final uno acaba un poquito mareada de tanto dar vueltas.

Pero la novela funciona, es adictiva, los personajes son lo suficientemente sólidos y la ambientación está cuidada y es efectiva, aún  sin ser novedosa. Y su principal arma, la trama, es lo bastante compleja como para que no puedas adivinar, por mucho que lo intentes, qué pasó aquella noche en el bosque...

jueves, 12 de enero de 2017

"La caricia de Tánatos", por María José Moreno.

“La caricia de Tánatos” es, como ya sabéis, el primer volumen de la Trilogía del Mal de María José Moreno. Una historia de la que se ha hablado mucho en la blogosfera en los últimos tiempos y casi siempre muy bien. De hecho, no ha sido raro verla entre vuestras listas de mejores lecturas del pasado año. Así que me armé de valor, porque hay que hacerlo para adentrarse en una saga en estos tiempos que corren, y traté de frenar mis expectativas, que suelen jugarme alguna que otra mala pasada. Y lo cierto es que no ha sido una lectura fácil…

Supongo que mi error de base fue olvidar que estamos ante una primera novela, y que eso tiene que notarse. Me costó Dios y ayuda entrar en la historia, lo reconozco. El lenguaje de la autora, aunque correctísimo, se me antojaba poco natural en boca de sus personajes, con diálogos muy largos, faltos de dinamismo y realidad. La relación de Miguel y Mercedes, que se cuaja en las primeras páginas de la novela, se me antojó algo precipitada y no me los terminaba de creer, ni juntos ni por separado. Creo que no terminaba de ver adonde se dirigía la historia.

La introducción del antagonista y de Marina, con su carácter débil y manipulable, le otorgaron un plus a la trama, y ahí sí, comenzó a despertar mi interés. Tanto que una vez me planté en la mitad de las páginas, me las acabé bebiendo con ganas. Me gustó, sobre todo, lo que María José Moreno aporta desde su ángulo de psiquiatra: su visión de cada paciente, los distintos enfoques y metodologías, cómo dibuja el rol de Marina y nos habla a través de ella del maltrato psicológico y sus consecuencias.

Poco a poco también me fueron ganando sus personajes y sus realidades, sus dificultades para gestionar la culpa, la vergüenza, los remordimientos, la pérdida… Mercedes, Miguel, Marina, todos ellos representan distintas realidades, distintos miedos que habitan en cualquiera de nosotros. Me parecieron sumamente reales y bien elaborados, por lo que me interesa seguir su progresión en las dos novelas que conforman la trilogía.

Merece también una mención la ambientación en la ciudad de Córdoba, lugar de residencia de la autora, que sin tener un excesivo protagonismo, sí se dibuja como una urbe inquieta y viva, que no se deja asfixiar por el calor que la castiga.

Me ocurre a menudo que estas historias, en las que cuesta un poquito entrar, son aquellas que mejores sensaciones me acaban dejando. Así me ha ocurrido con “La caricia de Tánatos”, cuya continuación ya tengo entre manos.

martes, 10 de enero de 2017

"Anómalo", por David Zurdo y Hugo Stuven.

No puede ser más elocuente el título de esta novela, “Anómalo”, escrita a cuatro manos por David Zurdo, un nombre que no será nuevo para aquellos que frecuentáis el género de terror, y Hugo Stuven, que no es solamente coautor, sino también director del largometraje. Pocas veces sucede, como aquí, que novela y guión cinematográfico se escriban casi a un tiempo, sin partir del uno hacia el otro. Una peculiaridad que se puede palpar en la lectura de la novela, que cuenta además con epílogo del protagonista del filme, Lluís Homar.

Quiero puntualizar, ante todo, que no he tenido oportunidad de ver la película ni leer el guión, por lo que las sensaciones que aquí se plasman se ciñen al ámbito de la novela como tal. No sé si lo que no funciona aquí lo hará en la versión para la pantalla grande o al revés. Solamente he visto el tráiler, que podéis cotillear aquí, y que me ha dejado buenas sensaciones.

Volviendo a la novela, ésta se articula en capítulos cortos que giran en torno al día 0, el eje central de la trama, en el que la agente del FBI Maia Kensington interroga al psiquiatra Robert Friedhoff acerca de la extraña muerte del joven David Jacobs. Viajaremos al pasado en forma de flashbacks para desentrañar que pasó con David, mientras Maia y Friedhoff juegan su particular pulso psicológico.

“Anómalo” cuenta con una atmósfera claustrofóbica, tanto en la sala de interrogatorios como en el periplo de David por Nueva York en los días previos a su muerte, cámara en mano, tratando de captar las voces que habitan en su cabeza, tal como su psiquiatra le ha propuesto en la terapia. Intuyo que toda esta parte debe funcionar mucho mejor en pantalla que en el papel, donde no se capta del todo esa inquietud que nos deben transmitir las imágenes filmadas por David. También he tenido la sensación de que se dejan caer, de cuando en cuando, demasiados clichés propios del género de terror, que no acaban de casar con el ambiente de la novela, más propia del thriller psicológico. Como si la novela coqueteara con varios géneros sin terminar de decantarse por uno de ellos.

El ritmo resulta algo irregular, con un arranque potente, una parte central que pierde fuelle y un final muy dinámico pero que cae en la precipitación y en el que se acaban mezclando. a mi parecer, demasiados conceptos en poco espacio.

En líneas generales me ha parecido una novela correcta, sin grandes alardes literarios, en la que se nota que el objetivo último quizá no sea la novela misma, pero que agradará a los amantes del género de terror y la ciencia ficción.

jueves, 22 de diciembre de 2016

"La pareja de al lado", por Shari Lapena.

Hay títulos que desprenden, ya a primera vista, ése olorcillo a éxito editorial. Este que hoy os traigo es uno de ellos. De ésos que intuyes que se van a vender como rosquillas nada más poner los pies en las grandes superficies, en las que tendrán reservado un stand para ellos solitos. A partir de Enero, la vais a ver hasta en la sopa. Y además, con razón. Porque “La pareja de al lado” es un best seller con todas las de la ley.

Anne y Marco no son los padres perfectos. Ella vive sumida en una depresión post parto que la llena de culpa e insatisfacción. Él está cansado de todo. Y además dejan a su hija de meses sola en casa para asistir a una cena en la casa de al lado. Un monitor infantil y una visita, en turnos, cada media hora, alivian un poco el malestar, la irresponsabilidad. Pero a la vuelta, la cuna está vacía.

Todo eso en el primer capítulo. Ya veis que no hay demasiado espacio para respirar. La novela empieza con un ritmo brutal y no llega a decaer en ningún momento. Shari Lapena se vale del verbo en presente para imprimir fuerza y velocidad a la narración, sin descuidar en ningún momento el desarrollo de sus dos personajes principales, Anne y Marco, con los que se entretiene el tiempo suficiente para dibujarlos con precisión, tanto en lo psicológico como en lo emocional. Especialmente me ha gustado el personaje de Anne , por su complejidad y por lo que aporta en las últimas páginas. No os digo más.

O sí. Que cuando paséis a su lado os la llevéis con vosotros a casa, especialmente si os gusta el género. Y es que sin ser una novela especialmente negra, “La pareja de al lado” demuestra que el thriller puede vivir sin vísceras ni sexo, que la tensión psicológica bien llevada puede golpear más fuerte que el crimen más sofisticado. 

jueves, 15 de diciembre de 2016

"Sarna con gusto", por César Pérez Gellida.

De un tiempo a esta parte, y gracias sobre todo a mi incursión en la globosfera, he descubierto a una serie de autores a los que he acabado siendo fiel con cada una de sus publicaciones. Uno de esos descubrimientos fue César Pérez Gellida, a cuya primera trilogía llegué de casualidad, gracias a una colección de novela negra de El País y a mi obsesión por comprar libros baratos. Me ganó con su “Memento Mori” y le seguí a lo largo de su trilogía de “Versos, canciones y trocitos de carne”. Pero si aquellas me gustaron, esta que os traigo hoy mucho más.

Y es que “Sarna con gusto” es, ante todo, un gran salto. De César como autor, y de Ramiro como protagonista. El primero hacia adelante, el segundo hacia una trama que se prevé compleja e interesantísima y en la que, no tengo duda, nos sumergiremos en la segunda y tercera entrega. Mantiene la novela todas las bondades con las que ya nos conquistó antes César, pero aquí aparecen envueltas en una mayor madurez y complejidad, de contenido y narrativa, haciendo de "Sarna con gusto" una historia con más empaque, más arriesgada. Como ya ocurría sobre todo en "Consummatum Est", el autor nos muestra un magnífico manejo de la acción y la información, logrando que el lector no pierda nunca la tensión que le acompaña desde el primer asalto.

Pero para mí, sin duda, lo mejor de la novela, como ya me ocurrió con las otras, es la construcción que César hace de sus personajes. Me imagino que debe ser duro retomar a un personaje como Ramiro y hacérselas pasar canutas. Seguro que aunque no se nota, César le tiene cariño al pelirrojo. La cosa es que Ramiro mantiene el encanto que nos hizo encariñarnos con él hasta el infinito, y nos obliga a sufrir su inevitable caída al vacío. Junto a él, retomamos a los emblemáticos Olafur y Erika y a esos carismáticos secundarios que les acompañan.

Reconozco que lo he pasado mal leyendo "Sarna con gusto" y eso no es demasiado habitual en mí. Pero cuando uno se ha encariñado tanto con unos personajes y un estilo narrativo, es difícil ser objetiva ¿verdad? Yo no puedo más que recomendarla y pedirle a los Reyes la continuación. 

jueves, 13 de octubre de 2016

"Sé dónde estás", por Claire Kendal.

“Necesito creer que sólo en los periódicos los asesinos torturan a mujeres y ocultan sus cadáveres debajo de las tablas del suelo. No en la vida real.”

Este es uno de ésos libros que al descubrirlo en una reseña, capta inmediatamente tu atención. Me atrajo su portada, su argumento, y las buenas sensaciones que dejó en cierta bloguera, así que me hice con él y he comprobado que no me falló la intuición. Me ha gustado mucho, mucho, “Sé dónde estás”, de Claire Kendal.

Clarissa trabaja como administrativa en la universidad de Bath. Rafe Solmes, un profesor con cierta predilección por los cuentos de hadas, la invita a la presentación de su libro. Esa noche ambos acaban compartiendo copa y cama. A partir de ahí, la obsesión de Rafe se va tornando cada vez más exigente y enfermiza, y Clarissa decide llevar un diario en el que relata el acoso que sufre para acumular pruebas contra Solmes. Al mismo tiempo, Clarissa es convocada como jurado en un juicio sobre el secuestro y violación de una joven prostituta, con la que no podrá evitar identificarse de algún modo.

Supongo que ya podéis intuir que estamos ante una lectura incómoda. Lo es en todos los aspectos. La mayor parte de la narración son extractos del diario de Clarissa, en la que se dirige directamente a Rafe. Una narración en segunda persona a la que no estamos acostumbrados y que nos saca en volandas de la zona de confort. Y si nos centramos en el contenido, hablar de incomodidad es quedarse corto. Es imposible no meterse en la piel de Clarissa y sentir el creciente acoso al que Rafe la somete, no sentir su escalofrío cuando sale a la calle y sabe que hay unos ojos que la vigilan y una voz que la llama constantemente por su nombre. Y es inevitable entrar en ese juzgado y no ver en él el retrato de la tolerancia de nuestra sociedad para con la violencia de género.

Y todo ello sin abandonar la esencia del thriller psicológico, creando una atmósfera de creciente angustia, cada vez más perturbadora. Añade Kendal un toque metaliterario con las pequeñas píldoras de los cuentos de hadas que Solmes construye para Clarissa, creando un par de pasajes que me resultaron especialmente aterradores.

La prosa de Kendal se ajusta como un guante a la historia que nos quiere contar. La voz de Clarissa se mezcla de cuando en cuando con la del narrador omnisciente, ofreciéndonos cierta perspectiva y zambulléndonos de nuevo, casi de forma inmediata, en el universo de la protagonista y en su incómodo vocativo.

Merece la pena darle una oportunidad a esta novela debut y seguir los pasos de Claire Kendal, que nos invita aquí a una lectura que trasciende sus límites y que funciona como thriller, pero también como reflexión y crítica.

jueves, 6 de octubre de 2016

"Un lugar secreto", por Tana French.

Os traigo hoy una historia de ésas tan peculiares que, independientemente de cuánto  se hayan disfrutado, uno nunca se atreve a recomendar a otro lector. Una novela extraña, densa, inquietante y terriblemente pausada que no resulta apta para los amantes del thriller al uso, ni para los devotos de la novela negra clásica, pero que sin embargo, puede satisfacer a ambos.

“Un lugar secreto” es la quinta entrega de la saga Dublin Murder Squad, aunque todos los volúmenes se pueden leer de forma independiente y aleatoria. En esta ocasión nos reencontramos con algún viejo conocido para los fieles de la autora irlandesa, que llena su narración de guiños a las entregas anteriores sin despistar, a un tiempo, al lector novel.

Un lugar secreto, un tablón de anuncios en el que las alumnas del St. Kilda cuelgan cuchicheos, temores, confesiones. Y de repente, un día, una frase. “Sé quién lo mató”. Cuando casi nadie se acordaba ya de la muerte de Chris, uno de los chicos más populares del instituto, el detective Stephen Moran se ve obligado a retomar el caso. Lo hará junto a Antoinette Conway, una mujer de carácter que no se deja avasallar por el machismo imperante en el departamento de Homicidios. Ambos se tendrán que adentrar en la asfixiante atmósfera del St. Kilda, un colegio para niñas ricas que se rige por unos códigos desconocidos para ellos.

Calificar “Un lugar secreto” como una novela de suspense, o como una novela negra, o como cualquier otra cosa, sería simplista e insuficiente. Tana French nos entrega una amplísima amalgama de personajes y va poniendo el foco sobre cada uno de ellos, a través de los interrogatorios de los detectives Moran y Conway y de los recurrentes viajes al pasado a través de los recuerdos de las chicas del St. Kilda.

Lo más llamativo, la característica más marcada, es esa atmósfera tan cerrada que nos propone French. Todo ocurre en el internado y en sus alrededores, en esa pequeña burbuja se crea un universo alternativo en el que la lealtad, la amistad y el amor se rigen por unas normas que no pueden entenderse desde fuera. Y dentro de ese mundo denso y complejo, la narración se escurre con excesiva lentitud. Quizá ese ritmo sea el que más espante a muchos lectores. Las más de setecientas páginas de la novela transcurren en apenas un día, por lo que no estamos ante una historia precisamente ágil o trepidante.


Los que ya hayáis leído a French sabéis cómo se las gasta, cómo invierte páginas y tiempo en dibujar con mimo a cada uno de sus personajes. Aquí, vuelve a explorar su psicología hasta la extenuación. El mayor hándicap es que en “Un lugar secreto”, la galería es tan amplia que puede terminar haciéndose farragosa, lenta y aburrida. No ha sido mi caso, quizá porque me gusta cada vez más este estilo de thriller que invita a la pausa, a leer despacio y a prestar cierta atención para no perderse en la inmensidad. No es una novela, como dije al principio, que me atrevería a recomendar, y está solo en vuestra mano decidir si es o no para vosotros.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

"El tribunal de las almas", por Donato Carrisi.

Hubo en tiempo en el que le dabas una patada a una piedra, y aparecía debajo una novela de Dan Brown. Tras aquella, llegó otra época en la que era tarea imposible encontrar un libro que no estuviera protagonizado por algún avezado investigador enredado en una trama imposible con la Santa Madre Iglesia. Por aquel entonces yo eran joven e ingenua. Acababa de descubrir que había sitios con muchos más libros de los que cabían en la pequeña librería del pueblo del que acababa de salir. ¿He dicho ya que era joven e ingenua? Me metí entre pecho y espalda decenas de títulos por el estilo, hasta que los masones se me salieron por las orejas. Acabé tan empachada que me juré que nunca más volvería a pecar. Pero llegó Carrisi…

Me resistí bastante, lo reconozco. Pero caí. La culpa la tuvieron el montón de reseñas que salieron tras la publicación de su última novela, “El cazador de la oscuridad”. Me dejaron con tantas ganas que decidí darle una oportunidad a la saga protagonizada por Marcus, el sacerdote capaz de ver en las tinieblas. Y así me hice con el primer libro de lo que será, dicen por ahí, una pentalogía. Ahí, por la puerta grande. Para colmo de males, me ha encantado y tendré que seguir leyendo.

“El tribunal de las almas” es un thriller hipnótico, que te atrapa desde las primeras páginas y que te deja sin resuello a base de giros imposibles. Cuando crees que has comprendido algo, Carrisi se saca un as de la manga que no habrías visto venir ni en un millón de años. El mérito es todo del autor, que como buen narrador que es, dosifica la acción y la intriga con tino, manejando a la perfección los tiempos y la tensión, creando una sensación de tensión constante de la que es difícil escapar. Literalmente cuesta cerrar el libro, desconectar y ponerse a otra cosa. Uno sólo quiere seguir leyendo y que lo dejen en paz.

El otro gran acierto de Carrisi es el desarrollo de sus personajes, no sólo de sus protagonistas, sino también del resto. Me ha gustado especialmente la figura del enigmático Clemente, que dirige las acciones de un Marcus desorientado y amnésico, y la del misterioso agente de la Interpol al que me encantaría volver a ver en el futuro. Carrisi construye con solvencia unos personajes complejos que se mueven entre la sombra y la luz, que tienen sus bondades y demonios. Ahonda en la psicología del mal, en su origen y en la forma en que el ser humano es capaz de realizar las hazañas más loables o de cometer los crímenes más atroces. ¿Está el mal dentro de nosotros, forma parte de nuestra naturaleza? ¿El asesino nace o se hace?

El encuadre de la historia mejora aún más el conjunto. La ciudad de Roma se dibuja como un lugar sombrío, lleno de misterios y leyendas, poblado de rincones de insólita belleza que esconden significados ocultos y mucho menos agradables. Me ha encantado visitar la ciudad de la mano de Carrisi.


A resumidas cuentas, un thriller de obligada lectura para los amantes del género, bien escrito, bien documentado y con unos personajes de los que se quedan con uno hasta mucho después de haber cerrado sus páginas.

jueves, 7 de julio de 2016

"Nunca es tarde para morir", por Pablo Palazuelo.

Si ya es difícil sentarse a reseñar una novela que no te ha gustado, y de la que poco bueno puedes contar, más resulta todavía cuando te pilla en medio de una crisis lectora que no sólo consiste en no conectar con ningún libro que cae en mis manos, sino que también incluye una absoluta desmotivación al respecto y una incapacidad manifiesta para reseñar que espero que me sepáis perdonar. Hoy me tocaba hablar de “Nunca es tarde para morir”, de Pablo Palazuelo. A ver cómo lo hago.

Debo decir en mi defensa que con un esfuerzo considerable, llegué casi hasta la página doscientos. Y no encontré en ellas nada que llamara mi atención, más allá de las primeras páginas de ese poderoso prólogo en El Ártico. De vuelta en Nueva York, me encontré con una galería de personajes poco definidos, sin fuerza ni gancho, demasiado parecidos unos a otros. Me encontré con una chica de ojos verdes que quizá tendría su atractivo en pantalla grande, pero que no resulta tan provocadora desde el papel. La ambientación se me antojó excesivamente sórdida, demasiados contenedores, demasiados callejones, demasiados suburbios. Todo ello contribuyó a que la narración me pareciera lenta, farragosa y poco atractiva, aderezada con unos diálogos flojos, poco creíbles e incoherentes con los personajes que se los ponen en la boca.


La paciencia no me dio para alcanzar ese punto de inflexión, al que otros muchos  lectores sí llegaron, en el que la novela coge ritmo y te atrapa. No sé si en otro momento lo habría conseguido. Reconozco mi parte de culpa. Pero debo decir que esta no es, tampoco, ni de lejos, la mejor novela negra que cacarea ser. Que la publicidad excesiva, las opiniones que escriben nuestros amigos, las estrellas al montón también han perjudicado una lectura a la que quizá me debía haber acercado con otras expectativas.