En mayo de 1940, el ejército alemán invadió los Países
Bajos. A partir de ese momento, la población hebrea fue prácticamente
aniquilada. Murieron las tres cuartas partes de los judíos holandeses. A pesar
de ello, la población nunca renunció a su derecho a ser héroes. Entre los
estudiantes, muchos de ellos aún niños, se gestaron numerosos grupos que
colaboraban de forma activa con la resistencia. En “La chica del abrigo azul”,
Monica Hesse intenta recrear a través de sus personajes a aquellos muchachos,
especialmente el Grupo de Estudiantes de Amsterdam, universitarios que se
dedicaron a rescatar niños de las garras de los nazis.
Hanneke se dedica a comprar y vender en el mercado negro, a
escondidas de sus padres. El ejército alemán ha invadido Amsterdam y unos pocos
cigarrillos o unos gramos de chocolate son un preciado tesoro. Un día, una de
sus clientes le hace un encargo distinto: localizar a una chica judía, que
hasta ahora vivía oculta en su despensa, y que ha desaparecido sin dejar
rastro. A partir de ese momento, Hanneke se obsesiona con la chica del abrigo
azul, y moverá cielo y tierra para encontrarla.
Creo que el planteamiento de la novela de Monica Hesse era
difícilmente mejorable. El Holocausto, con todo lo que conllevó, es un período
histórico que no conviene olvidar y que siempre ha actuado como magnífica
ambientación para narrar historias, reales o ficticias. Aquí, la autora se vale
de las primeras para crear a unos personajes que podrían haber existido, o que
lo hicieron de alguna manera. Hanneke, Ollie, Mina… todos ellos adolescentes
que se jugaron el tipo para boicotear al ejército nazi. Unos repartían
panfletos, otros capturaban imágenes a escondidas y los más osados, rescataban
a otros de los centros de deportación, especialmente a los niños.
Es una pena que Hesse no se atreviera a llevar su historia
hasta las últimas consecuencias. Porque a pesar de todo, no consigue capturar
la dureza de lo que nos está contando. Su prosa es correcta, pero quizá
demasiado amable, y todo el conjunto tiene un aire a novela juvenil que aquí no
encaja. Todo resulta demasiado tibio. No me entendáis mal, ya todos conocemos
los horrores de esta guerra, no necesito ahondar en ellos. Pero me gusta
creerme lo que leo, y en este caso, no lo he conseguido.
Así pues, en definitiva, ¿me ha gustado la novela? Sí, en su
planteamiento, y no, en su forma de desarrollarla. Me habría gustado un poco
más de nervio, que la autora se hubiese arriesgado a llevar a sus personajes
unos pasos más allá y les hubiese imprimido algo más de carácter en sus
palabras y actos, no sólo en su descripción; y sobre todo, que hubiese
prescindido de los aires románticos que soplan de vez en cuando y los hubiera
cambiado por un narración más pegada a la realidad que se debió vivir aquellos
días en las calles de Ámsterdam.


