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miércoles, 2 de marzo de 2016

"Una pasión rusa", por Reyes Monforte.

“¿Qué sería de los sueños si la gente fuese feliz?”

“Una pasión rusa” juega a los contrastes desde su título, combinando la adjetivación siempre ardiente de la pasión y el frío atroz de las tierras rusas. Así funciona la novela, tintes de luz y pasajes sombríos, belleza y atrocidad conviven en las páginas de la biografía novelada de Lina Codina que escribe Reyes Monforte, una autora con la que me he encontrado aquí por vez primera. Estructurada en cuatro partes, de Nueva York a El gulag, pasando por la luminosa París y la opresiva atmósfera del Moscú comunista, Monforte sigue los pasos de Lina Codina, reconvertida en Lina Prokofiev al casarse con el genial compositor ruso.

Cuatro partes que han creado en mí sensaciones muy distintas. Confieso que al comienzo me deslumbró el exceso de luz y champán, que me produjo cierta incredulidad el amor incipiente entre Lina y Serguei, que no llegaba a conectar del todo con una historia que me parecía que estaba bien escrita, sin más.

 El traslado a París y el carácter cada vez más difícil de Prokofiev caldearon un poco mi relación con la novela, aderezada con visitas al Le Boeuf sur le Toit, las referencias a la vanguardia artística, la aparición de Kiki de Montparnasse y Coco Chanel… Seda, champán, abrigos de piel y ésa inenarrable sensación de libertad del París de los años veinte me conquistaron casi del todo. Quizá eché de menos que la presencia de ciertos personajes fuese más allá de la mera anécdota (Chaplin, Picasso…), como si aquellos nombres estuvieran ahí sólo como adorno, como reclamo, nada más.

 La atmósfera de la novela se transforma con la llegada de la familia Prokofiev a Moscú. No quisiera ir más allá, no vaya a ser que alguien sienta que estoy contando demasiado. Pero aquí jugamos de nuevo a los contrastes, y la atmósfera de libertad imperante en París se transforma aquí en pura opresión, en miedo, en caminar por la calle girando la cabeza constantemente y hablar siempre en voz baja. Se acabaron el champán y el visón. Aquí se puede leer la mejor versión de “Una pasión rusa” y de la prosa de Reyes Monforte, con la narración de la debacle emocional de Lina.

Una debacle que continúa en la cuarta parte, cuyo título ya es lo suficientemente elocuente, y que me gustó casi tanto como la anterior, a excepción de alguna referencia final donde he intuido, de forma demasiado evidente, el ideario personal de la autora.

Como veis, me gustó en líneas generales "Una pasión rusa", y me gustó aún más conocer a Lina Prokofiev, una mujer con un carácter y una fortaleza que ya quisiera yo para mí. A pesar de algún altibajo en el ritmo narrativo, la novela se lee con agrado y gustará a los amantes del género histórico, pero también a aquellos que simplemente buscan buenas historias.

sábado, 26 de diciembre de 2015

"Lo que mueve el mundo", por Kirmen Uribe.

- […] En mi opinión, lo que importa es algo que no aparece en el texto, que está entre líneas. 
- ¿El encanto? 
- Yo no usaría esa palabra. Prefiero llamarlo impulso. Cuando en un libro detectas la presencia real del autor, cuando sabes que nadie te podrá contar esa historia mejor que él, cuando no puedes dejar de escuchar su voz…[...]


Encanto e impulso, ambos están muy presentes en esta versión novelada de la vida del intelectual Robert Mussche contada por Kirmen Uribe. Y sobre todo, está la permanente sensación de que nadie podría contar esa historia como lo hace él.

No conocía la figura de Mussche, apenas sabía nada de ésos niños vascos que acabaron en un barco rumbo al exilio allá en mayo de 1937 en busca de un lugar mejor y, sin embargo, me encontré con este libro entre las manos. A veces son ellos los que nos encuentran. Del mismo modo que fue la figura de Robert Mussche la que se cruzó, casi por azar, con el autor vasco; de ésa misma forma casual, tonta, “Lo que mueve el mundo” me acompañó a lo largo de una noche especialmente larga, en vela obligada. Y no sabéis cuanto bien me hizo…

Tras el bombardeo de Gernika, miles de niños vascos salieron del puerto de Santurce rumbo a Europa. Así llegó la pequeña Carmen a la vida de Robert Mussche, alterando su pacífica existencia. Y tanto le marcó que llamaría también Carmen a su hija biológica, nacida años después, y que nunca llegó a conocer a su padre. Es ella la que aporta a Uribe los instrumentos necesarios para que él novele la vida del intelectual, el luchador, el padre, el amigo, el compañero ausente. Desde la llegada de Carmen hasta el infierno del campo de concentración, la prosa de Uribe narra la historia de Mussche con una sensibilidad fuera de lo común, llenando de luz incluso los pasajes más tristes y aterradores que os podáis imaginar. Dotando de belleza a lo horrible, obligándote a parar a respirar…

“Lo que mueve el mundo” es una novela triste y hermosa a partes iguales, esperanzadora a pesar de la pena,  obligada para aquellos que saben disfrutan del simple acto de leer y enredarse en las palabras, para los que saben dejarse llevar por las letras. En la novela de Uribe se habla del amor, de la ausencia, de ésas cosas grandes de la vida, pero de forma sencilla, íntima, como si te las contaran al oído.  Ojalá siempre hubiera alivios tan efectivos para las noches en vela…

miércoles, 3 de diciembre de 2014

"La ridícula idea de no volver a verte", por Rosa Montero.

A veces (tengo) la idea ridícula de que todo esto es una ilusión y que vas a volver. ¿No tuve ayer, al oír cerrarse la puerta, la idea absurda de que eras tú?

Es Marie Curie la que escribe esas palabras. La Marie Curie desconocida para el mundo. La que según sus propias palabras, aúlla como un animal salvaje, comida por el dolor tras la muerte de su marido Pierre.

La ignorancia es atrevida. ¿Sabéis quién era para mí Marie Curie antes de leer ésos retazos de su diario? Era una señora estirada, muy seria, vestida de negro. Una mujer sin más pasiones que el radio y el polonio, casada con un hombre igualmente frío, habitantes ambos de un laboratorio inhóspito. Sin hogar, sin más vida que su trabajo, partícipes de un matrimonio aséptico.

En un fuego enorme arrojo los jirones de tela recortados con los grumos de sangre y los restos de sesos. Horror y desdicha, beso lo que queda de ti a pesar de todo.

“La ridícula idea de no volver a verte” ha puesto patas arriba mi visión de la primera mujer que ganó un Nobel, la única que lo ha logrado en dos ocasiones. El diario que Marie Curie escribe tras la muerte de Pierre, atropellado por un carruaje, es dolor en un estado tan puro como el del radio que logró obtener. Es un dolor inconcebible, incomprensible, que rompe los esquemas de una mujer que había sido capaz de luchar contra todo pero que se encuentra desarmada e incapaz de manejar su nueva situación. Más allá de la pérdida, es el relato de una mujer tremendamente apasionada y vulnerable.

¿Qué aporta la autora Rosa Montero a todo esto? Mucho, objetivo y subjetivo. Dibuja con eficacia, por un lado, una biografía de la científica polaca desde su infancia hasta su muerte en 1934, prestando especial atención al contexto histórico y social en el que Marie Curie desarrolló su labor. Un mundo regido por hombres en el que no era corriente que una mujer despuntara en los terrenos que ella transitaba.

Aporta también Rosa Montero algo de ella misma, de su propia biografía, y trata de enlazar, unas veces con más tino que otras,  la pérdida de Marie con la suya propia tras el fallecimiento de su marido. No seré yo quien diga que los sentimientos de la autora son menos importantes que los de la Curie, pero es que ella misma confiesa que no es amiga de exhibirse, por lo que da la sensación de que su relato queda algo opaco, descafeinado. Sobre todo si lo comparamos con la exarcebada pasión y el desgarro  que se leen en el diario de Marie Curie.

Es una lástima que a ratos, Rosa Montero, a pesar de su agradable prosa, se vaya por los cerros de Úbeda con todo el equipaje. En su retrato de la época, y en su intento de enlazarlo con la sociedad de hoy, a la autora se le va la mano con el machismo, el feminismo y sus propios demonios. Y todo ello aderezado con una serie de hastag, cuyo propósito desconozco pero que me parece que están totalmente fuera de lugar con el tono y la historia que se nos está contando.

¿Hay que leerlo? Sí. Marie Curie lo vale. Sólo por sus palabras, escritas de primera mano en su diario, hay que echarle un vistazo. Al fin y al cabo, ella es el alma de estas páginas.