En 1962, Jamie Morton
tiene seis años cuando se cruza por primera vez con la imponente figura del
pastor Jacobs. Ambos compartirán juegos, catequesis y experimentos. En los años
posteriores, un Jamie destrozado por las drogas y un Charles Jacobs dedicado a
la religión como espectáculo se reencontrarán de forma intermitente, como si de
alguna forma estuviesen destinados a ello.
“Revival” es una novela
ciertamente intimista, nostálgica y más larga de lo que debiera ser. Le ocurre
a menudo a King, que cada vez más, será cosa de la edad, tiende a
recrearse en lo accesorio. Aquí sólo hay
dos personajes, el pastor Jacobs y Jamie Morton, y sobre ellos dos se sustenta
la historia. El resto es puro atrezzo. Quizá por eso, el autor se entretiene en
su creación, en su pasado y su presente, en que comprendamos sus
circunstancias. Y a veces, especialmente en la parte central de la novela, uno
tiene la sensación de que King mete paja.
Un relleno para volver a recordarnos que
cualquier tiempo pasado fue mejor.
Tampoco es la primera vez
que se mete King en el jardín de la religión. Siempre lo hace desde una óptica
profundamente aterradora, desde la exacerbada fe de la madre de Carrie hasta el
fanatismo in crescendo de “La Niebla”, a King le gusta exhibirla como una lacra
que nos destruye y nos hace, sin duda, peores. Aquí se atreve a cuestionarla
desde la base, poniendo la voz del pastor el llamado Sermón Tremebundo, y
después nos ofrece la versión más mediática de la fe, la religión reconvertida
en espectáculo de feria. Sanaciones, imposiciones de manos, personajes creados
al servicio de un consumidor desesperado.
Y todo ello desemboca en
una permanente inquietud. Esa es la sensación primera que deja “Revival”. Es
incómoda, a ratos tediosa, pero sobre todo, lo que predomina por encima del
resto, es la sensación de que algo va a ocurrir y no te va a gustar.














