Ocurre a veces que los
astros caprichosos se alinean de tal forma que ocurre un hecho
extraño, si no excepcional, cuando menos insólito o poco corriente. También
ocurre con los libros, no con ellos como seres de páginas y pastas duras y
blandas, sino en nuestra relación con ellos. Y encontramos algo que se sale de
lo acostumbrado. Quizá no mejor, ni peor, sólo distinto. “La trampa” de Melanie
Raabe es una extraña y acertada confabulación de los elementos para traernos un
thriller que cumple las normas de uso del género pero que viene aderezado con
ése algo más del que casi siempre carece.
Quizá mucha culpa la
tenga la saturación del género negro. Hoy en día las líneas se difuminan y el
thriller psicológico, el más puro, se mezcla con novela negra, distopías,
thrillers venidos de otras vertientes, unas apocalípticas, otras políticas,
otras más clásicas. Y quizá por culpa de esta súper población, nos hemos
empeñado en adjetivar al thriller siempre del mismo modo. Ni uno se sacude el
sambenito de la adicción y las prisas. Trepidante, vertiginoso, adictivo. Qué
mareo.
En “La trampa”, la
escritora Linda Conrads se erige como un completo misterio para prensa y
lectores. Vive recluida en una casa aislada, no concede entrevistas, no asiste
a fiestas o actos literarios. Se ha dicho de casi todo sobre ella, pero nadie
adivina que Linda vive sumida en un terrible shock post traumático causado por
el asesinato de su hermana once años atrás. Y un buen día, su vida se pone
patas arriba cuando reconoce en televisión al asesino de Anna, el famoso
periodista y corresponsal televisivo Victor Lenzen.
Como veis, nada que se
salga de lo convencional en cuanto a argumento.
O quizá sí, porque la narración que Melanie Raabe hace en algunos
pasajes del estado emocional de Linda me ha resultado, cuanto menos,
interesante. Es difícil, sumamente difícil, entrar en la mente de alguien
paralizado por el miedo y por la conciencia de ésa misma parálisis. Un bucle
infinito, complejo, del que es imposible salir. Ni cuando se duerme.
Mis sueños siempre comenzaban
alegres y luminosos, pero tarde o temprano, al principio de forma
imperceptible, muy paulatina, se teñían como un papel secante sumergido en
tinta negra. En la selva les hojas caían y los animales enmudecían. El cristal
multicolor de pronto era afilado y cortaba los dedos, el cielo se cernía en
tonos burdeos.
También aparece el juego
literario de la novela dentro de la novela. Y así, la narración de Linda en
primera persona se intercala con los pasajes de su nueva publicación, en la que
narra, a través de Sophie, su alter ego literario, lo ocurrido años atrás con
su hermana y la posterior investigación que la policía llevó a cabo. Cierto es
que en algún momento, los fragmentos de la novela rompen con el ritmo de la
línea principal, en una especie de brutal coitus interruptus, de ésos que te
dejan con ganas de gritar palabras muy muy feas. Pero Raabe juega bien sus
cartas y logra una buena dinámica entre ambas partes, que se complementan con
acierto.
A pesar de ello es una lectura intensa y ligera a un tiempo, de las que absorben y paralizan el reloj, de las que te piden leer un poquito más. Sustentada en dos perfiles interesantes y con cuerpo, "La trampa" es una buena lectura para evadirse y jugar a ponerse del lado de uno u otro personaje. Tú, ¿con quién irás?






