Llegué a “La fábrica de
las sombras” después de haber leído, muy poquitos días antes, “El faro del
silencio”. Disfruté mucho de la primera novela protagonizada por la escritora
Leire Altuna, así que me apetecía repetir. Por otro lado, jugaba en mi contra el
hecho de que me pudiera saturar al tratarse de dos novelas muy similares en su
estructura y desarrollo, algo que no suelo hacer habitualmente.
En los arcos de la Real
Fábrica de Armas de Orbaizeta, aparece colgando el cadáver de Saoia
Goinetxe, la joven historiadora al frente de la rehabilitación del lugar para
convertirlo en un lugar de atractivo turístico. Lo que al principio parecía un
suicido, pronto se revela como un asesinato en el que cualquiera de los
habitantes del lugar pueden estar implicados. Ane Cestero, la agente de la
ertainzta que ya conocimos en el caso del Sacamantecas, pedirá ayuda a Leire
para esclarecer el crimen.
En esta ocasión, Ibon
Martín nos traslada a Navarra, a la población de Orbaizeta. Tal como hiciera
con Pasaia en su anterior novela, la ambientación vuelve a ser lo más
destacable. El autor juega con sonidos, olores y descripciones muy logradas que
consiguen transportarte a esa gélida, turbadora, Real Fábrica de Armas de
Orbaizeta y alrededores. De igual modo, consigue dotar a la pequeña población
donde se desarrolla la trama de una atmósfera tremendamente opresiva, más
propia del terror gótico que del género negro que frecuentamos habitualmente.
Un lugar pequeño, aislado, donde todos esconden traumas y secretos familiares que
nadie quiere sacar a la luz. Acierta también el autor al añadir referencias a
los seres mitológicos de la tierra navarra, muchos de los cuales ya nos
resultan familiares a los que leímos la Trilogía del Baztán. Me ha gustado
toparme de nuevo con el basajuan o las lamias, su presencia redondea la
recreación de los bosques y la selva de Irati, dotándola de una agradable dosis
de realismo mágico.
La novela se lee con
agrado gracias al buen ritmo que el autor imprime a su narración, con una buena
dosificación de la acción, revelando lo necesario y manteniendo la intriga a
través de las dos líneas temporales que se van alternando. Sí que es cierto que
en la parte central hubo algún capítulo que me resultó algo tedioso y algún
evento demasiado previsible, pero la sensación final es positiva. Me ha
parecido también muy acertada la forma de resolver la historia, a excepción de
algún momento final de película que solemos encontrar siempre de cara al
desenlace y que creo que no es siempre
necesario.
Ibon Martín vuelve a
dejarme buenas sensaciones. El autor repite con la fórmula que tan bien
funcionaba en “El faro del silencio”: trama compleja, armada en dos líneas
temporales; amplísima galería de personajes que se prestan a sospechar de
ellos; una ambientación logradísima y al frente, Leire Altuna y Ane Cestero,
dos chicas listas de las que, sospecho, volveremos a saber pronto.






