Por muchos libros que uno lleve leídos, los hay que no aprendemos. Y otra vez me vuelve a pasar, o tal vez sea sólo una forma de buscar una excusa, pero las expectativas me la han jugado a lo grande con esta "Phobia" del alemán Wulf Dorn, una novela que tenía muchas ganas de leer y que no me ha dejado grandes sensaciones.
Y es que "Phobia" tiene un arranque tan bueno, tan brutal, que es difícil que no acabe, tal como ocurre, desinflándose como un globo. El primer capítulo se desarrolla en la penumbra del cuarto de una madre que consuela a su hijo después de una pesadilla. Algo tan sencillo, tan banal, y que sin embargo, logra transmitir una enorme sensación de angustia y malestar. Dorn juega a inquietar al lector haciéndole dudar de prácticamente todo lo que sucede, sin que en ningún momento podamos discernir cuánto hay de miedo o pesadilla, y cuánto de realidad.
Sin embargo, a partir de ahí la trama se diluye rápidamente. La química entre ambos protagonistas es nula, y su carrera contrarreloj previsible, avanzando con golpes de efecto que no acabaron de funcionar conmigo. Y es que la trama, a partir de ese gran inicio, se encamina cuesta abajo y sin frenos hasta un final que no me acabó de gustar, ni en la forma en que está narrado ni en la explicación final de las motivaciones del antagonista, que me parecieron demasiado descabelladas y poco creíbles.
Otro aspecto que me ha dejado un regusto bastante extraño tiene que ver con algo que le ocurre al protagonista casi al principio de la novela, cuando visita la que fue la casa de su mentor en la universidad. No sé si la intención del autor será retomar esto más adelante, en otra novela, y fui yo la que no entendió nada, pero lo que allí ocurre no vuelve a mencionarse en ningún momento y no he sabido encajarlo en el resto de la historia.
No sé si no elegí un buen momento para leerla y por eso no he terminado de conectar con ella, pero "Phobia" no ha pasado de ser una novela entretenidilla para pasar el rato, sin más. Y lo cierto es que esperaba más inquietud, más misterio, un poco más de "chicha". Así que me quedo con la duda de si debería seguir leyendo al autor, del que tan buenas reseñas he leído.
jueves, 24 de noviembre de 2016
jueves, 17 de noviembre de 2016
"Patria", por Fernando Aramburu.
Me ha conmovido “Patria” de una forma poco común. Ha sido
una especie de catástrofe invisible, sin destrozos ni lágrimas ni nada que se
le parezca. Tan silenciosa y cotidiana que creo que es precisamente eso lo que
hace especial esta novela de Fernando Aramburu, que está consiguiendo que todo
el mundo la lea, la compre y hable de ella. Y con razón.
“Patria” es la historia de dos familias, que una vez fueron
una, y a las que distanció su distinta forma de entender el mundo. Así lo
cuenta Aramburu, así nos lo hace ver. Desde esa premisa tan simple, recorremos
las dos vertientes de una misma historia, la del pueblo vasco, la de oprimidos
y opresores, que a veces se identifican con la idea que tenemos de ellos, y
otras tantas no. Y lo cuenta no desde el panfleto, el grito, la reivindicación
o el odio, que sería lo fácil. Sino que narra desde la intimidad de la cocina
de Miren, desde el cuarto donde el Txato
duerme su última siesta, desde la cama de la celda de Jose Mari, por donde se
atisba un pedazo de cielo.
“Patria” es una novela larga e intensa, dos factores que
pueden repelerse o como aquí, amoldarse para conformar una novela con
mayúsculas, que discurre en vaivenes que nos llevan de delante atrás y vuelta
para adelante, de la casa de Bittori a la de Miren y de allí al pisito donde
Gorka huye del miedo y la represión, la celda en la que Jose Mari engorda su
odio por miedo a verlo morir, y de allí vuelta a la casa de Miren, al espejo
donde Arantxa se ve vieja y enferma y aún así, decidida a mirar hacia adelante.
No son demasiados los personajes que sostienen “Patria” pero sí son todos ellos
importantes porque en cada cual vive una forma de abordar el conflicto vasco
desde dentro de cada uno: huir, gritar, asumir, callar, luchar, morir.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
"La carne", por Rosa Montero.
Me voy familiarizando con Rosa Montero, y reconozco que cada
vez me gusta más su forma de narrar, su peculiar sentido del humor y lo mucho
que hay de ella misma en cada una de sus historias. En “La carne”, su última
novela, conocemos a Soledad, solitaria como su nombre indica y sexagenaria,
entendido esto último como una tremenda tragedia. Y para plantar batalla a
todas sus calamidades, se le ocurre recurrir a Adam, un chico de compañía con
la mitad de años y casi tantos frentes abiertos como ella. Sus caminos se
cruzan por primera vez en una noche de ópera y se entrelazan de forma
inevitable.
“La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo
que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir. Y el momento
justo de la acción es tan confuso, tan resbaladizo y tan efímero que lo
desperdicias mirando con aturdimiento alrededor.”
Son poco amables los personajes que dibuja Rosa Montero y
que llevan prácticamente todo el peso de la historia. Soledad es superficial,
infantil a veces, insoportable. Adam, extranjero en tierra extraña, puto de
profesión. No están hechos, ninguno de ellos, para que el lector empatice con
ellos. Y sin embargo, es imposible no encariñarse de algún modo con esa
sexagenaria que se niega a dejar caer sus carnes, con esa mujer que moriría de
soledad antes que llevarse a la cama a un señor de su edad. Y con ese Adam del
que es mejor que yo no os cuente nada, porque así me lo pide Rosa Montero al
final de su novela, pero por el que uno también acaba sintiendo algo que no
esperaba sentir en modo alguno.
Lo mejor de “La carne” es el sentido del humor que la autora
imprime a su historia, que al final no deja de ser una trama ligerita, sin
grandes giros ni sorpresas, pero que se lee con agrado y con una sonrisa en los
labios, si es que uno es capaz de tolerar ese toque agrio y mordaz, y si somos
capaces de comulgar con la visión que Montero nos ofrece del amor, del sexo y
el paso del tiempo, con sus implicaciones.
“El cuerpo era una cosa tremenda, en efecto. La vejez y el deterioro se
agazapaban de manera insidiosa ya menudo el interesado era el último en
enterarse, como los cornudos del teatro clásico.”
jueves, 20 de octubre de 2016
"La habitación de los niños", por Valentine Goby.
Estará sin duda “La habitación de los niños” entre mis
mejores lecturas de este año. Después de una larguísima temporada huyendo de
las novelas históricas encuadradas en el Holocausto, con la sensación de que
está casi todo contado al respecto, esta novela de Valentine Goby me descubre
que aún nos queda mucho que aprender y recordar.
Mila, una joven militante de la Resistencia francesa, es
deportada al campo de concentración de Ravensbrück. Como el resto de
prisioneras políticas, sabe que no será condenada a muerte, pero ignora todo
sobre el futuro que le aguarda, a ella y a la criatura que nadie sabe que
guarda en el vientre.
“Cada noche repite el día, el día se vive dos veces, pues, vuelve a
vivirse por la noche, y cada nuevo día es semejante al anterior. Se pierde así
toda noción el tiempo, de sus rupturas en el mundo de fuera, fuera del campo,
el campo es un día sin fin que dura toda la noche y todos los días sucesivos,
un largo día sin costuras infectado por imágenes de muerte.”
Hay varios aspectos de “La habitación de los niños” que la
hacen especial. Lo es, sobre todo, por la bellísima prosa de su autora. Es
tarea difícil escribir sobre el horror y que tu narración resulte hermosa, y lo
consigue con aparente facilidad Valentine Goby. Desde los paisajes hasta los
sentimientos más íntimos de las mujeres que pueblan Ravensbrück, todo está
contado con intensa belleza. La prosa de Goby resulta cuidada, pulida y bonita.
Sí es cierto que hay abundancia de palabras en alemán, que la dotan de cierta
dureza y que contribuyen a la inmersión del lector, que siente con Mila el
desconcierto y la incomprensión a la que ella se enfrenta.
“El campo es una lengua. Esa noche y los días sucesivos surgirán
imágenes que no tendrán nombre, como tampoco lo tenía el campo la noche de su
llegada, como tampoco tienen nombre todavía las formas a los ojos de un recién
nacido”.
No es una lectura fácil, ni agradable, ni cómoda. Y sin embargo es necesaria, obligatoria, valiente e incluso esperanzadora.
jueves, 13 de octubre de 2016
"Sé dónde estás", por Claire Kendal.
“Necesito creer que sólo en los periódicos los asesinos torturan a
mujeres y ocultan sus cadáveres debajo de las tablas del suelo. No en la vida
real.”
Este es uno de ésos libros que al descubrirlo en una reseña,
capta inmediatamente tu atención. Me atrajo su portada, su argumento, y las
buenas sensaciones que dejó en cierta bloguera, así que me hice con él y he
comprobado que no me falló la intuición. Me ha gustado mucho, mucho, “Sé dónde
estás”, de Claire Kendal.
Clarissa trabaja como administrativa en la universidad de
Bath. Rafe Solmes, un profesor con cierta predilección por los cuentos de
hadas, la invita a la presentación de su libro. Esa noche ambos acaban
compartiendo copa y cama. A partir de ahí, la obsesión de Rafe se va tornando
cada vez más exigente y enfermiza, y Clarissa decide llevar un diario en el que
relata el acoso que sufre para acumular pruebas contra Solmes. Al mismo tiempo,
Clarissa es convocada como jurado en un juicio sobre el secuestro y violación
de una joven prostituta, con la que no podrá evitar identificarse de algún
modo.
Supongo que ya podéis intuir que estamos ante una lectura
incómoda. Lo es en todos los aspectos. La mayor parte de la narración son
extractos del diario de Clarissa, en la que se dirige directamente a Rafe. Una
narración en segunda persona a la que no estamos acostumbrados y que nos saca
en volandas de la zona de confort. Y si nos centramos en el contenido, hablar
de incomodidad es quedarse corto. Es imposible no meterse en la piel de
Clarissa y sentir el creciente acoso al que Rafe la somete, no sentir su
escalofrío cuando sale a la calle y sabe que hay unos ojos que la vigilan y una
voz que la llama constantemente por su nombre. Y es inevitable entrar en ese
juzgado y no ver en él el retrato de la tolerancia de nuestra sociedad para con
la violencia de género.
Y todo ello sin abandonar la esencia del thriller
psicológico, creando una atmósfera de creciente angustia, cada vez más
perturbadora. Añade Kendal un toque metaliterario con las pequeñas píldoras de
los cuentos de hadas que Solmes construye para Clarissa, creando un par de
pasajes que me resultaron especialmente aterradores.
La prosa de Kendal se ajusta como un guante a la historia
que nos quiere contar. La voz de Clarissa se mezcla de cuando en cuando con la
del narrador omnisciente, ofreciéndonos cierta perspectiva y zambulléndonos de
nuevo, casi de forma inmediata, en el universo de la protagonista y en su
incómodo vocativo.
jueves, 6 de octubre de 2016
"Un lugar secreto", por Tana French.
Os traigo hoy una historia de ésas tan peculiares que,
independientemente de cuánto se hayan
disfrutado, uno nunca se atreve a recomendar a otro lector. Una novela extraña,
densa, inquietante y terriblemente pausada que no resulta apta para los amantes
del thriller al uso, ni para los devotos de la novela negra clásica, pero que
sin embargo, puede satisfacer a ambos.
“Un lugar secreto” es la quinta entrega de la saga Dublin Murder Squad, aunque todos los
volúmenes se pueden leer de forma independiente y aleatoria. En esta ocasión
nos reencontramos con algún viejo conocido para los fieles de la autora
irlandesa, que llena su narración de guiños a las entregas anteriores sin
despistar, a un tiempo, al lector novel.
Un lugar secreto, un tablón de anuncios en el que las
alumnas del St. Kilda cuelgan cuchicheos, temores, confesiones. Y de repente,
un día, una frase. “Sé quién lo mató”. Cuando casi nadie se acordaba ya de la
muerte de Chris, uno de los chicos más populares del instituto, el detective
Stephen Moran se ve obligado a retomar el caso. Lo hará junto a Antoinette
Conway, una mujer de carácter que no se deja avasallar por el machismo
imperante en el departamento de Homicidios. Ambos se tendrán que adentrar en la
asfixiante atmósfera del St. Kilda, un colegio para niñas ricas que se rige por
unos códigos desconocidos para ellos.
Calificar “Un lugar secreto” como una novela de suspense, o
como una novela negra, o como cualquier otra cosa, sería simplista e
insuficiente. Tana French nos entrega una amplísima amalgama de personajes y va
poniendo el foco sobre cada uno de ellos, a través de los interrogatorios de
los detectives Moran y Conway y de los recurrentes viajes al pasado a través de
los recuerdos de las chicas del St. Kilda.
Lo más llamativo, la característica más marcada, es esa
atmósfera tan cerrada que nos propone French. Todo ocurre en el internado y en
sus alrededores, en esa pequeña burbuja se crea un universo alternativo en el
que la lealtad, la amistad y el amor se rigen por unas normas que no pueden
entenderse desde fuera. Y dentro de ese mundo denso y complejo, la narración se
escurre con excesiva lentitud. Quizá ese ritmo sea el que más espante a muchos
lectores. Las más de setecientas páginas de la novela transcurren en apenas un
día, por lo que no estamos ante una historia precisamente ágil o trepidante.
Los que ya hayáis leído a French sabéis cómo se las gasta,
cómo invierte páginas y tiempo en dibujar con mimo a cada uno de sus
personajes. Aquí, vuelve a explorar su psicología hasta la extenuación. El
mayor hándicap es que en “Un lugar secreto”, la galería es tan amplia que puede
terminar haciéndose farragosa, lenta y aburrida. No ha sido mi caso, quizá
porque me gusta cada vez más este estilo de thriller que invita a la pausa, a
leer despacio y a prestar cierta atención para no perderse en la inmensidad. No
es una novela, como dije al principio, que me atrevería a recomendar, y está
solo en vuestra mano decidir si es o no para vosotros.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
"El tribunal de las almas", por Donato Carrisi.
Hubo en tiempo en el que
le dabas una patada a una piedra, y aparecía debajo una novela de Dan Brown.
Tras aquella, llegó otra época en la que era tarea imposible encontrar un libro
que no estuviera protagonizado por algún avezado investigador enredado en una
trama imposible con la Santa Madre Iglesia. Por aquel entonces yo eran joven e
ingenua. Acababa de descubrir que había sitios con muchos más libros de los que
cabían en la pequeña librería del pueblo del que acababa de salir. ¿He dicho ya
que era joven e ingenua? Me metí entre pecho y espalda decenas de títulos por
el estilo, hasta que los masones se me salieron por las orejas. Acabé tan
empachada que me juré que nunca más volvería a pecar. Pero llegó Carrisi…
Me resistí bastante, lo
reconozco. Pero caí. La culpa la tuvieron el montón de reseñas que salieron
tras la publicación de su última novela, “El cazador de la oscuridad”. Me
dejaron con tantas ganas que decidí darle una oportunidad a la saga
protagonizada por Marcus, el sacerdote capaz de ver en las tinieblas. Y así me
hice con el primer libro de lo que será, dicen por ahí, una pentalogía. Ahí,
por la puerta grande. Para colmo de males, me ha encantado y tendré que seguir
leyendo.
“El tribunal de las
almas” es un thriller hipnótico, que te atrapa desde las primeras páginas y que
te deja sin resuello a base de giros imposibles. Cuando crees que has
comprendido algo, Carrisi se saca un as de la manga que no habrías visto venir ni
en un millón de años. El mérito es todo del autor, que como buen narrador que
es, dosifica la acción y la intriga con tino, manejando a la perfección los
tiempos y la tensión, creando una sensación de tensión constante de la que es
difícil escapar. Literalmente cuesta cerrar el libro, desconectar y ponerse a
otra cosa. Uno sólo quiere seguir leyendo y que lo dejen en paz.
El otro gran acierto de
Carrisi es el desarrollo de sus personajes, no sólo de sus protagonistas, sino
también del resto. Me ha gustado especialmente la figura del enigmático
Clemente, que dirige las acciones de un Marcus desorientado y amnésico, y la
del misterioso agente de la Interpol al que me encantaría volver a ver en el
futuro. Carrisi construye con solvencia unos personajes complejos que se mueven
entre la sombra y la luz, que tienen sus bondades y demonios. Ahonda en la
psicología del mal, en su origen y en la forma en que el ser humano es capaz de
realizar las hazañas más loables o de cometer los crímenes más atroces. ¿Está
el mal dentro de nosotros, forma parte de nuestra naturaleza? ¿El asesino nace
o se hace?
El encuadre de la
historia mejora aún más el conjunto. La ciudad de Roma se dibuja como un lugar
sombrío, lleno de misterios y leyendas, poblado de rincones de insólita belleza
que esconden significados ocultos y mucho menos agradables. Me ha encantado
visitar la ciudad de la mano de Carrisi.
A resumidas cuentas, un
thriller de obligada lectura para los amantes del género, bien escrito, bien
documentado y con unos personajes de los que se quedan con uno hasta mucho
después de haber cerrado sus páginas.
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