“Necesito creer que sólo en los periódicos los asesinos torturan a
mujeres y ocultan sus cadáveres debajo de las tablas del suelo. No en la vida
real.”
Este es uno de ésos libros que al descubrirlo en una reseña,
capta inmediatamente tu atención. Me atrajo su portada, su argumento, y las
buenas sensaciones que dejó en cierta bloguera, así que me hice con él y he
comprobado que no me falló la intuición. Me ha gustado mucho, mucho, “Sé dónde
estás”, de Claire Kendal.
Clarissa trabaja como administrativa en la universidad de
Bath. Rafe Solmes, un profesor con cierta predilección por los cuentos de
hadas, la invita a la presentación de su libro. Esa noche ambos acaban
compartiendo copa y cama. A partir de ahí, la obsesión de Rafe se va tornando
cada vez más exigente y enfermiza, y Clarissa decide llevar un diario en el que
relata el acoso que sufre para acumular pruebas contra Solmes. Al mismo tiempo,
Clarissa es convocada como jurado en un juicio sobre el secuestro y violación
de una joven prostituta, con la que no podrá evitar identificarse de algún
modo.
Supongo que ya podéis intuir que estamos ante una lectura
incómoda. Lo es en todos los aspectos. La mayor parte de la narración son
extractos del diario de Clarissa, en la que se dirige directamente a Rafe. Una
narración en segunda persona a la que no estamos acostumbrados y que nos saca
en volandas de la zona de confort. Y si nos centramos en el contenido, hablar
de incomodidad es quedarse corto. Es imposible no meterse en la piel de
Clarissa y sentir el creciente acoso al que Rafe la somete, no sentir su
escalofrío cuando sale a la calle y sabe que hay unos ojos que la vigilan y una
voz que la llama constantemente por su nombre. Y es inevitable entrar en ese
juzgado y no ver en él el retrato de la tolerancia de nuestra sociedad para con
la violencia de género.
Y todo ello sin abandonar la esencia del thriller
psicológico, creando una atmósfera de creciente angustia, cada vez más
perturbadora. Añade Kendal un toque metaliterario con las pequeñas píldoras de
los cuentos de hadas que Solmes construye para Clarissa, creando un par de
pasajes que me resultaron especialmente aterradores.
La prosa de Kendal se ajusta como un guante a la historia
que nos quiere contar. La voz de Clarissa se mezcla de cuando en cuando con la
del narrador omnisciente, ofreciéndonos cierta perspectiva y zambulléndonos de
nuevo, casi de forma inmediata, en el universo de la protagonista y en su
incómodo vocativo.






