Poco antes de la
publicación de La mujer de tu
prójimo, Gay Talese recibió una carta de un misterioso hombre de
Colorado que le hacía partícipe de un secreto sorprendente: había comprado un
motel para dar rienda suelta a sus deseos de voyeur. En los conductos de ventilación había instalado
una «plataforma de observación» a través de la cual espiaba a sus clientes.
Talese viajó entonces
a Colorado, donde conoció a Gerald Foos y pudo comprobar con sus propios ojos
la veracidad de la historia. Además, tuvo acceso a algunos de sus muchos
diarios: un registro secreto sobre el cambio producido en las costumbres
sociales y sexuales de su país. Pero Foos había sido también testigo de un
asesinato, y no lo había delatado. Tenía, pues, muchos motivos para permanecer
en el anonimato, y Talese pensó que esta historia nunca vería la luz.
Hoy, treinta y seis
años más tarde, Foos está listo para hacerla pública y Talese puede darla a
conocer. El motel del voyeur es
una extraordinaria obra de periodismo narrativo que abre un intenso debate
ético, y uno de los libros de los que más se ha hablado en los últimos años.
El 7 de Enero de 1980, el prestigioso periodista
estadounidense Gay Talese recibió una carta escrita a mano, enviada por correo
exprés y sin firma, en la que su autor
afirmaba haber comprado un motel, quince años atrás, destinado a satisfacer su
curiosidad como voyeur. Más concretamente, para estudiar el comportamiento
sexual de la especie humana en la intimidad de sus dormitorios. En aquel
momento, Talese estaba a punto de publicar "La mujer de tu prójimo",
en el que estudiaba el negocio del sexo
en Estados Unidos, y que más tarde vendería millones de ejemplares en
todo el mundo.
Algo incrédulo, pero
azuzado por el instinto, Talese respondió a la misiva ofreciéndole un encuentro
al misterioso voyeur. Así comienza la relación entre Talese y Gerald Foos, que
se encontraron varias veces a lo largo de las décadas posteriores y que culmina
en este "El motel del voyeur".
Como podéis entrever, no estamos ante una novela al uso,
sino ante un extenso reportaje sobre la figura de Foos y todo lo que este
observó a lo largo de los años, valiéndose de los agujeros, simulados bajo
rejillas de ventilación, que practicó en varios de los dormitorios de su propio
motel. Y aunque así, a bote pronto, suene todo bastante espantoso, lo cierto es
que el relato de Talese te atrapa, y te obliga a preguntarte cuánta razón tiene
Foos al afirmar que dentro de cada uno de nosotros hay un voyeur en potencia.
- ¿Cómo le gustaría
que le describieran en la prensa cuando haga pública su historia? - quise
saber.
- Espero que no me
describan como un pervertido o una especie de mirón - dijo -. Me considero un
"pionero de la investigación sexual".
Foos se tomó tan en serio su papel que recopiló toda la
información que iba extrayendo de sus observaciones en decenas de cuadernos.
Unas observaciones que le condujeron, a su vez, a una serie de conclusiones más
o menos acertadas, pero sin duda, llamativas. Al final, el voyeur acaba
revelándose como un ser casi superior...
" ...a veces se
presentaba como historiador social, un pionero de la investigación sexual,
alguien que denunciaba la corrupción de la sociedad, un solitario, alguien con
doble personalidad, y un crítico resulto a sacar a la luz las hipocresías y
apetitos ocultos de sus contemporáneos"
Y es que, ante todo, el relato de Foos, más allá de las
peripecias sexuales de sus huéspedes, es un recorrido por el pensamiento y la
práctica sexual a través de varias décadas. Asistimos a la irrupción de la
píldora, a la supuesta liberación a la que condujo; el aborto, el sexo
interracial o la normalización de prácticas entre personas del mismo sexo... A
través del tiempo, los criterios morales en lo que respecta al sexo se van
redefiniendo, las conductas antaño tachadas de perversión se van incorporando a
lo habitual. Un recorrido curioso, cuando menos, y que sirve también para ver,
tal como lo hace el voyeur, desde fuera, nuestra propia hipocresía y falsedad a
través de los actos de los que son observados.
