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viernes, 6 de noviembre de 2015

"Estricnina", por Mercedes Sáenz.

“A los once años yo era un niño huérfano de madre. Mantenía intactas, sin embargo, la sonrisa y la inocencia. Pero leer aquella carta me convirtió en el hijo de una mujer asesinada y vengar su muerte, en un homicida.”

Así da comienzo “Estricnina”, asestando un puñetazo brutal al lector, contándole a las claras que aquel que te contará la historia, tu hilo conductor, tu narrador, es un asesino. Sus motivos también se exponen en las primeras páginas. Sin embargo, esa contundencia inicial da paso, muy pronto, a una historia mucho más sosegada y costumbrista, plagada de referencias a la niñez y la inocencia.

Ignacio es un tipo anodino, un hombre gris como su pasado, gris como su repentina transición a la madurez cuando descubre que el cura para el que ejercía de monaguillo fue el asesino de su madre. En un arrebato de ira, Ignacio acaba convirtiéndose en el verdugo del párroco. Años más tarde, el azar le lleva a reencontrarse con Adeline, la niña francesa que veraneaba en su barrio. Y al volver a ella, ha de retornar también a su pasado.

Contada en dos líneas temporales alternas, me ha parecido especialmente lograda la más antigua de ella, la que se ubica en la niñez del protagonista en Logroño. Quizá porque la ambientación resulta entrañable para una niña de pueblo como yo, que también jugaba en la calle Datrás y Dalante. Mercedes Sáenz logra dibujar con mucho acierto a esa ciudad pequeña, con aroma a pueblo, en el que las beatas conforman casi un movimiento social que hace y deshace, que todo lo conoce.

No me ha entusiasmado tanto la línea temporal ubicada en la actualidad, quizá porque toda ella se impregna del carácter deslavazado de Ignacio. Me ha parecido que la puesta en marcha de los engranajes que conducen al protagonista hacia su pasado resulta algo forzada, plagada de pequeñas casualidades y de algún comportamiento que no he terminado de entender.

El estilo de la autora me ha sorprendido gratamente, me ha parecido que su prosa era la de alguien con más oficio y no parece, en ningún caso, la propia de una primeriza en esto de las letras. Desprende además un aire de nostalgia que casa a la perfección con la historia que nos está contando. El único pero que le pondría es que he encontrado ciertas expresiones que me han resultado chocantes, quizá porque introducen una nota de humor que me sonaba discordante con el resto.

“Estricnina” me ha resultado una lectura grata, bien narrada y tejida, ambientada entre Logroño y Mérida, dos parajes que la literatura patria no frecuenta con asiduidad y que quizá, por eso mismo, me ha resultado tan agradable transitar. A pesar de algunos aspectos a pulir, me quedo con la sensación de que estamos ante una autora a la que hay que seguir la pista.