“En la piscina vacía” aborda, una vez más, el mito del escritor de éxito
bloqueado, incapacitado para hilar las letras que, además de darle de comer, le
exorcizan los demonios. La novela de Félix Sabroso nos ofrece una versión
elaborada con una prosa compleja y muy reflexiva. Una apuesta arriesgada que no
ha cuajado entre los lectores que participamos en su lectura. Y aquí estoy,
intentado contaros, después de las decenas de reseñas no demasiado positivas
que habréis leído, qué me ha parecido a mí. Y no sé por dónde empezar…
Es difícil reseñar cuando una novela te ha gustado mucho, del mismo modo
que cuesta afrontar el cómo y de qué forma vas a decir que no te ha gustado
nada. Pero también tiene su miga cuando no lo sabes. Y eso me ha pasado. Que no
lo sé.
Reconozco que no me resultó demasiado molesta ésa prosa tan densa, tan
poblada de micro reflexiones, pequeñas en tamaño y letras pero, casi
constantemente, abultadas de significado. Lo que chirría, conforme uno va
avanzando por la trama que nos plantea Félix Sabroso, es que ése estilo no casa
con la historia que nos está contando. No puedes ahondar donde no hay
profundidad para hacerlo. Así de sencillo, así de complicado.
La trama del escritor asediado por la culpa se desinfla por capítulos, el
lector avispado ve venir el desenlace a distancia, y mientras la historia hace
aguas, las formas siguen siendo las de una gran obra. Forma y contenido se
desentienden el uno del otro, y el resultado es una novela extraña, curiosa más
por cómo está escrita que por aquello que tiene que contar. Y a pesar de ello,
contiene unas cuantas píldoras de ésas de señalar con pegatinas de colores que
me han gustado mucho. Félix Sabroso habla con gusto y mucho tino de temas como
la soledad, el sentimiento de culpa, las ansiedades que nos ponen patas arriba
el día a día. Y ahí sí he disfrutado, de pleno, de lo que el autor quería
contar.
