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martes, 21 de febrero de 2017

"El aviso de los cuervos", por Raquel Villaamil.

Brigit regresa a su ciudad de nacimiento en búsqueda del único familiar que tiene, su abuela. De los escasos recuerdos que guarda, poco queda en la casi abandonada ciudad de Ballymote. Sus calles, casas y bosques esconden misterios que parecen retroceder a los tiempos en que de las leyendas surgió algo real, algo monstruoso.

Brigit tendrá que encontrar todas las respuestas, buscar entre sus pesadillas y descubrir la verdad en un mundo que ya no es el suyo, y que se revela de entre las sombras cuando avisan los cuervos.

Hay historias que suponen para nosotros un viaje a otro tiempo y lugar. La novela que hoy os traigo ha sido, para mí, la vuelta a una estupenda época en la que devoraba novelas de corte fantástico, los fines de semana eran la excusa perfecta para darme un atracón de series y aún podía comer sándwiches de nocilla a pares sin que se quedasen a vivir para siempre en mis caderas. Sólo por ese viaje ya ha valido la pena leer “El aviso de los cuervos”.

Pero la nostalgia no es la única razón que me ha hecho disfrutar de esta novela de Raquel Villaamil. Y es que su atmósfera, sus personajes y la historia que nos plantea conforman un cóctel que agradará seguro a aquellos que disfrutan de las novelas que aúnan fantasía y romance.

La novela arranca con la vuelta de Brigit a Ballymote, de donde huyó siendo una niña. La ciudad pronto se convierte en una de las indiscutibles protagonistas de esta historia. Sobre ella flota una sensación opresiva y constante de inquietud, y el lector, como Brigit, siente un temor que no se concreta pero que flota constantemente en el ambiente. Villaamil apela a nuestros miedos infantiles, a la pérdida y el abandono, al ancestral temor al bosque, y consigue crear una atmósfera inquietante que se erige como uno de los puntos fuertes de la novela.

Quizá lo que mejor hace Villaamil es equilibrar los elementos de los que dispone, dosificando con acierto intriga, romance y fantasía, y manejando muy bien los tiempos de la novela. Así, la inquietud predominante en las primeras páginas va dejando paso a la fantasía, que gana terreno conforme los misterios se van desplegando ante nosotros, dando lugar a un universo con sus propias normas y habitantes que funciona bastante bien, a pesar de no ser especialmente novedoso.

Aquí, claro, es importante recordar que nos enfrentamos a un universo fantástico, y que en algún momento, tendrá que surgir la magia y las bestias, haciendo que ese miedo impreciso se materialice de algún modo. Por tanto, no es una historia para escépticos, pero sí para todos aquellos que disfrutan dejándose llevar por estos terrenos.

Me ha gustado mucho también el aspecto romántico de la novela, a pesar de que en algún momento Brigit me ha parecido un poquito volátil, pero la autora se las arregla para que incluso eso quede bien cerrado y justificado.

Como veis, son muchas las razones que me han hecho disfrutar de “El aviso de los cuervos”. Si os gustan este tipo de propuestas, os invito a adentraros en Ballymote y a conocer a sus habitantes a través de la narración de Raquel Villaaamil, una autora a la que me gustará seguir leyendo. ¿Qué tal un spin off sobre Mist? ;)

martes, 24 de enero de 2017

"El niño pájaro", por Juan Manuel Peñate.

Lo que hacemos, lo que creemos hacer, lo que vemos, lo que creemos ver… Todo está aquí – terminó reflexionando el viejo llevándose el dedo índice a la sien -. Incluso después de muertos seguimos siendo esclavos de nuestras pasiones y adicciones, nuestras pequeñas ansias y obsesiones.

“El niño pájaro” ha sido una grata sorpresa en muchos aspectos. Y es que aún sabiendo que era un libro que había gustado mucho a otros blogueros, tenía mis reticencias por dos razones: primero por tratarse de relatos, que siempre nos imponen un poquito a los lectores, por aquello de que hay que amoldarse a su extensión y nos suelen dejar un poco “a medias”; y segundo porque sabía que abordaba géneros como la ciencia ficción y la fantasía, dos terrenos que me gusta frecuentar pero que últimamente, tengo la sensación de que no hay nada nuevo bajo el sol.

Y, sin embargo, lo que más me ha gustado de estos relatos es su deliciosa originalidad, especialmente cuando se adentra en el género de la fantasía. Y es que aunque se intuyen ecos de autores como Rothfuss o el mismísimo Tolkien, se percibe sobre todo la voz del propio autor, que se atreve con mezclas arriesgadas o con historias ya contadas mil veces, pero aportándoles siempre algo nuevo.

Ocurre por ejemplo en “La última lectura”, el relato que abre este volumen, que comienza como historia de terror, con un marcado toque clásico, una ambientación muy gótica y que de repente, se adentra sin que puedas esperarlo en un terreno totalmente distinto del que es mejor no revelar nada.
Más que este aún me gustó “Club Paradise”, donde se confrontan realidad y ficción, el concepto que tenemos de ambos, y que desemboca en un selecto y encantador lugar.

“El niño pájaro” es la historia central y también la más extensa, conformando casi una novela  en sí misma. Con esos personajes y ésa ambientación, os aseguro que George R. R. Martin habría tenido para escribir una saga de ocho volúmenes. Peñate se conforma con condensarlo en mucho menos espacio, y nos regala una pequeña novela fantástica que se lee en dos sentadas y que estoy segura que hará las delicias de los fieles del género.

Mi favorito, sin embargo, ha sido “¡Feliz No Cumpleaños!”, una brevísima historia que homenaje a “Alicia en el País de las Maravillas”, que sin embargo, no es una novela que me haya entusiasmado especialmente nunca.

Cierra este volumen de relatos “La gasolinera” que combina la ciencia ficción y un poquito de romanticismo, dejándonos un agradable sabor de boca y demostrando de nuevo que el que arriesga, en este caso, gana.

Encontraréis, como veis, un poquito de todo en “El niño pájaro”. Una lograda ambientación, una prosa bonita, cuidada; un trabajado desarrollo de los personajes y una buena dosificación de la información y la acción, que la hacen merecedora de un lugar en las estanterías de cualquier lector, especialmente aquellos que frecuentan los géneros que se visitan aquí.

viernes, 3 de abril de 2015

"El eterno legado", por Elisabet Castany.

Igual que el más avinagrado crítico cinéfilo se pone al llegar a casa una peli de Bruce Willis, hay momentos en la vida en los que incluso el más cultivado lector necesita tomarse un respiro. Épocas en las que uno no quiere más miserias de la guerra ni más prosas de impecable factura ni más detectives alcohólicos. Sólo un momento de evasión. Eso es lo que ofrece Elisabet Castany en su novela debut, “El eterno legado”. Una combinación de aventuras, fantasía y romance, agitada y servida a buena temperatura.

Amy es la protagonista de esta historia, una joven de fuerte carácter que ha quedado dolorosamente afectada por la reciente muerte de su padre. Su pérdida le conduce al hallazgo de unas cartas relacionadas con la familia de su madre, a la que Amy no conoció. En su necesidad de saber más de ella, nuestra chica terminará en un pueblecito del Pirineo francés donde se sucederán los descubrimientos, a cada cual más sorprendente.

Así contado, pudiera parecer que estamos ante una de ésas novelas de secretos e intrigas familiares. Pero pronto la trama coge otros caminos y se va más por los vericuetos de lo fantástico y la aventura, incluyendo sueños premonitorios, lobos domesticados, poderes y un montón de chicos demasiado guapos y encantadores para existir en la vida real.

La galería de personajes es amplísima y tradicional: los buenos son muy buenos, valientes, aguerridos y encantadores. Los malos son muy malos, malos de remate, y les odias con toda tu alma. Como en toda buena historia que se precie, hay también algún elemento con el que jugar, del que dudar, con el que sorprenderse.  Elisabet Castany dosifica bien los giros imprevistos, dejándolos caer de cuando en cuando pero sin abusar del factor sorpresa. Consigue así imprimir un ritmo constante, de puro entretenimiento, tirando de una prosa muy sencillita y asequible, aderezada con diálogos muy ágiles y con bastante chispa.

En el otro lado de la balanza, “El eterno legado” comete los pecadillos típicos del autor novel: el uso excesivo de adjetivos, las explicaciones innecesarias y cierta reiteración de escenas. No son elementos que lastren la narración, pero sí están ahí de forma evidente. También agradecería la novela un repasito para reducir el número de páginas, pues a pesar de leerse con fluidez, resulta larga y uno tiene la sensación de que lo mismo se podría haber contado con menos.

A resumidas cuentas, “El eterno legado” es una apuesta interesante dentro de su género, una voz fresca la de Elisabet Castany, que nos ofrece horas de evasión y una historia con unos ingredientes que resultan muy atractivos: secretos, un romance condenado a no consumarse, elementos sobrenaturales y una lectura sencilla y fluida para desconectar del mundanal ruido.

jueves, 5 de marzo de 2015

"Enda", por Toti Martínez de Lezea.

Qué bien sienta, de vez en cuando, escapar de esta cuadrícula en la que vivimos. Dejar de lado los ascensores, los semáforos y el despertador y adentrarse en un lugar en el que el humo proviene siempre de fogatas o dragones enfadados. El género fantástico siempre ha sido para mí una puerta por la que me gusta colarme de cuando en cuando. Casi siempre que he emprendido el viaje lo he hecho de la mano de autores extranjeros, así que tenía una tremenda curiosidad por ver cómo Toti Martínez de Lezea armaba “Enda”.

La autora vasca tira de construcción clásica: capítulos breves centrados en distintos personajes que confluirán más adelante en un mismo punto. Al principio, como suele ocurrir con estas historias, hay que armarse de paciencia para ubicar a cada personaje dentro de su hilo. La galería es amplia y cada cual pertenece a una tribu y a un lugar, así que cuesta familiarizarse con ellos. A pesar de ello, Toti Martínez consigue construir su universo sin necesidad de grandes explicaciones. Y es que si hay algo que me gusta dentro de este género, algo que necesito cuando me aproximo a él, es que el autor no necesite larguísimas descripciones para meterme dentro de su creación. En “Enda” uno va entrando suavemente en la trama, sin ser forzado ni requerir esquemas. Contribuye a ello el estilo de su autora, que fluye con naturalidad y sencillez. Su vocabulario es rico, variado y accesible.

Lo mejor de la novela es, sin duda, la amplia galería de personajes que Toti Martínez de Lezea crea para su historia. Desde aguerridos guerreros hasta melancólicos y malhumorados gigantes, niños que quieren ser grandes y heroínas elegidas por un ser superior. Todos ellos se mueven con un interesante telón de fondo inspirado en la mitología vasca. Algunos de los seres que aparecen en “Enda”, como la diosa Mari o el aterrador Inguma, ya me eran conocidos gracias a la trilogía del Baztán de Dolores Redondo, y me ha encantado reencontrarme con ellos desde la perspectiva que aporta Toti Martínez de Lezea.

Quizá el punto más débil de esta historia sea la propia trama, excesivamente sencilla si la comparamos con la amplitud de la novela y la enorme cantidad de personajes que pululan por ella. En enfrentamiento entre los frei y el resto de las tribus y pueblos de Tierra de Enda podría haberse contado en menos páginas con el mismo resultado.

Especialmente llamativo me ha resultado saber, gracias a la completa reseña que Laky hizo en su blog de la novela, que muchas de las batallas que se narran y las tribus que aparecen existieron realmente en otro tiempo y que a resumidas cuentas, “Enda” tiene tanto de novela fantástica como de histórica. Es un aspecto que me ha resultado muy curioso y sobre el que me quedo con ganas de saber más.

Así pues, me ha resultado muy grato mi primer encuentro con esta autora, a la que espero ahora poder leer dentro de su género habitual, la novela histórica, en el que sus lectores coinciden en que se mueve con soltura y buena mano. ¿Me recomendáis un título?

miércoles, 12 de noviembre de 2014

"El cielo en un infierno cabe", por Cristina López Barrios.

Me gustan los libros gordos. Los tochos. Me ponen los libros con más de seiscientas páginas. En serio. No todos, claro. Intento ser selectiva y no sucumbir por puro placer. De hecho, hace poco vi el último de Ken Follet y no me lo compré. Pero sí, me gustan mucho. Aún más si la historia que traen viene contada en un tono pausado, sin prisas, dedicando el tiempo necesario a construir, a dibujar, a ambientar, a meterte dentro. Son dos características que cuando convergen a la sombra de una buena historia… ay. Amor y éxtasis literario.

Hechas las aclaraciones pertinentes, procedo a derramar mi más absoluto entusiasmo por “El cielo en un infierno cabe”. En esta reseña vomitaré ríos de enamoramiento literario y alabaré punto por punto las bondades de esta novela, que es hermosa desde su título hasta sus últimas letras, en forma y contenido.

Dividida en dos extensas partes, la primera de ellas nos sitúa en el Toledo del año 1625, cuando Berenjena se sienta ante el Santo Oficio para relatar la historia de Bárbara, la niña que llegó una noche al hospicio en el que ella trabajaba, envuelta en un hermoso chal azul y con las manos ardiendo. Unas manos que pronto demostraron su capacidad para sanar o destruir, y que ahora yacen envueltas en trapos y cuerdas en una celda de la Inquisición, esperando tormento, muerte o libertad. Tras esta primera parte, impregnada de un frío realismo pero con ciertos toques mágicos, se sucede una segunda en la que el ritmo es algo más ágil y la trama abandona ése realismo imperante en el apartado anterior para sumergirse de lleno en el mundo de la fantasía, la magia y la alquimia. Un giro que se ha de tomar con la mente abierta para no derrapar en él.

Qué bonito escribe Cristina López Barrios. Tanto, que olvidas que estás leyendo. Su prosa se recrea en la descripción de lugares, olores, sensaciones, de una forma tan sutil, tan elegante, que la novela se acaba convirtiendo en un bombardeo sensorial, un ejercicio de inmersión brutal. La historia pasa ante tus ojos, se ve, se siente. Hueles el humo, se te enfría el cuerpo, formas parte del todo.

La ambientación es absolutamente magistral. Imagino que hay tras ella una ardua labor de documentación que está ahí, pero que no se ve. Igual que hay autores que necesitan páginas y más páginas para demostrarte cuanto han preparado su historia, cuanto han aprendido en el proceso, aquí ese trabajo está integrado de tal forma que no eres consciente de él.

Pero si hay algo destacable de esta novela, es sin duda sus personajes. Seductores, misteriosos, llenos de aristas y dualidades. No creo que nadie, al terminar la última página, sea capaz de clasificarlos en modo algunos. Bárbara, Diego, Berenjena, la hermana Ludovica, Tomás… todos ellos son víctimas de sus pasiones y sus deseos, de sus virtudes y defectos. Todos yerran, todos aman de una u otra forma.

No es una novela para devorar, ni fácilmente catalogable. No podría encuadrarla dentro del género histórico, ni romántico, ni fantástico, aunque es todo ello a un tiempo. Es de desarrollo lento, invita a ir quedándose con pequeños detalles que quizá necesitaremos más adelante. Hay que leerla con pausa, dotándola del tiempo necesario para que su atmósfera nos absorba y sus personajes terminen de dibujarse. Pero una vez dentro, no querréis salir de ella.

jueves, 29 de mayo de 2014

"Los ojos del cuervo", por Juan Tejerina



"Los ojos del cuervo" es la primera novela de Juan Tejerina, y da inicio a la trilogía "Crónica de las sombras". Una historia fantástica (en todos los sentidos que podáis darle a la palabra) protagonizada por Aldreth, joven asesino de profesión sobre el que pesa una maldición. A través de sus ojos, que son también los de Pyro, el cuervo que le acompaña, nos adentramos en las calles de Savarish. Taberneros, putas, mendigos, nobles, guardias, magos y enanos pueblan la urbe, cada cual fiel a sus propias reglas, dentro de micromundos que a veces se entrelazan, a veces chocan. 

Con un estilo sencillo y muy visual, Juan Tejerina crea una ambientación que se dibuja prácticamente sola, sin necesidad de largas y complejas explicaciones acerca del orden social de Savarish; y una trama de asesinatos que harán de perfecto caldo para la cocción de unos personajes que son el punto fuerte de la novela. Aldreth es un buen protagonista, algo alejado de las convenciones del género, menos heroico y más terrenal. Pero son los secundarios, ese terreno en el que se abonan los buenos escritores, donde el autor crea lo mejor de esta historia. Un enano guerrero, huraño y borracho, y un mago permanentemente cabreado acompañarán al joven asesino en sus pesquisas. 

No es una novela redonda, sino una primera novela, y eso se tiene que notar. A ratos da la sensación de que el autor se esfuerza demasiado en su prosa (es una sensación que siempre tengo con los escritores noveles) pero es cuando ésta se relaja cuando la narración fluye mejor. Es cierto también que volvemos a hablar de una trilogía, lo que obliga al autor a no profundizar en los personajes todo lo que el lector quisiera, por lo que al final, puede quedar la sensación de que algunos de ellos (el protagonista en especial) quedan más planos de lo que debieran. La trama de asesinatos, que se cierra en este primer volumen, deja la sensación de no ser más que una excusa sencilla para poner las piezas sobre el tablero y abonar el terreno para las siguientes entregas.

A fin de cuentas, un debut muy interesante y una lectura más que agradable para aquellos que disfrutan de la novela fantástica y también para los que no son habituales del género, ya que el autor, aún manteniéndose fiel a él, introduce elementos a los que no estamos tan acostumbrados, convirtiendo "Los ojos del cuervo" en una novela menos rígida y más amable para los "profanos" en la materia.