"La
última vuelta del scaife" es la historia de Josué. Pero también es tu
historia. La mía. Es, al final, el camino de un hombre. Anhelos, cobardías,
creencias, generosidad, bofetadas, la maldita cabezonería. Josué somos
nosotros, girando imperfectos mientras la vida nos va puliendo las aristas.
Encaminados hacia un final que no siempre es justo, ni feliz, ni pacífico.
En
la primera tanda de reseñas de esta novela de Mercedes Pinto, muchas de ellas
coincidían en un aspecto que también ocurrió en mi caso: cuesta empatizar con
ése protagonista, con Josué, y es más sencillo, en cambio, hacerlo con ésos dos
fantásticos personajes que son Carlos y Kuaima. ¿Pero sabéis lo que yo creo?
Que a veces nos cuesta querer a Josué porque es el más cobarde, el más humano y
el más real de los tres. Es fácil amar a ése líder fuerte y valiente que libera
a los suyos del yugo que les ha aprisionado durante años. Es sencillísimo
adorar a ése Carlos locuaz, viajado, amante del vino y las mujeres. Pero es, en
cambio, muy difícil aceptar que tú estás más cerca de Josué, con sus cobardías
y sus prejuicios, que de ésos otros personajes tan amables. La autora construye
a sus tres personajes con mimo y acierto, apoyando en ellos todo el peso de su
historia.
Una
historia en la que, de vez en cuando, uno se encuentra con pasajes de una
intensa belleza. Momentos en los que la prosa de la autora, tremendamente
sensible a pesar de su sencillez, captura instantes como quien mete un barco
dentro de una botella, y te traslada a otro lugar, a un desierto en el que
suena una guitarra española o un djembé.
“La
última vuelta del scaife” va más allá de su apariencia. No es sólo una historia
sobre hombres que parten en busca de su destino, del diamante, el instante o la
persona que cambiará el rumbo de sus vidas, que les volverá mejores. Es una
novela sobre el complejo ser humano, despojada de idealismos y paños calientes,
una mirada siempre cálida a lo que hacen con nosotros elementos muy presentes
en nuestras vidas: las religiones, el dinero, lo material, la ambición, la
enfermedad y la muerte. Tan presente esta última que hasta aquellos que parecen
forjados en acero, indestructibles, terminan cediendo a ella, y sacándote las
lágrimas.
