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martes, 10 de febrero de 2015

"Sin alma" por Guillermo Sendra.

No os dejéis engañar por el contundente título de la novela que hoy os traigo. Al contrario de lo que promete, es una historia con mucha alma. Uno de ésos libros poco conocidos, apenas reseñados, parido por un autor desconocido y una editorial pequeña, pero que se cruza contigo un día, regalándote una muy grata sorpresa. “Sin alma” es una de ésas novelas que cuando terminas quieres recomendar a todo el mundo. Que la lean tus amigos, tu familia, los blogueros de aquí a Antioquía, para poder compartir tus impresiones con alguien.

Oriol Bas es un escritor de ésos que gozan ya de cierto renombre. Podríamos decir que sufre de un moderado éxito en todos los aspectos. Una noche recibe la llamada desesperada de Álex, un antiguo amigo de la universidad, que le pide perdón para después quitarse la vida. De forma un tanto instintiva, Oriol decide investigar por su cuenta qué hay detrás de ésa última petición. Y ya os digo que encuentra muchas cosas que no esperaba hallar.

Una trama bien armada, con algún que otro giro más o menos inesperado, que no se limita sin embargo al thriller convencional. Guillermo Sendra enriquece cuidadosamente su historia jugando con los tiempos pasados y presentes, dotándola de contexto social y con un delicioso poso metaliterario. Los pasajes en los que Oriol ejerce como profesor de literatura son un auténtico regalo para el lector. Las voces de Rubén Darío, Machado o Benedetti surgen limpias, sin entorpecer la historia, pequeñas píldoras de poesía encajadas con gusto en la trama. El lector pasa a formar parte del alumnado que escucha atento al profesor.

Y es que si hay algo que me ha encantado de “Sin alma” es que rezuma amor por la literatura por los cuatro costados. La prosa del autor transmite un idílico enamoramiento del oficio de escribir, lo hace con mimo, con delicadeza, plagando su narración de belleza pero sin convertirla en algo ostentoso o demasiado complicado para el lector. Acierta también en la descripción de ambientes y lugares, consiguiendo en unas pocas líneas lo que otros no consiguen con elaboradísimas descripciones: la inmersión.  Quizá el apartado más flojo esté en los diálogos, que resultan en ocasiones algo forzados por el lenguaje usado y  su extensión.


Como thriller quizá se le podría achacar cierta previsibilidad y algo de precipitación en algunos compases, pero en su conjunto es una novela muy recomendable, que disfrutarán todo tipo de lectores, desde aquellos que disfrutan de los libros sobre libros hasta aquellos que buscan la denuncia social o el más puro género negro. Leedla.