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martes, 9 de febrero de 2016

"Cicatriz", por Juan Gómez Jurado

Hace años que le sigo la pista a Juan Gómez Jurado. Es un autor que creo que ha sabido hacerse un hueco en el panorama literario actual a base de trabajarse la suela, escribiendo y publicitando su trabajo con mucho acierto desde las redes sociales. Sus novelas siempre me han resultado entretenidas, bien construidas y ambientadas. Es lo que yo llamaría un tipo solvente. Así que cuando publicó su “Cicatriz”, decidí ejercer mi derecho al auto regalo y me lo llevé a casa. Y lo ha hecho de nuevo. Lo he vuelto a pasar genial.

Simon Sax es un tipo corriente. Es listo, buen tío, pero algo justito en lo que a habilidades sociales se refiere. Un día se enamora de una chica a través de una web de contactos. Y como ya imaginaréis, Irina tiene un complicado pasado que va a poner patas arriba la vida de nuestro protagonista.

¿Sabéis cuál fue mi sensación al leer los primeros capítulos? Que estaba ante una novela que podría haber escrito, perfectamente, Harlan Coben. Y eso son palabras mayores. Coben es el jefe absoluto del thriller y la novela policíaca, del best seller con grandes dosis de adrenalina. Así que ya podemos decir, con todo el convencimiento, que aquí también sabemos hacer buenas historias de género negro. Porque igual que hace Coben, Gómez Jurado arma una historia rocambolesca, compleja pero muy bien hilvanada, que gira en torno a un tipo que podría ser cualquiera. Un antihéroe forzado por las circunstancias a convertirse en la antítesis de sí mismo. Si Simon quiere conservar a Irina, y vaya si quiere hacerlo, se verá obligado a salir de su cómoda vida de ingeniero informático y enfrentarse a los malos.

Ya desde el prólogo, nos plantamos en el clímax de la historia para después volver atrás e ir desentrañando la madeja. Un recurso que tiene la ventaja de atraparte en ese mismo instante para no dejarte ya escapar. La trama avanza a un ritmo delirante, la narración fluye  sin adornos. Gómez Jurado es un narrador solvente, que sabe poner su prosa al servicio de su historia. Y así la desnuda de artificios para que se convierta en simple vehículo de transmisión.


“Cicatriz” resulta ser una estupenda vía de escape, un plan perfecto para un fin de semana de sofá y manta, pura evasión sin pretensiones y un buen ejemplo de que aquí también se publica buen género negro.  

lunes, 28 de julio de 2014

"El paciente", por Juan Gómez Jurado.

No es casual que “El paciente” arranque citando al Batman de El caballero oscuro. Christopher Nolan ha conseguido, gracias a su trilogía, dotar al cine de súper héroes de una nueva dimensión, más profunda, de calidad, pero sin perder nunca de vista las directrices del género. De igual modo, Juan Gómez Jurado nos regala con “El paciente” una especie de blockbuster literario, un thriller en toda regla que intenta no quedarse en la superficie.

El doctor David Evans, prestigioso neurocirujano, verá tambalearse toda su existencia cuando su hija Julia es secuestrada. En este caso, el rescate pasa por acabar con la vida del que será su próximo paciente. Con el añadido de que ése paciente es, ni más ni menos, que el presidente de los Estados Unidos de América.

El primer acierto de una trama que no apunta, en principio, a un exceso de originalidad, es la construcción de su protagonista. Un hombre hecho a sí mismo, con una infancia difícil, atormentado por la pérdida de la mujer que ama… Sí, lo de siempre. Exigencias del guión. El héroe ha de estar profundamente jodido. Cuanto más lo está, más se le quiere. Pero es que funciona. Funciona muy bien. Él es el eje de la trama, y el narrador de gran parte de los capítulos, escritos en primera persona desde el corredor de la muerte, y que se irán alternando con otros que vienen de la mano de un narrador omnisciente (y que inevitablemente, pierden algo de fuelle, volviéndose más descriptivos y menos reflexivos).

Le da la réplica un malvado de manual, omnipresente y todopoderoso, dueño de un plan que parece no tener fisuras, inteligente, sádico, cruel. Lo dicho. Lo de siempre. Pero vuelve a funcionar. Se trata de sacar las palomitas y disfrutar.

También hay una chica, ¿qué pensabais? Siempre ha de haber una chica que ayuda al chico, o viceversa. Reconozco que Kate me ponía un poco nerviosa, y que prefería los capítulos narrados por el doctor. Reconozco que quizá su trama está un poco traída por los pelos. Pero es que cuestionarla es como preguntarse cómo se construye Batman ésos cacharros tan magníficos. Eso no se hace. Uno se lo cree y punto, porque estamos ante un thriller con un ritmo altísimo, y no en Macondo, cuestionando el por qué de nuestra existencia.

Con un estilo narrativo ágil, directo, muy visual, absolutamente cinematográfico, uno se desliza por las páginas casi sin darse cuenta. Los capítulos, cortos y cerrados siempre con un giro que te exige seguir leyendo, incrementan ésa sensación.

La novela sólo tiene un pero. El final. Cierta triquiñuela que personalmente me ha dejado un regusto amargo. Lo de siempre, pero en este caso, no funciona. Quizá porque esperaba algo totalmente distinto, más arriesgado. Pero en ningún caso desluce el conjunto final. Una novela adictiva, muy entretenida, para disfrutarla en ésas épocas en la que nos apetecen lecturas ligeras.

lunes, 30 de junio de 2014

"La leyenda del ladrón", por Juan Gómez Jurado.

“La leyenda del ladrón” es un viaje de vuelta a la niñez. A los libros que mi padre me traía, algunos rescatados de obras viejas, entre ruinas, abandonados por sus dueños. Otros de algún puesto ambulante, en ferias y mercadillos. Verne, Dumas, Salgari, Stevenson. Mi capitán de quince años y mis mosqueteros.
Casi he vuelto a oler, a sentir aquellas tardes eternas, tirada sobre la retalera, envuelta toda mi alma entre piratas y bandoleros. Sólo por eso ya tengo que agradecerle a Juan Gómez Jurado que escribiera “La leyenda del ladrón”. Porque más allá del estilo, de la trama, de los personajes, de cualquier aspecto objetivo de una novela que uno quiera abordar, lo que prevalece siempre son las sensaciones. Más si son tan gratas. Más si te llevan de vuelta a la niñez, al sol del sur y a la leche fría, cuando no había Google para buscar qué era un maravedí y los niños poníamos en práctica esa técnica tan fabulosa de adivinar significados por el contexto. O preguntándole a mamá. Viene a ser lo mismo.

Es también un homenaje a los clásicos. A los que he nombrado y seguro que a muchos más que nunca he leído. La prosa de Juan Gómez Jurado, tan sencilla y a la vez tan respetuosa con el lector, tiene el sabor de la picaresca del Lazarillo de Tormes; el espíritu de los Mosqueteros de Dumas y el alma aventurera de Verne.
Un constante juego de guiños literarios en el que también los dos autores más relevantes de la literatura universal se pasean con plena naturalidad, interviniendo aquí y allá, jugando a que realidad y ficción se den la mano y dejando a su paso una suerte de referencias que personalmente, he encontrado divertidas y bien hiladas.

“La leyenda del ladrón” es una muestra de que la buena literatura y el más puro entretenimiento pueden ir de la mano. Una prosa sencilla, nada farragosa, acorde con la historia que nos cuenta y que es, a un tiempo, elegante y cuidada. Todo ello dentro de una ambientación maravillosamente visual, en la que la ciudad Sevilla se convierte en un personaje más, dotado de vida, retratado en el fondo y en la forma de manera que adquiere personalidad, convirtiendo sus calles en tramposos matones o ansiados refugios.

Los personajes se dibujan con buena mano, dentro de los cánones de la novela de aventuras: malos y buenos, sin medios tonos. Quizá he echado de menos un mayor desarrollo de las relaciones que surgen entre ellos, especialmente la de Sancho y Clara, que parece resolverse en cuatro escenas y que podría haber tenido un mayor recorrido, especialmente si tenemos en cuenta la extensión de la novela y que hay ciertas partes que provocan sensación de estancamiento (sobre todo la segunda, con Sancho en galeras, y los últimos compases que tienen lugar previos al clímax final).

A pesar de ello, es una novela de la que sin duda disfrutaréis. Un fantástico relato de aventuras con mucha miga, casi con un poso de metaliteratura, que os regalará unas cuantas horas del más puro entretenimiento.