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lunes, 4 de agosto de 2014

"El nadador", por Joakim Zander.

“El nadador” ha sido una lectura extraña, que empecé con muchas ganas, que se me atragantó hacia la mitad y que terminé devorando con fruición. Mentiría si dijera que me ha entusiasmado. Dudo que sea una de ésas novelas que recuerdas pasado cierto tiempo, no tiene dentro material para dejar poso. Pero tampoco lo pretende.

Lo primero que me sorprendió fue la contundencia de la prosa empleada. Alternando capítulos narrados en primera persona con capítulos en manos de un narrador omnisciente, son los primeros los más llamativos. Un estilo directo y ágil, propio del thriller, pero dotado a su vez de una especie de trasfondo doloroso, casi lírico. Una prosa tan contundente que desluce aquellas partes más próximas a la narrativa del thriller convencional, provocando una alternancia que, a mi parecer, rompe constantemente el ritmo de la novela.

Eché de menos, conforme se va desarrollando la novela, un dibujo del marco histórico algo más definido. Si bien es cierto que los hechos que suceden tienen lugar dentro de conflictos que son conocidos para todos, se echa en falta ésa sensación de que ha habido una previa labor de documentación y una contextualización más intencionada. Los diversos saltos temporales (y espaciales) hacen que la sensación de desconcierto sea aún más marcada.

No he encontrado tampoco en “El nadador” unos personajes destacables. Se me antojaban más bien planos, con demasiada adrenalina y faltos de más profundidad emocional. La construcción de los protagonistas, creo, se toma demasiado tiempo y es de la mitad en adelante cuando uno se encuentra realmente en conexión con ellos. El más destacable me ha parecido aquel cuyos capítulos se narran en primera persona, un personaje que sí está lleno de fuerza y emotividad y que, como ya hemos mencionado, termina por devorar al resto.

En cuanta a la trama en sí misma, es cierto que a partir del giro que parte la historia por la mitad y que yo, personalmente, no me esperaba, la novela coge más ritmo, se equilibran las sensaciones entre unos y otros capítulos y uno se desliza hacia el final casi sin darse cuenta. Un final algo descafeinado, en mi opinión.

No es, desde luego, una novela que recomendaría alegremente. Hay una atmósfera de tristeza que lo impregna todo, una narración algo alejada del thriller de manual, y una sensación de que la historia, en general, no terminó de cuajarse. Como una masa que no ha sido puesta a reposar el tiempo suficiente y luego, no termina de subir, ni de estar sabrosa, ni de ser redonda.