domingo, 29 de marzo de 2015

La semana que nos espera (33)

Estoy leyendo


Este lunes comienza la lectura conjunta de "Buenaventura", de Toni Aparicio. Y reconozco que desde que recibí el ejemplar tengo unas ganas tremendas de sentarme con él: la edición es preciosa y la sinopsis muy prometedora.
Mientras tanto, leo "Los amantes de Hiroshima", el desenlace de la trilogía de Toni Hill protagonizada por el inspector Héctor Salgado. Como en las dos entregas anteriores, el autor nos presenta un hilo argumental lleno de desvíos, complejo y poblado de interesantísimos personajes. Si no cambia mucho mi percepción, estaremos ante una de mis sagas detectivescas favoritas.

Reseñas


"Nos nos dejan ser niños" será mi primera reseña para la Yincana Criminal organizada por los blogs Negro sobre blanco y De tinta en vena. Ambientada en la isla de Menorca, Pere Cervantes nos trae un interesante propuesta que, a pesar de todo, no ha terminado de conquistarme.
La novela de Elisabet Castany, "El eterno legado", fue una recomendación de Teresa, de Leyendo en el bus, con la que suelo coincidir a menudo en impresiones acerca de lo que vamos leyendo. Un chute de aventuras y fantasía, fácil de leer, que consiguió regalarme unas cuantas horas de puro entretenimiento.

Sorteos



Aún se puede participar en el fantástico sorteo con el que Carmen, del blog Carmen y amigos, celebra su quinto aniversario.
Hasta el 4 de Abril.
Bases.








Lo que leo sortea dos novelas que tienen una pinta espectacular.
Hasta el 30 de Marzo.
Bases





En el blog Adivina quien lee, sorteo de un ejemplar de "La pintora de estrellas" de Amelia Noguera.
Hasta el 3 de Abril.
Bases.









En el blog Atrapada en unas hojas de papel, sorteo de un ejemplar de "Mentira" de Care Santos.
Hasta el 6 de Abril.
Bases.

jueves, 26 de marzo de 2015

"Ontromus", por Celia Corral Vázquez.

Es posible que en el género de terror esté casi todo inventado, que casi nadie quiera ir ya más allá de las fórmulas que hasta ahora han funcionado, de los asesinos enmascarados e inmisericordes con un don sobrenatural para no terminar de morir nunca, de las reinvenciones de los clásicos vampiros y brujas, del chirrido al abrir la puerta y la sombra que se desliza y que sólo alcanzamos a ver por el rabillo del ojo. A pesar de ello, siguen surgiendo intentos, unos más logrados que otros, de aportar algo nuevo. Celia Corral nos regala con “Ontromus” un relato alejado de la manufactura norteamericana, sin espíritus ni vísceras, con una atmósfera mucho más íntima y sosegada.

Ontromus es un monstruo con apariencia de mujer, un ser brutal e inteligente que necesita alimentarse de vidas humanas, que desaparece una vez saciada pero que siempre, siempre, vuelve junto a Estela. Porque además de monstruo, Ontromus ejerce como única compañía de Estela, el único ser que puede comprenderla y hasta consolarla. Así conviven ambas, enredadas en una asfixiante relación de mutua necesidad y miedo.

“Ontromus” es una novela corta escrita con un lenguaje sencillo en apariencia que, sin embargo, me ha transmitido constantemente la sensación de que cada palabra ha sido cuidadosamente escogida y colocada. Se siente en la narración de Celia Corral una necesidad de contarlo bien, de hacerlo con gusto pero sin perder la naturalidad. No lo consigue del todo en los diálogos pero sí durante la narración de Estela en primera persona, que resulta muy lograda y cercana.

No puedo desvelaros más porque es una historia tan corta que os podría estropear su lectura si hablo demasiado. Os invito a entrar en la atmósfera, cerrada e intensa, casi reflexiva, que la novela plantea. Y a barajar otros miedos, unos que quizá no nos vienen a la mente cuando pensamos en el género de terror, que tienen más que ver con la soledad y el abandono que con la compañía de fantasmas.

martes, 24 de marzo de 2015

"La mala luz", por Carlos Castán.

“Estábamos muertos y podíamos respirar”

Con esta cita de Paul Celan, enmarcada entre otras de Faulkner y Alejandra Pizarnik, arranca “La mala luz” de Carlos Castán. Una obra densa, terriblemente intensa, rebosante de tristeza y malestar. No es casual la elección de ésos tres nombres, ni un intento de aparentar intelectualidad. Es una simple declaración de intenciones. Paul Celan, el poeta alemán de origen judío que se suicidó arrojándose al Sena una madrugada de 1970, es el alma del personaje de Jacobo. Ambos arrastran un sufrimiento atroz por la muerte de sus padres en campos de concentración alemanes. Ambos conviven, convivieron, con la depresión y un miedo paralizante. También Alejandra Pizarnik, poeta argentina, se quitó la vida después de un calvario de enfermedades mentales, dejando un legado lleno de amor, soledad y muerte.

Porque “La mala luz” habla de eso, de la muerte. Carlos Castán nos adentra en las mil versiones con las que la dama puede doblegar al ser humano: el suicidio, entendido como idea seductora y hermosa (Y percibir confusamente cómo lo terrible se va volviendo suave para ti al tiempo que le nacen garras a lo bello y ya todo es lo mismo y ya todo da igual); la muerte emocional del hombre que lo ha perdido todo (Las calles, el mundo, incluso cualquier habitación en la que yo me encontrase habían quedado convertidas en pura intemperie); la muerte que obtenemos hoy a cambio de vivir demasiado (Vive tanto ahora un ser que acaba por tragarse muchas más penas de las que le caben); la muerte, la más atroz, vista desde la óptica de los objetos y las personas que se quedan (la muerte es ese trozo de mesa en el que falta una taza de café con leche).

Los libros, la literatura, su presencia en nosotros, en nuestras vidas, en lo que somos y quisiéramos ser, ése es el otro gran pilar que sustenta “La mala luz”. Castán aprisiona en su narración pequeños relatos, siempre henchidos de tragedia, acerca de autores, novelas y versos. No como un aparte, sino formando parte de lo que nos está contando. Incluso sus personajes están teñidos de la personalidad de los autores que leen, como le ocurre a Jacobo con Celan. O como le ocurre al narrador, cuando dibuja su idea de la muerte.

Borrar, como el suicida de Borges, cada cosa y la suma de las cosas (…) Notar cada vez más cerca el olor de los fúnebres ramos de Rubén Darío, la cera fría, el terciopelo negro y también los pájaros de Juan Ramón, esos que tras la ventana se quedarán cantando.

Aparece también, como es inevitable si se habla de libros y de muerte, el amor. Un amor asfixiado por el yugo de la culpa, llegado a destiempo y con la cruz ya hecha.

No es “La mala luz” un thriller, ni importa demasiado quién mató a Jacobo ni por qué ocurrió. Importa lo que queda: la soledad, lo que se quedó a medio leer, a medio hacer. Castán construye una historia trágica y gris como su portada, que resulta a la vez tan sugerente y evocadora como su contenido. “La mala luz” es una narración íntima, tanto que agobia y asfixia, tanto que no hay espacio para nadie más allá del narrador y el lector, en estrecha comunión. Una novela para leer despacio, saboreando las letras enredadas en larguísimas frases, degustando el serpenteo de palabras, su sonoridad, permitiéndose el lujo incluso de leer algún párrafo en voz alta para uno mismo.

Una lectura obligada para aquellos que aman los libros, que no tienen miedo de enfrentarse a la intensidad de una novela que te estremece y te ahoga pero que te habla de ti mismo con dolorosa franqueza. 

domingo, 22 de marzo de 2015

La semana que nos espera (32)

Estoy leyendo


Empiezo la semana inmersa en la lectura conjunta de "Uno más uno" de Jojo Moyes. Una novela luminosa, divertida y con unos personajes tan entrañables que, me atrevería a decir, están a la altura de los Will y Lou que nos conquistaron en "Yo antes de ti".
Lo cierto es que necesitaba una lectura así para afrontar esta semana. 
¿Y vosotros, qué leéis?

 


Reseñas


Y he aquí la antítesis de todo lo mencionado arriba. "La mala luz" ha sido la lectura más dura, brutal e intensa de los últimos tiempos, y sin duda, lo mejor que he leído este año, que me perdone Juan Marsé.
Castán construye un íntimo diálogo entre autor y lector en el que la muerte, la soledad y la literatura son protagonistas.




Sorteos



Los blogs Pero qué locura de libros y La magia de los libros sortean 5 ejemplares de "Un hijo" de Alejandro Palomas.
Hasta el 16 de Abril.
Bases.










También en Pero qué locura de libros nos traen el sorteo de 2 ejemplares de "Alguien como tú" de Sara Rattaro.
Hasta el 16 de Abril.
Bases.






En el blog De lector a lector, sorteo de un ejemplar de "El año sin verano" de Carlos del Amor.
Hasta el 30 de Marzo.
Bases.








En El mundo de los sueños, sorteo de un ejemplar de "El joven Moriarty y el misterio del dodo".
Hasta el 30 de Marzo.
Bases.






Doble sorteo en Adivina quien lee: "Muerte en la Acrópolis" y "Alguien como tú".
Hasta el 30 de Marzo.
Bases.








Últimos días para participar en el sorteo + 900 seguidores en Happiness Life.
Hasta el 25 de Marzo.
Bases.

miércoles, 18 de marzo de 2015

"Causas naturales", por James Oswald.

Érase una vez un granjero escocés que soñaba con cambiar el ganado por las letras y dedicarse al oficio de escribir. Después de varios intentos con el cómic y las novelas de ciencia ficción y fantasía, alguien le sugirió que probara con la novela policíaca. Así, “Causas naturales” nació como un relato que se publicó en 2006 en la revista Spinetingler y que fue finalista de la edición de 2007 del Debut Dagger, concedido por la Asociación de Escritores de Novela Policíaca. A día de hoy, lleva publicados otros tres libros más y los vende como rosquillas. Si le echáis un vistazo a algún artículo al respecto, leeréis en todos ellos que es una de las voces más interesantes de la novela negra actual. ¿Entonces, es para tanto?

El cadáver de una joven es hallado en un sótano tapiado. Sus órganos han sido cuidadosamente extraídos y colocados evocando algún tipo de ritual. El inspector Tony McLean se obsesionará con el caso, como no podía ser de otro modo. Pero si un asesinato de estas características ya resulta de por sí complicado para el investigador, la cosa se enreda más cuando el cadáver ha permanecido cincuenta años oculto y los asesinos han tenido tiempo de ocultarse o morir.

Reconozco que me costó conectar con la historia que mi amigo el granjero quería contarme. Sus personajes no me seducían especialmente: McLean se me antojaba un personaje plano, planito, tan común… ¿Dónde se ha visto un protagonista sin tormentos? Vale, no digamos tanto. McLean tiene sus demonios, pero convive con ellos, no está enfadado con el mundo, no bebe como un animal, no tiene pesadillas que le obliguen a gritar a medianoche. Sus dos ayudantes, Bob El Cascarrabiass y el recién salido de la academia McBride, cumplían a la perfección con el rol mil veces visto del amigo gruñón pero de buen corazón y el policía novato que es un hacha con los ordenadores.

Tampoco me resultaba especialmente atractivo el ritmo pausado, pausadísimo, con que arranca la novela. Más personajes, algún caso secundario, hasta algún toque sobrenatural… Sin embargo, y como quien no quiere la cosa, la novela te va atrapando. De una forma muy sutil, tú no te das cuenta pero cada vez te cuesta más dejarla. Oswald va imprimiendo ritmo a la trama a la vez que la enriquece, la teje y la retuerce, haciendo que todas las historias que antes eran secundarias acaben confluyendo con la trama central. Y de repente, todo adquiere una inesperada complejidad.

Como curiosidad, James Oswald nos regala al final de la novela, en una especie de bonus track, un capítulo final que fue eliminado de “Causas naturales” pero que sí aparecía cuando se presentó al Debut Dagger. En ese suprimido prólogo encontraremos la narración del asesinato que más adelante obsesionará al detective McLean contado por la propia protagonista. Una durísima y violenta píldora, al estilo de los crímenes narrados por Thilliez en “El ángel rojo”, que nada tiene que ver con el tono, mucho más relajado y suave, de la novela. Un acierto su supresión, y también su inclusión como epílogo para aquellos que se atrevan a leerlo.

¿Entonces, era para tanto? ¿Es Oswald el redentor de la novela negra actual? Pues no. Pero es que las editoriales y los periodistas… ya sabéis ¿no? A veces exageran un poquito. ¿Es un autor a tener en cuenta? Sí, siempre que os atraiga el género negro y no os asuste ése tono sosegado que se impone al principio y ésos (muy bien llevados) toques sobrenaturales.

domingo, 15 de marzo de 2015

La semana que nos espera (31)

Estoy leyendo

Llevaba tiempo detrás de "La mala luz", de Carlos Castán, y esta semana por fin me he atrevido con ella. Tenía ciertas reservas, no sabía si podría llegar a conectar con el estilo del autor, si la neurona me daría para leerla. La estoy terminando ya y me ha gustado a rabiar. De hecho, en los últimos días me he resistido y he dosificado su lectura para estirarla, disfrutarla, un poquito más.
También hacía tiempo que quería leer "El eterno legado" de Elisabet Castany y lo cierto es que está resultando una estupenda compañera de viaje para la novela de Castán. Mucho más ligera, muy entretenida y con un montón de ingredientes para gustarme mucho.

Reseñas


"Causas naturales" es una novela de asesinatos, con un detective protagonista que se obsesionará con uno de sus casos y un poquito de sucesos paranormales, nada indigesto, para aderezarlo todo.
Lo peculiar es que fue escrita por un granjero escocés que gracias a este título se ha convertido, de la noche a la mañana, en un fenómeno editorial.
¿Entonces es para tanto la cosa?




Sorteos



El blog Carmen y amig@s celebra su quinto aniversario con el sorteo de varios ejemplares de la editorial D'Época.
Hasta el 4 de Abril.
Bases.









En el blog El templo de la lectura sorteo de un ejemplar de "Secretos del arenal" de Félix Modroño.
Hasta el 6 de Abril.
Bases.





Pedro, de El búho entre libros, y Teresa, de Leyendo en el bus, sortean 2 ejemplares de "Relojes muertos" de Eva María Medina.
Hasta el 22 de Marzo.
Bases.




En el blog De lector a lector, sorteo de un ejemplar de "Tangerina" de Javier Valenzuela.
Hasta el 23 de Marzo.
Bases.

jueves, 12 de marzo de 2015

"Sueño ligero", por Jessica Treadway.

“Sueño ligero” es una extraña novela, complicada de clasificar, que se vende como un thriller pero que carece, curiosamente, de todos ésos adjetivos que solemos endosarle al género. La novela de Jessica Treadway no es trepidante, no es adictiva, no tiene un ritmo frenético. Por no tener, ni siquiera tiene un asesino en serie, ni un detective protagonista (el bueno del inspector Thornburgh apenas se deja ver al principio y al final, porque pasaba por allí). Sí que tiene una atmósfera densa, a ratos agobiante. Sí que resulta rítmica, sin llegar a perder el paso en ningún momento. Su cualidad más destacable es, probablemente, la tensión psicológica a la que está sometida Hanna Schutt, su personaje principal, y que acaba contagiándose al lector.

Porque a Hanna Schutt le ha ocurrido una verdadera putada, una faena de las gordas. Alguien entró a su casa una noche, mientras Joe y ella dormían, y les apaleó con un mazo de cróquet. Su marido murió pero ella tuvo la mala suerte de sobrevivir. Ahora, después de varias operaciones y con serias dificultades cognitivas, Hanna intenta retomar el acto de vivir. Lo peor es que la cosa no se queda aquí. Lo peor es que a Hanna no recuerda qué ocurrió aquella noche, pero sí sabe, porque figura en los informes policiales, que ella misma le dijo al inspector Thornburgh que los responsables de lo ocurrido eran su hija pequeña, Dawn, y el novio de ésta.

Jessica Treadway ambienta su historia, con mucho tino, en el terreno de lo cotidiano, dentro de la intimidad de una familia. A través de los recuerdos de Hanna asistimos a la evolución de su hija pequeña, una niña acosada en el colegio. Entra en juego aquí, con un importante protagonismo, el tema del bullying, obligándonos a reflexionar acerca de cómo puede influir ése malestar cotidiano en la maleable mente de un niño o si ése maltrato puede ser causante o justificación para lo que pueda ocurrir en el futuro. Como Hanna, el lector arrastra la duda de si Dawn participó realmente en la agresión a sus padres pero, a un tiempo, es imposible no sentir lástima por ella. La autora juega con los flashbacks y dosifica correctamente la acción, imprimiendo a su desarrollo un tono sosegado pero constante. Consigue también una ambientación densa, plomiza, gracias al limitado uso de los personajes (apenas aparecen unos pocos desligados de la familia) y de los espacios, ya que la mayoría de escenas tienen lugar dentro de la casa de los Schutt.

Junto a Hanna, seremos conducidos a un desenlace sin trampas, lógico y consecuente con lo que hemos leído a lo largo de sus más de trescientas páginas, sin intentos burdos de darle la vuelta a la historia o sorprender al lector con un golpe de efecto. “Sueño ligero” es una novela que fluye con naturalidad y que atrapa al lector sin necesidad de fuegos artificiales, con un planteamiento interesante y un correcto desarrollo que consigue el objetivo de inquietar al lector desde distintos ángulos, desde los miedos más básicos hasta ciertos dilemas morales de los que te obligan a pararte a pensar qué harías tú.

martes, 10 de marzo de 2015

"Últimas tardes con Teresa", por Juan Marsé.

Cerré la última página de “Últimas tardes con Teresa” embargada por ése intenso vacío que muchos lectores habituales conoceréis. Esa sensación de plenitud, casi negra, como de luto, que te deja una lectura que te ha llenado literaria y sentimentalmente. Cuesta despedirse de ella y tienen que pasar unos días hasta que uno puede centrarse en otra historia, en otra prosa. Nunca antes había leído a Marsé, que me sonaba a autor denso y a lectura obligada de instituto (qué falta de sensibilidad y de amor, obligar a leer esta novela). Pero unas cuantas voces de ésas a las que suelo atender me lo recomendaron y decidí probar con sus letras. En buena hora.

“Últimas tardes con Teresa” es un retrato, poderoso y satírico, de la Barcelona de los años cincuenta, una época de convulsa vida estudiantil en la que las señoritas pijas jugaban al comunismo y las gentes que habitaban el Monte Carmelo andaban demasiado ocupados en subsistir como para andar preocupándose de los derechos del proletariado. Los universitarios agitaban panfletos y leían a Balzac a la luz del día y sucumbían a la música de verbena y la ginebra al calor de la noche, mezclados con los de su misma especie, cada cual en su lugar.

El dibujo que Juan Marsé hace de sus personajes es prodigioso y calculado. Desde ése Manolo, cabrón de manual, de mal temple, algo rudo, casi violento, en constante pataleo para salir del barro de la clase obrera, encandilado por la luz de niña pija que emana Teresa. Teresita Serrat, niña bien, irremediablemente encaprichada del morbo del pobre. Y Maruja, la criada, sumisa y humilde como manda su posición. Más allá del retrato social y político, de la sátira escondida tras los rostros de sus protagonistas, “Últimas tardes con Teresa” es una historia de amor errado, condenado desde el principio, tan imposible como inevitable, surgido de las entrañas de dos seres que se necesitan más allá de los convencionalismos.

La prosa de Juan Marsé resulta hermosísima, cuidada, mimada, plagada de metáforas y símiles acertados e imposibles. A ratos bella y poética, a ratos descarnada y amarga. Excesiva si queréis. Marsé recrea, como pocas veces he tenido la fortuna de leer, el deseo, el abandono y la muerte. Su narrativa te envuelve, te posee con la misma necesidad que se ansían el Pijoaparte y Teresa. Incluso en ciertos pasajes se muestra dolorosa, afilada como un aguijón, desoladora y desolada.

Una novela imprescindible, tan exigente con el lector como lo es consigo misma, una lectura obligada que sin embargo ha de leerse por devoción y amor a la lectura y, a ser posible, con cierto bagaje lector para afrontarla con la madurez que requiere.

domingo, 8 de marzo de 2015

La semana que nos espera (30)

Estoy leyendo...


Esta semana estoy perezosa y sólo tengo una lectura entre manos. "Causas naturales" de James Oswald es una novela de misterio con tintes sobrenaturales protagonizada por un simpático (sí) y agradable (sí) inspector de homicidios. Por el momento me está gustando, sin más, aunque sólo he avanzado una cuarta parte en su lectura y, espero, la trama debe ir a más.
Lo curioso de esta novela es que fue escrita y autoeditada por un granjero escocés que de un día para otro se convirtió en todo un fenómeno editorial.



Reseñas

"Sueño ligero" llegó hasta mí gracias a un sorteo de la editorial a través de Facebook y tengo que reconocer que me sedujo desde el título, y lo siguió haciendo a lo largo de sus más de trescientas páginas. Un thriller intimista, de tono pausado y atmósfera opresiva que explora algunos temas poco frecuentes en el género.
"Últimas tardes con Teresa" ha sido mi mejor lectura en mucho tiempo, y eso que últimamente estoy pasando por una buena racha lectora. Pero el estilo de Juan Marsé está un escalón (o muchos) por encima de lo que suelo leer habitualmente. Un auténtico placer.

Sorteos



Sorteo activo en el blog La página 17.
Hasta el 17 de Marzo.
Bases.






Teresa, de Leyendo en el bus, y Pedro, de El búho entre libros, sortean un ejemplar de "El eterno legado" de Elisabet Castany.
Hasta el 19 de Marzo.
Bases.




El lector que llevas dentro sortea un ejemplar de "La última confidencia del escritor Hugo Mendoza" de Joaquín Camps.
Hasta el 20 de Marzo.
Bases.